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Un súper domingo buscando el rating político

05 de julio de 2016 a las 12:00 a. m.

Fue como una suerte de súper domingo televisivo el que pasamos. Durante la semana se fueron calentando las pantallas para una competencia que se abría en el prime time de los canales de aire y de cable. La política era uno de los arietes de esta batalla, aunque el debut de Susana Giménez por Telefe terminó por aguar la fiesta de varios comunicadores.

El anuncio del retorno del programa de Jorge Lanata en el 13 con Periodismo para Todos, un programa probado, generó las primeras alertas en otros canales. Luis Majul, que venía cómodamente en América con La Cornisa salió a entrevistar al “valijero” Leonardo Fariña, para comprometer a su público con la pantalla. En medio, Roberto Navarro, que pelea desde C5N para ganarle el horario, obtuvo la primera nota periodística, por teléfono, con la expresidenta Cristina Kirchner desde que dejó la Casa Rosada. No importaba demasiado qué fuera a decir, ya el hecho de que se escuchara su voz en vivo sería un batacazo periodístico. 

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En las redes sociales, la lucha no se centra tanto en Majul, sino que estallaban mostrando los puntos de rating entre Lanata y Navarro, como una extensión de la grieta entre macristas y kirchneristas. Quienes miraban, a modo general, el Canal 13 serían inevitablemente quienes no adhieren al Gobierno K y quienes miraban a C5N los que no adhieren al PRO. En este juego mediático de River-Boca, curiosamente resultó triunfadora en las mediciones Susana Giménez. Esto nos da dos pautas: que son muchos más los que están en el medio de la grieta y que la gente está harta, tanto de esta disputa y de los discursos amañados por los intereses de uno y otro sector. Y, sobre todo, no quieren pasar el domingo a la noche, día de descanso por excelencia, imbuida de preocupaciones y problemas como la corrupción, el precio del dólar y esta eterna pelea política. Ellos, los que no se casan ni con unos ni con otros, fueron en varios horarios los ganadores de la franja, sobre todo cuando Susana entrevistó a los actores de la exitosa novela brasileña Moisés y cuando Antonio Gasalla reapareció con “La abuela”.

El más perjudicado fue Majul, porque Fariña es ya un personaje segundón en la novela de la corrupción y al que han entrevistado varias veces. Lanata, pese a no haber hecho un programa de los mejores que le conocemos, solo con el debut consiguió ganar a América y C5N en casi todos los horarios. Por su parte, Navarro, como era de esperar, logró su mejor rating cuando comenzó su entrevista con Cristina Kirchner.

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Fue una guerra por el rating como hace tiempo no se veía para una noche de domingo, una batalla minuto a minuto que duró tres horas, agotadoras para los conductores sin dudas. 

De esa noche lo que sacamos en conclusiones fue que Fariña abonó la teoría de una “asociación ilícita gubernamental” al declarar que Cristina, De Vido, Echegaray, todos sabían de “los bolsos con plata”. Comprometió así a la administración kirchnerista casi en forma completa.

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La entrevista de Navarro a Cristina fue muy “cuidada”, le preguntó sobre todos los casos de corrupción de la que se acusa a su Gobierno, pero no le repreguntó. Al fin, las declaraciones de la exmandataria no resultaron ni reveladoras ni explosivas, más bien convenientes al momento político que atraviesan ella y su partido. No se puede tapar el sol con un dedo ni justificar lo que está saliendo a la luz en una entrevista telefónica. Sus palabras tuvieron sabor a poco, para propios y extraños: los primeros seguramente esperaban más agresividad y en cambio la crítica al gobierno actual fue medida y diplomática. Los segundos hubieran ansiado algún mea culpa o arrepentimiento, al menos por lo que es innegable de parte del accionar de sus funcionarios encarcelados. Dijo que lo de López tirando los bolsos dentro del convento fue como una trompada en el estómago, insinuando sorpresa e ingenua ignorancia del entramado que se investiga, cuyos protagonistas han sido funcionarios del kirchnerismo de los últimos 30 años. Y respecto de Lázaro Báez, se escudó en un tecnicismo: dijo que ella no alquiló cuartos de hotel al exempresario sino que alquiló inmuebles, cuyo destino no es su responsabilidad. Las críticas a Macri fueron solapadas, dijo que le gustaría que le fuese bien, aunque considera equivocadas sus políticas. Cristina se expuso a una entrevista, pero con reglas pautadas de antemano, sin dudas.

