Un año marcado por la agenda ambiental
La Ley de Humedales, la sequía y las quemas ocuparon buena parte del debate público sobre el ambiente durante este año. Sin embargo, controversias e idas y venidas políticas impidieron dotar a estas cuestiones de un corpus normativo apropiado. 2023, en un contexto electoral, la coyuntura promete imponerse sobre las...

La Ley de Humedales, la sequía y las quemas ocuparon buena parte del debate público sobre el ambiente durante este año. Sin embargo, controversias e idas y venidas políticas impidieron dotar a estas cuestiones de un corpus normativo apropiado. 2023, en un contexto electoral, la coyuntura promete imponerse sobre las cuestiones de fondo y hay quienes entienden que serán escasas las chances de que muchas de las cuestiones que están pendientes encuentren finalmente canales de resolución.
Como nunca antes, durante 2022, la sociedad salió a las calles para reclamar medidas a favor del ambiente. En los medios de comunicación, en el Congreso de la Nación y en las redes sociales, la agenda ambiental marcó el presente, en una realidad motivada por fenómenos como la sequía, la bajante extrema de los ríos y las quemas en espacios ricos en biodiversidad, que generaron una severa crisis socioambiental.
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Con buena parte de la comunidad científica alertando sobre los altos niveles de incertidumbre y variabilidad que genera el cambio climático y advirtiendo sobre los impactos cercanos y en tiempo real, el diálogo social giró sobre dos ejes: el agua y el fuego. Y la voz de la ciudadanía comenzó a exigirle a sus autoridades la toma de medidas concretas.
A nivel nacional, el debate legislativo en torno a la posibilidad de contar con una Ley de Humedales, las causantes y las consecuencias de la sequía que azota a la región núcleo del país y el 15 aniversario de la sanción de la Ley de Bosques enmarcaron la conversación pública sobre lo ambiental, que en Argentina casi siempre aparece ligado al debate abierto sobre las formas posibles del desarrollo, sus límites y el cuidado de la naturaleza.
En el plano internacional, la Cumbre del Clima realizada en Egipto dejó claroscuros, con algunos avances para enfrentar los efectos del calentamiento del planeta, pero también con la sensación que el trabajo que se hace para mitigar y adaptarse es demasiado lento y demasiado escaso, aún.
Informada y consciente, la sociedad argentina discutió, se informó y presionó para que el Congreso nacional avance con el tratamiento de una ley de presupuestos mínimos para el cuidado de los humedales, el último gran ecosistema que aún no cuenta con un corpus normativo que lo proteja. Una saga larguísima de idas y vueltas legislativas, presiones de gobernadores, lobby de sectores económicos y manifestaciones sociales terminó con dos proyectos definidos en la Cámara de Diputados: uno por la oposición (un tanto más permisivo con las presiones que imponen los actores económicos involucrados, y otro más fiel al texto original presentado por las organizaciones ambientalistas (pero con poco apoyo en el arco del propio oficialismo).
En términos nominales, mientras el dictamen de Juntos por el Cambio llegó a 53 firmas, el oficialista quedó en 47. Al margen de estos números, el tema quedó estancado y no fue tratado en el recinto, con escasísimas chances que eso ocurra en el futuro cercano. El año próximo, con elecciones en todos los niveles, deja poco espacio para se renueve ese debate legislativo.
Esto ocurrió en coincidencia con los quince años de la aprobación de la Ley de Bosques, una iniciativa que representó un quiebre en la política ambiental de Argentina, ya que ayudó a visibilizar la importancia de cuidar los ecosistemas y permitió subir varios peldaños en la apreciación de los temas ambientales por parte de la opinión pública. Sin embargo, un nuevo aniversario de la ley, muestra que no se logró eliminar la deforestación del país porque tampoco ha habido una correcta asignación de fondos para que las provincias avancen en su debida implementación.
En otro aspecto, la merma en el caudal de los ríos afectó tanto al ambiente como a los usos humanos de estos cauces y motivó en la ciudadanía no pocas expresiones de preocupación y pedidos de respuesta. Las poblaciones de peces vieron afectados sus ciclos reproductivos; también produjo inconvenientes en el riego de cultivos y tensionó al máximo la captación de agua dulce para su potabilización.
Además, potenció el problema de los incendios en las islas y los de contaminación del agua, ya que se redujo la capacidad de los ríos de dilución de los afluentes crudos o industriales.
De la mano de ello, las quemas intencionales en espacios biodiversos de distintas provincias pusieron en la agenda pública nacional un problema ya casi estructural que no solo ocasiona cuantiosas pérdidas económicas, sino que trae consecuencias que expresarán su verdadera dimensión en el mediano y largo plazo.
Tres años consecutivos del fenómeno de la Niña dejaron una situación de sequía en la zona central del país pocas veces vista, algo que impacta no solo en el sector agropecuario, sino que irradia consecuencias devastadoras en el conjunto de la población.
Según el Banco Mundial, los fenómenos extremos como las inundaciones y las sequías, que el cambio climático potencia y multiplica, generan pérdidas anuales extraordinarias, pero además significa impactos en la salud, un factor que no siempre se tiene en cuenta al momento de establecer políticas públicas que mitiguen la dimensión de estos fenómenos.
Esta enumeración de cuestiones que han estado este año en la escena pública y han motivado distintas dinámicas de expresión social, no siempre han sido escuchadas. Una vez más el ruido de otras urgencias ha corrido de la agenda de las decisiones la búsqueda de soluciones reales a una problemática que es global, pero que requiere de acciones locales capaces de empezar a transitar por casa ese camino que ponga en consonancia la voz de la opinión pública con el accionar de quienes tienen responsabilidad en la posibilidad cierta de resolver esos problemas que afectan ni más ni menos que la salud del planeta y comprometen la vida de todos.
Que en la agenda política de 2023 por fin se impongan las discusiones necesarias para que el pedido de soluciones ambientales no quede solo en la necesidad de las poblaciones afectadas por determinados fenómenos, y ganen terreno en la conciencia de una dirigencia distraída, detrás de otras premuras.















