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Un guiño a las Pymes, motor del empleo en la Argentina

27 de julio de 2016 a las 12:00 a. m.

Las problemáticas que engloban a las relaciones laborales, los costos empresarios y las dificultades propias de una economía pendular no son nuevas en la Argentina.  Un sistema de impuestos francamente regresivos y el alto precio que se paga por la contratación de empleados más allá del salario desalientan las inversiones, propias y extranjeras, de nuevos emprendedores y de quienes hacen equilibrio para sostenerse. Así, el sector que más dinamiza nuestra economía, las Pymes, está agobiado y estancado.

Todas estas materias cuestionables de nuestra economía que arrastramos desde hace décadas sin que nadie las atienda, se agudizan y se ponen blanco sobre negro en momentos como el actual, en que la inflación hace estragos y la recesión nos acorrala. Porque son los momentos en que las pequeñas y medianas empresas se transforman en más vulnerables, y muchas empiezan a recorrer senderos peligrosos para la subsistencia como tal. Son los fusibles de una economía en problemas, las primeras en sufrir la recesión en el consumo y las primeras en tener que prescindir de personal.

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Lo que la Argentina necesita claramente para salir de la crisis en que se ha visto envuelta, es el aumento del empleo privado y optimizar la competitividad. Para que, entre otras cosas, no sea más barato comprar un par de zapatillas on line a Estados Unidos. También es perentorio lograr un objetivo no menos importante: que los salarios se incrementen sobre la base del crecimiento y no de manera artificial y sustentado en el empleo público para paliar un proceso inflacionario que nos impide crecer.

El propio presidente de la Nación Mauricio Macri ha reconocido que casi el 80 por ciento del empleo lo generan las Pymes, de modo que es lícito pensar que serán las pequeñas y medianas empresas las que empujarán el desarrollo de nuestro país. El problema es qué escenario le brindamos a este sector para que se pueda lograr el objetivo, porque la carga impositiva es abultada, las cargas laborales pesadas y no se ve contrapartida a este esfuerzo. En el caso de las cargas laborales no las ve el empresario y tampoco el trabajador, que debe refugiarse en prepagas, si puede, para acceder a la salud que necesita, a pesar de que junto con la patronal aporta mes a mes al sistema público. Lo mismo sucede con la educación y con la jubilación, para la que contribuye durante toda su vida laboral para que luego no le alcance ni para los medicamentos. No es poco lo que se aporta desde la patronal y el empleado, más bien es mucho. Sin embargo, nada les llega de vuelta de un modo aceptable, ni a uno ni a otro. De modo que el esfuerzo del empleado y del empresario, en este caso, resulta estéril, porque a falta de controles el dinero fluye (o se estanca en las administraciones sindicales) pero no pareciera llegar a los beneficios que se esperan. 

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Estas cuestiones desalientan al empresario pequeño y medio, que retrae su crecimiento porque el costo es mucho y el riesgo altísimo, y alejan a nuevos inversores nuestros de encarar un negocio que al fin les resulta una aventura donde es mucho lo que deberá afrontar y muchas las zozobras que debe correr. Cuando hay dinero, los altos intereses bancarios o las inversiones financieras exentas de carga impositiva resultan mucho más atractivas que tener que lidiar con conflictos laborales y pesadas cargas al Estado.

Los derechos laborales han sido concebidos para proteger al trabajador y así debe seguir siendo, pero deben ser lo suficientemente equilibrados para proteger a quienes aportan su trabajo, sin por ello desalentar la inversión ni afectar la productividad. Porque, además, cuando se trata de una Pyme, el empresario corre riesgos importantes ya que muchas veces hay obligaciones que quedan fuera de su alcance si la ley es excesivamente protectiva. Hay que abandonar esa imagen de que al empresario le sobra dinero y que por ello debe solventar cada nueva conquista gremial. Que se proteja al empleado, sí, pero no a expensas, siempre, del patrón. Porque éste es tanto o más vulnerable que su empleado a una crisis, que es precisamente cuando más se reclaman concesiones y beneficios adicionales por parte de los gremios, a los que el Gobierno, el que esté de turno, le cuesta decir que no. Un empresario agobiado, retrae su inversión primero, lo que redunda en que no aumenta su nómina. Y como segundo paso, se retira para salvar su patrimonio y entonces, esos empleados quedan en la calle. Tal situación no es buena para nadie. Que haya un patrimonio y que se aspire a una ganancia por ponerlo a trabajar no es igual a tener un  agujero negro que siempre emana billetes: si hay crisis y recesión y ese empresario no vende, pasará las mismas o peores vicisitudes que sus empleados, porque deberá igualmente pagar salarios e impuestos. 

