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Todos mirando el cielo para ver “la Luna de sangre”

29 de septiembre de 2015 a las 12:00 a. m.

La Luna, y los astros en general, han sido siempre preocupaciones humanas, desde lo científico, desde lo poético, como juego en el enamoramiento. Desde esta perspectiva ha sido más que un simple satélite de la Tierra: ha despertado fantasías, como el planeta Marte, sobre el cual se han creado miles de series de ficción en el pasado. Justamente ayer, en esta búsqueda constante del Hombre por dirimir si hay vida allí y en otros planetas, la  Agencia Espacial de Estados Unidos (Nasa) anunció el histórico hallazgo de agua líquida sobre la superficie roja. 

Antes de esta noticia, el domingo a la noche y quizá por un minuto largo, los humanos de toda raza, condición o creencia, miramos al cielo al unísono, para contemplar el anunciado fenómeno de la luna roja, una suerte de súper eclipse lunar, que terminó por despertar entusiasmo en la mayoría de la gente.

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En la Argentina fue una noche despejada, ideal para poder apreciar el fenómeno en toda su magnitud. En Buenos Aires más de cinco mil personas asistieron a los terrenos que rodean el Planetario de la ciudad, para ver el espectáculo. La ocasión fue propicia para generar un ambiente de encuentro en el que, entre las explicaciones que ofrecieron los técnicos, se escuchó música de The Beatles. De los seis telescopios que se instalaron en los alrededores para que los asistentes pudieran ver lo que sucedía, uno estaba conectado a una pantalla gigante en la que se podía ver a la Luna en primer plano.

Pero además se instalaron muchos con trípodes propios y cámaras fotográficas, del mismo modo que en Pergamino, se hacía lo mismo desde patios y terrazas de edificios. Un grupo de aficionados y profesionales de la fotografía se dieron cita en la Plaza 9 de Julio para sacar el mayor jugo posible al fenómeno que, según dicen, se volverá a repetir recién en el año 2033.  

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Hubo que esperar hasta las 22:00 para que el cielo estuviera despejado y la Luna en toda su dimensión y un poco, cerca de las 23:00, más para que se tornara rojiza.

Los especialistas indican que se vio alrededor de un 14 por ciento más grande debido a que se encontraba en el punto de su órbita más cercano a la Tierra, el perigeo, a sólo 357.000 kilómetros de distancia, en la sombra que proyecta la Tierra. A las 22:00, ubicada a casi 40° de altura sobre el horizonte del Nordeste, ingresó en la “umbra”, la parte central del cono de sombra terrestre. Minuto a minuto, la sombra la fue cubriendo y le fue quitando un mordisco oscuro cada vez más grande al disco del satélite natural.

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A las 23:11, ya a casi 50 grados sobre el horizonte, la Luna quedó completamente sumergida en la umbra terrestre, al iniciarse la fase de la totalidad del eclipse. Pero el momento central y más espectacular fue el que llegó minutos antes de las 24:00, ya totalmente sumergida en la sombra terrestre y brillando en un tono rojizo anaranjado por el que los astrónomos le pusieron la bautizaron, como si fueran poetas, como Luna de sangre. Esa tonalidad se debe a que la atmósfera terrestre refracta sólo parte de la radiación solar hacia el interior del cono de sombra, precisamente las longitudes de onda correspondientes al rojo y el naranja, que es el color que adquiere la Luna.

En esta oportunidad, la totalidad del eclipse fue especialmente larga: duró una hora y 12 minutos. Ya cercana la medianoche, poco a poco, la luz solar fue llegando nuevamente al disco lunar y devolviéndole su característico color blanco plateado. Después de la 1:30, llegó el punto final del eclipse.

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En las distintas provincias la gente fue a los observatorios, y se apostó desde los balcones y los techos, desde los patios, en las plazas, para ver el fenómeno de la Luna roja. Durante más de tres horas se pudo admirar la perfecta coreografía de las esferas celestes, un espectáculo maravilloso. Para ver otro eclipse total de Luna aquí habrá que esperar hasta el 27 de julio de 2018. Sin embargo, el fenómeno de la “Luna de sangre” se repetirá recién en el 2033.

El eclipse total, que duró más de una hora, se pudo ver no sólo en América del Sur, sino también en América del Norte, Europa, Africa y Asia occidental. Prácticamente el mundo entero vio la Luna roja.

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En Europa, con la diferencia horaria, el fenómeno se produjo antes de la llegada de la madrugada. Así, el eclipse se pudo ver en Rusia, Francia e Inglaterra.

En el Observatorio Griffith de Los Angeles, en los Estados Unidos, el fenómeno se vivió con la música de la sonata Claro de Luna, de Beethoven. En la Nasa, en Cabo Cañaveral, hubo pantallas gigantes para no perderse el fenómeno.

La noche del domingo al lunes se vio un espectáculo astral que no se da con mucha frecuencia, decimos esto porque es un eclipse y de súper luna. Es decir una súper luna que coincidió también con un eclipse lunar total.  

Quizá la Luna roja o “Luna de sangre” como la bautizaron los astrónomos inspire a los poetas a volver sobre esta vieja conocida de los versos porque todos los que quisieron pudieron verla y disfrutarla, ahora hasta casi dentro de 20 años no veremos nada igual.

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