Un nuevo fenómeno saca lo mejor y lo peor de nosotros
La Naturaleza en la región parece ensañada con la época de las Fiestas; el año pasado, el 26 de diciembre tuvimos la enorme inundación que dejó a miles de pergaminenses bajo el agua, con el consiguiente sufrimiento y pérdidas materiales. Justo antes de la Nochebuena de este año una tormenta -que algunos dicen fue la cola de un huracán- dejó un saldo también para entristecerse.
No somos especialistas en la materia, como para establecer si fue efectivamente una cola de huracán, pero los destrozos hablan por sí solos. Vientos de 120 kilómetros por hora azotaron la ciudad durante una media hora, tiempo suficiente para levantar unos setenta techos de viviendas, sacar árboles, cortar enormes gajos y tumbar palos de luz para finalmente dejarnos días sin energía y sin agua.
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Fueron jornadas difíciles para todos las de esta Navidad, para los damnificados en primerísima instancia y para las fuerzas vivas que tuvieron que resignar horas familiares, de descanso y sosiego, para salir a atender la contingencia. La Comuna reunió rápidamente el Comité de Crisis en la sede de Defensa Civil y comenzaron a trabajar codo a codo con la Cooperativa Eléctrica. Había que asistir a vecinos, retirar los árboles caídos sobre viviendas y automóviles y garantizar el tránsito mientras la Cooperativa apartaba los cables suelos y trataba de solucionar los problemas de energía. La situación de feriado también complicando la reposición de elementos. Hay que tener en cuenta que la gran prestadora que es la Celp, así como otras empresas de servicios como TV y teléfono cuentan con personal suficiente para atender un número de cortes acordes a los que se pueden suscitar diariamente en una ciudad de nuestro porte. De ningún modo era posible asistir a cientos de viviendas en simultáneo que pudieron sufrir daños en sus viviendas particulares. Y la gente, mayormente, entendió, porque aun molestos con la situación se percibió la comprensión con el otro, con el vecino de la ciudad, y admitió que la prioridad era la resolución de los inconvenientes generales y zonales por sobre los personales. Las cuadrillas trabajaron durante todos estos días, en un esfuerzo que no podemos dejar de mencionar y que se notó.
Sin embargo, en la era de las comunicaciones y de la información inmediata, ambos, Municipio y Celp, siguen fallando en la comunicación con los vecinos.
La línea de emergencias 147 tuvo horarios en que colapsó por la cantidad de llamadas, lo cual era esperable. Tampoco podían brindar información precisa, quizá porque no la tenían. El sistema de atención automatizada de la Cooperativa, que puede ser eficiente durante períodos de normalidad, claramente no es apropiada para estos casos; la desesperación del socio debe ser atendida humanamente.
Por eso acá hacemos un punto y aparte, porque así como reconocemos la labor de las cuadrillas de la Municipalidad y la Cooperativa, que no tuvieron prácticamente celebración con la familia y ya tienen asumido que ante estas situaciones deben multiplicar su esfuerzo, es notorio que en la faz comunicacional, que está en la órbita administrativa pero que son igualmente empleados de estos organismos, no se asimila del mismo modo la labor y es necesario que así sea. Hoy en día la comunicación es también parte de la solución, por lo que el trabajo extra (y muy extra) que hicieron los operarios técnicos y de servicios públicos también debió ser cumplido por esta otra rama del personal.
Para los vecinos desesperados por no tener un litro de agua ni para hacer una mamadera o higienizar el baño, o electricidad para un enfermo asistido es importante que cada hora se le informe el estado de situación. A veces hay poco que decir porque se está en plena labor y se desconocen los plazos, pero es importante aunque sea eso para hacer previsiones, movimientos, y de por sí tranquiliza saber, aunque sea, que se está trabajando. Además evita la aparición de voceros oficiosos en las redes sociales que se arrogan tener datos de primera mano, los que generalmente terminan siendo desmentidos por las voces oficiales. Tarde.
Tienen que ver las autoridades que mientras se está trabajando (y lo mismo pasó con las últimas inundaciones) se produce un apagón informativo y en las redes sociales esos huecos son llenados por información que alguien que no sabe le dijo a otro que sabe menos aún y es así como circula todo tipo de versiones, normalmente falsas, pero que muchos terminan creyéndolas a falta de comunicados oficiales. Aunque no haya novedades, a cada momento hay que estar comunicando algo. Si no, otros que no tienen la entidad suficiente, lo hacen. Y para ello es necesario que se activen los equipos de trabajo en las oficinas como se activan en la calle.
A esta altura debería haber un sistema aceitado, así como se organizan rápidamente las cuadrillas y salen a trabajar sin descanso -lo que saludamos con beneplácito- se debieran activar los equipos de información para que los vecinos reciban el mínimo de contención y novedades, cuando lo que falta es lo elemental: el agua y la luz. En este sentido, la Cooperativa Eléctrica es campeona de la de-sinformación, ya que ante cada corte, no solo no informa lo que se viene realizando sino que además resulta imposible comunicarse con alguien lo que ha hecho crecer en los vecinos desde hace años la sospecha de que ante un problema, trabajan para solucionarlo, pero descuelgan los teléfonos.
La Municipalidad no debe sumarse a este estilo de no informar sino que sobre la base de la muy bien oficina de prensa y comunicación que tiene debiera sumar al Comité de Crisis a los responsables de ir dándonos las noticias sobre lo que sucede, insistimos, aun cuando lo que pueda decir al principio de un siniestro sea bien poco, será igual importante para los vecinos.
No podemos dejar fuera del análisis algún comportamiento vecinal claramente reprobable. Al mismo tiempo que se solidarizaron, en general, esgrimiendo paciencia para con el resto en la espera del restablecimiento de los servicios, ni bien los tuvieron se acabaron las buenas prácticas. La reanudación del suministro de agua fue desigual. El problema empezó la noche del viernes, pero al lunes y hasta ayer martes, había sectores sin agua, otros sin presión suficiente para llenar sus tanques y otros con servicio de a ratos. Los que más padecieron fueron los edificios de altura, porque el agua no alcanzaba a subir. Por esa razón se solicitó a los vecinos que ya la tenían, que la manejasen con cuidado por solidaridad, así alcanzaba para proveer a todos.
Lamentablemente muchos, apenas se restablecía el servicio eléctrico en los distintos pozos de abastecimiento de agua corriente, dieron rienda suelta a llenar piletas, lavar el auto, baldear la vereda. Todas actividades que bien podían esperar un día o dos. El resultado es que al cierre de esta edición, los edificios aún no han normalizado completamente el servicio. Y la verdad es que la necesidad del agua es tan importante para unos como para otros y todos debieran haber sido más conscientes en el uso y el problema que les generaban a otros.
En fin, fue una Navidad difícil para todos.













