Una bocanada de aire fresco para tomar envión hacia 2015
Tras una derrota, sobre todo de la profundidad que tuvo este octubre, todo gobierno efectúa cambios de gabinete, tratando de oxigenar la gestión.
A la luz de los recientes hechos, es de suponer que se esperó el momento del retorno de Cristina Kirchner a la actividad para anunciar cambios de funcionarios. También queda claro que durante la convalecencia la presidenta no estuvo del todo aislada sino que por el contrario siguió atentamente el curso de la política y la economía del país; sólo así se entiende la contundencia de los recientes anuncios y que haya sido su primer gesto al volver a la tarea.
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Estos nombramientos han dejado algunos mensajes claros sobre el devenir de los dos años restantes del mandato presidencial. Hay un viraje importante en el área política y, en principio, se advertía una profundización del modelo económico, pese a que fue la economía uno de los factores más gravitantes de la derrota electoral pasada. Hasta ayer por la tarde, el nombramiento de Axel Kicillof y el alejamiento de Mercedes Marcó del Pont tras sus recientes declaraciones sobre la inflación, hacían suponer que una vez más se acallaba la voz crítica que llamaba a la corrección de ciertos rumbos y se privilegiaba a quien asentía sobre el buen estado de este modelo “Nac&Pop” a pesar de que los números dijeran otra cosa. Pero lo que se preveía el lunes, cambió totalmente ayer por la tarde con el anuncio de la salida de Guillermo Moreno.
En el área política sumó al gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, como jefe de Gabinete, un dirigente de larga militancia peronista con buena relación con gobernadores, intendentes y con el PJ. Ya tuvo ese cargo con Duhalde en su interinato y fue uno de los jóvenes mimados de Néstor Kirchner. También tiene excelente llegada a la oposición, apenas fue nombrado desde Julio Cobos a Mauricio Macri lo alabaron.
En la jugada política presidencial se adivina un cierto gesto relacionado a la sucesión de Cristina, así se lee en la dirigencia y despierta claros recelos en el entorno de Daniel Scioli, viendo las intenciones de su reemplazo como candidato 2015.
También echó, después de varias discusiones, a Mercedes Marcó del Pont del Banco Central, en medio de una gran caída de reservas y también después que la funcionaria pidiera bajar la inflación.
A cargo de la entidad monetaria quedará el actual presidente del Banco Nación, Carlos Fábrega, un funcionario de perfil más bien técnico que tendrá que resolver de manera rápida la salida de dólares. Ubicó al todavía titular del Palacio de Hacienda, Hernán Lorenzino, en una unidad ejecutiva creada especialmente para él, que se encargará de la reestructuración de la deuda externa. Al mismo tiempo, lo propuso para la embajada argentina ante la Unión Europea, un lugar destacado para cerrar acuerdos con los mercados internacionales y resolver el pasivo con el Club de París. Esta salida de Lorenzino seguramente no tendrá ninguna incidencia, tal como lo fue toda su actuación: inocua.
Juan Manuel Abal Medina se quedó fuera del elenco de gobierno tras una gestión de bajo perfil como ministro coordinador, que recién había intentado levantar tras las elecciones y en medio de fuertes pujas internas que habían comenzado a esmerilar su sillón, responsabilizándolo de no haber tejido buenas relaciones políticas con intendentes y gobernadores.
El último eslabón de la reforma del Gabinete hasta ayer era el ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, que será reemplazado por Carlos Casamiquela, actual titular del Inta. La salida del chubutense era un secreto a voces tras varios conflictos en su cartera, algunas denuncias y la derrota electoral por 30 puntos frente a Mario Das Neves.
“Perdimos por la economía”, fue la lectura que hizo la presidenta, dicen en Olivos. Pero acto seguido reforzaba el mensaje hacia el área económica con la consigna de: ratificar el modelo.
Kicillof conquistó a Cristina con el plan Procrear, el programa de créditos para la construcción de viviendas. Con el ascenso del joven economista, La Cámpora se lleva un trofeo no poco valioso: por primera vez uno de sus líderes llega a la cima dentro de una estructura ministerial.
Impulsor del desdoblamiento cambiario, Kicillof tendrá como eje central de su política económica evitar la fuga de reservas, el principal problema hasta ahora sin solución del segundo mandato de Cristina. Para esto, se dice, se encuentra estudiando varias alternativas, incluso con el FMI. Y su objetivo no se centraría en frenar la salida de dólares sino en alentar su llegada al país a través de inversiones productivas. De esta receta hablamos en varias oportunidades desde esta página.
Pero, incluso visto desde afuera, se podía advertir que las ideas de Kicillof chocarían de frente con el combo de medidas restrictivas y de alto impacto social de Guillermo Moreno, que hasta ahora había funcionado como un ministro de Economía ante la inoperancia de Lorenzino.
En estos “bandos” internos, Moreno siempre ha estado enfrentado con los cuadros ténicos; recordemos: Redrado, Lousteau, Paglieri, Marcó del Pont. Y siempre resultó ser Moreno el sostenido por la presidenta, mientras los otros terminaban fuera del gobierno.
¿Por qué habría de ser distinto con Kicillof? El choque era inminente. Pero todos los vaticinios se vinieron a pique en la tarde de ayer, cuando Scoccimarro anunció la “renuncia” de Guillermo Moreno. Y va encodillado porque el anuncio de la dimisión vino acompañado de su nuevo destino en la embajada argentina en Italia. Huelga decir entonces que no se trató de una renuncia sino de una asignación de funciones.
Esta decisión de la presidenta de tener a Moreno fuera del modelo económico marca, sin lugar a dudas, que se viene un giro de timón. Muchas medidas necesarias y esperadas eran imposibles con este funcionario en escena. Ponerlas en marcha era lo mismo que gritar a viva voz los fracasos de Moreno e, indirectamente, de quien lo sostuvo en el poder hasta ayer: la propia presidenta.
Con tanto cambio de relevancia anunciado, pareciera que el más relevante es el de la Secretaría de Comercio Interior, un área de la que nadie había tomado nota hasta la aparición de Moreno.
Tan poca incidencia tenía esta dependencia sin Moreno, que ahora que se va a nadie le importa ni pregunta quién lo sucederá. Es que este hombre era mucho más que el secretario; era el ideólogo y brazo ejecutor de las medidas más irrisorias, inútiles y nocivas que ha tenido el país en el último tiempo. Su figura, además, es sinónimo de un estilo de gestión oscuro, que provocó temor y ahogo en muchos sectores.
Por eso ya todos hablan de una “bocanada de aire fresco” para la gestión. ¿Se viene una nueva versión del modelo “Nac&Pop”? El kirchnerismo mide todas sus acciones en términos electoralistas y la presidenta entendió que andando la huella en que venía, no sería posible pasar la posta a otro kirchnerista.
Claramente, en estos 30 días Cristina no estuvo de reposo.















