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Un episodio más en la ya escandalosa transición

28 de noviembre de 2015 a las 12:00 a. m.

Este escándalo ya lo hemos visto en casi todos los diciembre desde la vuelta de la democracia. Cerca de fin de año, el Parlamento hace esas sesiones maratónicas donde se aprueba una larga lista de proyectos que, salvo las autoridades de los bloques, ni la mayoría de los legisladores conoce. 

Sin embargo en esta oportunidad hay un agravante: hay un nuevo gobierno a días de asumir y no se respetó a esos ganadores en lo más mínimo, forzando un quórum que ni el mismo oficialismo en su totalidad apoyaba, para aprobar normas que condicionen a Mauricio Macri. Es más, ni siquiera tuvieron los legisladores oficialistas el decoro de cumplir con una premisa tan elemental –y estipulada por ley- de emitir y girar al resto de los parlamentarios, 24 horas antes como mínimo, los dictámenes de comisión de los proyectos que se tratarían. Es decir que, aun si se hubiesen sentado en sus bancas, los representantes de los bloques opositores jamás hubiesen sabido qué estaban votando. Y es muy probable que más de uno de los oficialistas haya levantado la mano sin conocer lo que estaba aprobando. 

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Pero en medio de tanta desprolijidad, en algunos primó el sentido común y la conciencia.  Estos legisladores peronistas que se negaron a la “obediencia debida”, dejaron al desnudo que diferencias en el bloque de diputados respecto de Cristina Kirchner en la Cámara de Diputados. Esta fue la primera vez en ocho años que  una decena de parlamentarios oficialistas decidió no participar de la última sesión del año, en la que se pretendía aprobar casi un centenar de proyectos de ley de neto corte kirchnerista. Dicho esto con total prescindencia, como dijimos, del interés popular mayoritario que eligió a un mandatario de otro signo político que ya está a las puertas de la Casa Rosada, literalmente.

Por eso, cuando al oficialismo le faltaba sólo un diputado para alcanzar el quórum, de 129 legisladores, los diputados kirchneristas gritaban desde sus bancas con más bronca que estilo. Finalmente, después de más de cuatro horas de espera, llegó al recinto Isaac Benjamín Bromberg, primo del gobernador de Tucumán, José Alperovich y se puso hacer la maratón de proyectos. Sin perder tiempo, el oficialista Julián Domínguez, presidente de la Cámara baja, ordenó votar el paquete de iniciativas rapidito y sin debate, no fuera a ser que se levantara algún otro y el número mágico se perdiera. Los diputados dieron media sanción rápidamente a las más de 90 iniciativas y las giraron al Senado.

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Para compensar el faltazo de los peronistas que se rebelaron, es de aclarar, ocho diputados de la Izquierda decidieron dar quórum y apoyar al oficialismo. Ellos son Victoria Donda (Libres del Sur); Claudio Lozano, Antonio Riestra y Víctor de Gennaro (Unidad Popular); Alcira Argumedo (Proyecto Sur), y Pablo López, Nicolás del Caño y Myriam Bregman (FIT). Ellos tenían algunas propuestas incorporadas al temario y qué mejor momento para hacerlas aprobar que cuando se hicieron necesarios al oficialismo para conseguir el quórum. Todos salieron entonces beneficiados. Todos ellos, no el pueblo.

El pueblo ya eligió y cualquier ley que no se trató debidamente, en tiempo y forma, bien podía esperar para su tratamiento 12 días más. Al fin y al cabo, si se llegó a este momento es porque oportunamente no se las consideró tan urgentes. Se entiende que este tiempo hasta que asuma el nuevo elegido del pueblo debe ser para ordenar y consensuar, para transmitir y delegar, no para plantear un nuevo estado de cosas perdurables que ya no se corresponden con la voluntad popular representada actualmente en el Congreso.

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La oposición, que había solicitado un temario consensuado acorde con el momento de transición que se vive tras el triunfo de Mauricio Macri, decidió no participar del debate, qué sentido tenía al fin sentarse y formar parte de la parodia montada para aprobar propuestas con las que no estaban de acuerdo y sabiendo que el oficialismo las iba a imponer igual porque tienen mayoría. El kirchnerismo fue intransigente y quería que se aprobara como fuera la estatización de Yacimientos Carboníferos de Río Turbio, uno de los temas más polémicos. La iniciativa habilita que las deudas de la empresa sean absorbidas por la Nación. Es decir que están cargando el pasivo del Estado sin asumir la responsabilidad de administrarlo y sin contar con la adhesión de quien sí deberá hacerlo. Además, entre otras, se dio media sanción a una iniciativa que declara “sujeto a expropiación y de utilidad pública” el hotel Bauen, que desde hace 12 años es administrado por una cooperativa de trabajadores. Los diputados de PRO habían firmado el dictamen en contra.

Sin embargo hay un aspecto que en el fragor del análisis los politólogos aún no han puesto sobre la mesa y que no deja de ser una luz al final del túnel: si en Diputados hubo legisladores rebeldes a quienes sus gobernadores les pidieron que no apoyaran al kirchnerismo, ¿cómo harán en el Senado para que estas leyes pasen aprobadas, cuando hay más rebeldes al oficialismo aún? Rebeldes y estrategas; gobernadores y senadores que no querrán ir de punta contra Macri, que durante cuatro años será el administrador central.

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Entre los ausentes figuraron los tres diputados de La Rioja Griselda Herrera, Teresita Madera y Javier Tineo. Una llamada del gobernador Luis Beder Herrera los hizo levantar de sus bancas en plena sesión, lo que obligó, pasado el mediodía, al oficialismo a convocar a un cuarto intermedio. Otros diputados ausentes fueron Omar Perotti, ganador en las elecciones a senador por Santa Fe; Juan Antonio Villa, de San Juan, que responde a José Luis Gioja; Oscar Redczuk, de Misiones; Carlos Gdanzky, de la UOM, y Oscar Romero, de Smata. Perotti hizo trascender que él no estaba de acuerdo con este tipo de sesiones sin consenso previo. La sangría oficialista se completó con el faltazo de tres de los siete miembros del Frente Cívico de Santiago, el bloque más fiel que tuvo el kirchnerismo en sus 12 años en el poder. Los ausentes fueron Aída Delia Ruiz, Mirta Pastoriza y Graciela Navarro. Tampoco estuvo en el recinto Darío Giustozzi, exFrente Renovador y un aliado que el oficialismo creía propio.

La rebelión inédita de una decena de diputados que responden a gobernadores peronistas que se vio en la Cámara baja demuestra la profunda divisoria que hay en el seno mismo del oficialismo y que es el correlato de la relación Cristina-Scioli, que también refleja las diferencias que finalmente están aflorando entre kirchnerismo-peronismo.

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La pregunta que subyace, planteada esta diferencia y visto que cada sector tiene su peso específico, es: ¿quién comandará la oposición los próximos cuatro años? ¿El kirchnerismo o el peronismo? 

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