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Lo que es de tener en cuenta, llegado este punto, es que si el salario obliga a un importante incremento de impuestos y cargas sobre el trabajo, se reduce claramente la demanda de empleo. Además afecta el salario de bolsillo porque el trabajador no ve el dinero de esas cargas que su empleo genera sino que la debiera recibir en servicios como la salud o la jubilación. Y como hemos dicho, en este caso tampoco las ve en la proporción que se abonan.

Lo cierto es que las Pymes deben cumplir con las mismas obligaciones legales que las empresas de gran porte y la realidad es que parten de bases y estructuras de capital muy distintas. Ponemos por ejemplo la indemnización: quizás para una gran empresa no implique más que otro costo, pero a una Pyme puede impedirle, incluso, seguir funcionando. La indemnización por despido debería sustituirse por un sistema contributivo que ampare al trabajador frente al desempleo. Esto resultaría conveniente tanto para el empleador como para el trabajador. Y evitaría el fantasma que implica hoy para una Pyme las altas indemnizaciones, por el motivo que fuere. Algo similar a lo que se hizo con los accidentes de trabajo, que era otro de los fantasmas más terribles por su altísimo costo y se resolvió mediante la creación de las ART, aseguradoras del trabajo que mediante la recaudación empresaria, son quienes responden ante la eventualidad.

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Pero no son sólo laborales las acechanzas para las pequeñas y medianas empresas y en esto el Gobierno debiera prever el modo de aliviar las cargas impositivas a quienes con su esfuerzo están manteniendo el empleo y a quienes se apuesta para que crezca. 

La reforma impositiva, muchas veces conversada y nunca llevada a la práctica, es una de las materias pendientes en la Argentina, así como la eliminación de obligaciones regresivas como el gravoso impuesto al cheque, una decisión que se tomó “para la emergencia” por 90 días y la norma ya va a cumplir la mayoría de edad. Porque otra de las cuestiones que tiene nuestro país es que una vez que el Estado se acostumbró a recaudar sobre la base de un rubro, luego no lo quiere resignar aún cuando haya sido planteado como una cuestión momentánea.

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Mariano Mayer, secretario de Emprendedores y de la Pequeña y Mediana Empresa del Ministerio de Producción, anticipó que se analizan medidas de alivio fiscal para las Pymes, que van desde normas de simplificación de la administración del pago de los tributos hasta la eliminación del Impuesto a la Ganancia Mínima Presunta. Pero todavía se estudia con la Afip el costo fiscal de cada una de esas iniciativas. Y es aquí donde suelen morir estas iniciativas, cuando se pone la mira en el costo fiscal. Naturalmente que el Estado recaudará menos si ofrece beneficios a las Pymes, pero si la inversión se alienta como se debiera habrá más inversiones y en el mediano plazo la balanza se equilibrará nuevamente.

La realidad es que para apostar a las Pymes como pregona el Gobierno habrá que pensar en la forma de aliviar al sector, más en medio de esta recesión que se está sintiendo en este tipo de empresas con más intensidad. Y la realidad es que así como al campo le llegó la buena noticia de la baja de las retenciones, lo mismo a la minería, que son sectores de los que se espera despeguen y según dice el Gobierno ya están haciendo inversiones, lo mismo debiera suceder con las Pymes si también le llegaran los alivios que les permitan seguir siendo el motor del empleo en la argentina.

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