Un centro de recuperación ya devolvió a su hábitat a más de 3.000 animales

Está ubicado a metros del bioparque Temaikén, cuenta con 18 hectáreas organizadas en 19 sectores y 280 recintos distribuidos para recuperar especies afectadas por problemas ambientales o provenientes de decomisos e incautaciones del tráfico ilegal de fauna. No está abierto al público para que tengan el menor contacto posible con humanos.
Buenos Aires, (Telam) - El Centro de Recuperación y Reproducción de Especies de Temaikén (Cret) devolvió desde 2004 a su hábitat natural a más de 3.000 animales de 61 especies diferentes, algunas de ellas en peligro de extinción, informó uno de los encargados del parque.
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Desde 2004 hemos recibido casi 8.000 animales, en una proporción que se repite en casi todos los centros de rescate: un 80 por ciento de aves, entre un 12 y 13 por ciento de reptiles, un 5 por ciento de mamíferos y algunos anfibios, detalló Andrés Suáres, encargado del Parque de Aves de Temaikén.
Ubicado a unos metros del famoso bioparque, el Cret cuenta con unas 18 hectáreas organizadas en 19 sectores y 280 recintos distribuidos para recuperar especies afectadas por problemas ambientales o provenientes de decomisos e incautaciones del tráfico ilegal de fauna.
Hoy tenemos más de 600 individuos, de las cuales unas son 500 aves, 100 son mamíferos y el resto reptiles (que) no todos provienen de incautaciones: también hay algunos de la colección del bioparque que están aquí para reproducción, investigación, o en recuperación, comentó Suáres.
Además, hay ejemplares que provienen de instituciones extranjeras, como dos casuarios africanos, y entre los mamíferos, hay dos ciervos de los pantanos de la zona del Delta del Tigre que fueron encontrados por pobladores fuera de su área natural, se había desorientado debido a las inundaciones.
El ciervo de los pantanos tiene categoría de especie vulnerable desde 2002, a nivel internacional, y desde 2012, nacional; en el Bajo Delta o Delta Inferior reside su población más austral y la más singular desde el punto de vista genético. Las principales amenazas de la especie en esa zona son la caza furtiva y los cambios ambientales impuestos por la expansión ganadera y la producción forestal.
Para garantizar que la liberación de los animales sea una opción, deben tener el menor contacto posible con los humanos, por lo que el Cret no está abierto al público. El sector en el que los animales son rehabilitados es el de la cuarentena, donde sólo entran cuatro cuidadores, que siguen estrictas normas de higiene: se cambian la ropa para ingresar con un traje tibet, guantes y barbijos, además de pasar los pies por el tapete sanitario. Desde afuera de la cuarentena se ven enormes jaulas llamadas voladoras, donde las aves están obligadas a desplazarse por la distribución de los posaderos (en la parte alta) y los comederos (abajo), de modo que no se atrofien los músculos de sus alas y pectorales.
Lo que hay que lograr es que cuando sean liberados, puedan valerse por sí mismos, que vuelen lo suficientemente rápido para cuidarse de depredadores, buscar comida, o migrar, explicó Suáres. Otro de los sectores del Cret es el bioterio, donde se reproducen especies que alimentan a otras especies, explicó Paula González, coordinadora de Programas de Conservación de Especies Amenazadas.
En el bioterio hay un plantel reproductor de roedores, insectos y gusanos -que son alimento para aves y suricatas-; pollitos que son dieta viva para los animales del bioparque, codornices para las aves rapaces y gallinas grandes para los pumas, entre otros. Otro de los sectores es el Centro de Incubación de Aves, donde se hace incubación artificial y asistencia en nidos de acuerdo a un plan anual de reproducción, contó la encargada del lugar, Viviana Gattinoni. Una de nuestras tareas es asistir a huevos que son abandonados por los padres por alguna cuestión ambiental o de comportamiento (animal), esta técnica se utiliza en especies que están en peligro de extinción como el loro vinoso, del que sólo quedan unos 250 individuos en la provincia de Misiones, continuó. Además, se trabaja con huevos de especies que no están amenazadas con el objetivo de extrapolar protocolos para incubar especies muy similares que sí están en peligro de extinción, y cuando los pichones ya nacieron, se estudia cómo impedir que el ser humano le deje una impronta (una huella), y que adquieran las características que más se acercan a su especie.