Jorge Lanata basó su programa en las sospechas sobre Scholas Ocurrentes, por alguna obra millonaria que se pautó durante el gobierno kirchnerista y aun está inconclusa, los vínculos de sus referentes con este sector y el uso del nombre de la ONG y el Papa para la consecución de donativos, hasta incluso mostró cómo se negocian audiencias privadas con el Santo Padre. El conductor trató de no rozar a Francisco en este tema, dejando siempre la puerta abierta respecto del desconocimiento que puede tener de estos asuntos, y cargó las tintas en las figuras locales que llevan adelante este emprendimiento. Para evitar la crítica sobre una posible “mirada sesgada” de Lanata respecto del gobierno anterior y al actual, en uno de los segmentos del programa se analizó los “Panamá Papers” y expuso el caso de Néstor Grindetti, al que mostró “muy flojito de papeles” en su justificación.

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De todos los programas que vienen compitiendo en este súper domingo que pasó hay una ausencia, posiblemente buscada, la del gobierno de Macri que decide quedarse afuera de la vorágine informativa de la política. En este sentido, el área de comunicación de la administración y parece que en cabeza del jefe de Gabinete Marcos Peña, defienden la estrategia elegida de quedar fuera de la realidad del momento. Los comunicadores en general advierten que esta decisión deja al Gobierno en una situación de cierta vulnerabilidad informativa. 

Según han explicado, su forma de comunicar es no comunicar sino mostrar. Quieren marcar la diferencia en el no uso de los medios al estilo cadena nacional y no ser anunciadores compulsivos. Apuntan a que la gente interprete el mensaje a partir de lo que ve y experimenta. Es decir, que no comunican a propósito. Y dicen que no es un error sino una decisión. El tema es que los receptores de estos emisores son los mismos 40 millones que hasta hace seis meses conocieron una forma clásica y directa, no elíptica, de recibir el mensaje. Ellos pueden hacerlo de otra forma pero no está logrando en la gente el efecto que buscan. Ergo, aunque digan lo contrario, la comunicación falla.

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Y lo del domingo es un claro ejemplo de cómo el kirchnerismo (y todos los partidos con más años en el ruedo que el PRO, con más pericia política y no tan economicista) se mueve como pez en el agua cuando se trata de comunicación: Cristina podría haber hablado antes con Navarro o bien después de comparecer en Tribunales, pero lo hizo este domingo en particular. Cuando vuelve al aire el programa más crítico, rompe el silencio y diluye el golpe de efecto de sus adversarios. Eso es saber comunicar.

La oposición, sea kirchnerista o incluso massista juegan con vasta experiencia en el plano mediático, saben hacer “operaciones” si hace falta y nadan como peces en el agua en la televisión sobre todo. Intentando sacar ventajas aún en situaciones claramente difíciles como las de la corrupción K. 

El macrismo, sin embargo, considera que su sistema de información es elegido, que no se trata de una mala praxis, por llamarlo de alguna manera, sino de una opción. Posiblemente, decimos nosotros, buscando diferenciarse del sistema comunicacional kirchnerista como en tantos otros aspectos de fondo y de forma en que son administraciones claramente distintas. Sin embargo, los argentinos estamos inmersos en la información constante y la ausencia del macrismo se nos hace evidente. Siempre llega detrás y sus grandes anuncios -o las pocas buenas noticias- que han dado en estos meses no han sido transmitidos con claridad ni oportunidad.  

Esta crítica que le hacemos al oficialismo no camina en el sentido de que Macri se transforme en otra Cristina y haga cadenas nacionales diarias o utilice el Fútbol para Todos para hacer propaganda de su gobierno. Porque precisamente estos fueron los peores defectos de la comunicación K, que terminaron por hartar al ciudadano de a pie. 

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Lo que debe entender el macrismo es que cuando se asume en una crisis y se pretende enderezar la economía, hay decisiones muy duras que tomar, como de hecho lo vienen haciendo. Y aunque ahora en el Gobierno no lo comprendan, ya se darán cuenta que, la mitad al menos, del mal humor social ante un sinceramiento de tarifas depende de cómo se explique la situación. De cómo se aproveche la comunicación y las oportunidades para acercarse a la gente depende buena parte del éxito de las medidas que se toman. Porque el precio a pagar por la mala praxis comunicacional no es poca cosa, es ir perdiendo paz social. Sencillamente porque los medios en primer lugar y las redes sociales que pugnan por terminar de imponerse, son ya parte de la vida de la gente, de un modo que no se puede ignorar ni subestimar.

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