Tomar las lecciones de la pandemia y aprender de la experiencia
Los casos de hepatitis aguda grave que afecta a niños en diversos países del mundo y que ya se han reportado también en Argentina encienden luces de alarma por su severidad y ponen de manifiesto la sensibilidad del sistema que está en alerta y que parece haber aprendido algo de...

Los casos de hepatitis aguda grave que afecta a niños en diversos países del mundo y que ya se han reportado también en Argentina encienden luces de alarma por su severidad y ponen de manifiesto la sensibilidad del sistema que está en alerta y que parece haber aprendido algo de las lecciones que dejó la pandemia, que por cierto aún no ha finalizado y que por el contrario se encamina hacia un escenario de incremento de casos y baja en los niveles de inmunización.
Una alerta de la Organización Mundial de la Salud más temprana que la que se dio cuando comenzó la pandemia de Sars-COV 2 ha permitido que los sistemas científicos del mundo estén atentos y hayan podido comenzar a estudiar la causa de estos brotes que parecen afectar a la población pediátrica, con todo lo que ello implica en términos sanitarios.
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A la espera de que vaya construyéndose más conocimiento y reuniendo evidencias, lo que se observa a nivel mundial es una alerta más temprana y una puesta en marcha de los procesos de vigilancia con el propósito de poder no solo determinar el agente causal, sino instrumentar las medidas que resulten necesarias para controlar esta situación sanitaria.
A primera vista lo que se observa es que hay una mayor sensibilidad del sistema sanitario, que el diagnóstico diferencial de virus respiratorios circulantes en diversas partes del mundo hace más activa la búsqueda y la determinación, algo que aparece como una lección aprendida de la emergencia sanitaria por Covid-19. La situación en torno a esta hepatitis, generada por un agente no habitual, evidencia una mayor sensibilización en la pesquisa y una acción oportuna de quienes llevan adelante políticas sanitarias a escala global para tratar de mantener bajo control una situación que inquieta.
Con la mirada puesta en los más chicos, por estas horas son varias las hipótesis que se tejen en torno a las causales de la hepatitus viral aguda. Una de ellas es la aparición de nuevas variantes del adenovirus, virus causante del refrío común y de cuadros de gastroenteritis en la infancia, enfermedades que suelen cursar sin mayores complicaciones. Se postula que producto de nuevas variantes una cepa pueda estar actuando con mayor agresividad sobre un órgano vital como el hígado en niños pequeños y sanos. Otra hipótesis recae sobre la depresión del sistema inmune de los más chicos debido al confinamiento y a la imposibilidad de haber ganado defensas en el contacto con distintos patógenos que se da como consecuencia del contacto interpersonal. También se ha barajado la posibilidad de que se trate de una nueva variante del virus Sars-COV 2, aunque esto no ha sido confirmado. Lo cierto es que lo que se ha puesto en marcha es un enorme despliegue en la búsqueda de respuestas. Y esto ha sido posible gracias a que si algo ha dejado como positivo la pandemia es la interconexión de los sistemas de salud y los mecanismos de cooperación científica que han permitido construir saberes en momentos muy críticos de la salud de la humanidad y de la mano de esos conocimientos avanzar en la búsqueda de las soluciones.
Sin poder determinar aún si esta situación que se da en niños tiene vinculación directa o no con la pandemia, lo cierto es que varios de los modelos utilizados para el estudio del Sars-COV 2 se ponen en juego ahora para investigar y para acercar respuestas a una comunidad que ha quedado seriamente afectada por la emergencia sanitaria, que observa con preocupación este nuevo agente que tiene como blanco de cuadros potencialmente graves a los niños- algo que no sucedía con la Covid-19-; pero que al mismo tiempo transcurre su vida cotidiana como si la pandemia hubiera terminado, desconociendo que hay recaudos y cuidados que aún deben tomarse y que las lecciones aprendidas en las distintas olas de Covid y con la particularidad que ha tenido esta enfermedad en los diversos grupos poblacionales, son las que resultan válidas en la protección de distintas enfermedades. También frente a esta hepatitis que desde hace unas semanas tiene en vilo al mundo y a la comunidad científica trabajando con develo en el hallazgo de indicadores que muestren no solo el origen sino los instrumentos de control de esta enfermedad que ha llevado a muchos chicos al trasplante hepático y que tensa los sistemas de atención y vigilancia pediátrica sin que se tengan aún demasiadas certezas del curso que esta situación seguirá en el futuro.
Sin perder la calma y confiando en los recursos que la ciencia del mundo ha demostrado detener para hacerle frente a la pandemia, quizás este es tiempo de retomar la senda del cuidado volviendo a los viejos hábitos conocidos de cuidar la higiene respiratoria, lavarse frecuentemente las manos, ventilar los ambientes y desinfectar superficies pensando ahora no solo en el cuidado de la salud de los adultos y de los grupos vulnerables, sino en el bienestar de los chicos que parecen ser ahora los amenazados.











