Todos los presidenciables tuvieron algo que festejar
Todos los presidenciables se las ingeniaron en el pasado súper domingo electoral para festejar algo y buscar nacionalizar resultados. Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa levantaron los brazos donde habían ganado sus candidatos afines.
Lo de Mauricio Macri era lógico y esperado. A través de Horacio Rodríguez Larreta, el PRO revalidó su gestión en el distrito porteño con un rotundo triunfo por 20 puntos de diferencia sobre su rival más inmediato, Martín Lousteau, de Energía Ciudadana Organizada (ECO). No obstante, el resultado no le alcanzó para evitar la segunda vuelta electoral, que enfrentará a ambos candidatos el 19 de este mes.
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El candidato de ECO confirmó ayer que no se bajará de la compulsa y que le dará batalla a su competidor de dentro de dos semanas. Con un 21,7 por ciento de los votos, el candidato kirchnerista Mariano Recalde se ubicó tercero. Cuarto en el podio se situó Luis Zamora, con casi el 4 por ciento de los votos. Su desempeño fue mejor que en las primarias, ya que logró desplazar a la candidata del Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT), Myriam Bregman.
Pese a la contundente victoria, los festejos del PRO fueron más bien sencillos porque como ellos mismos reconocían que, aunque era muy difícil, tenían la esperanza de ganar en primera vuelta, lo que hubiese significado un espaldarazo mayor para Macri que, no obstante se mostró eufórico y aprovechó la ocasión para ensayar un duro discurso contra el gobierno kirchnerista. Les achacó el pretender instalar una sensación de triunfo anticipado con vistas a las próximas elecciones.
Como no fue un buen resultado para el Frente para la Victoria, que esperaba ser parte del balotaje, tanto Recalde como la presidenta se dedicaron a exaltar como primera medida lo ocurrido con el plebiscito en Grecia, en donde triunfó el no al plan de austeridad propuesto por el Fondo Monetario Internacional. Claro que el candidato tuvo que cumplir con las formas y felicitar a los ganadores, pero esto lo hizo en una segunda instancia, soslayando su derrota. Una estrategia K recurrente la de minimizar o ningunear situaciones que no les son favorables.
En Córdoba tampoco hubo sorpresas: ganó la dupla que apoyaba José Manuel de la Sota, encabezada por Juan Schiaretti (Unión por Córdoba) con el 38 por ciento de los sufragios. Mientras que Oscar Aguad (Juntos por Córdoba) reunía el 33,5 por ciento, no tan lejos como se esperaba del ganador. Eduardo Accastello del Frente para la Victoria, cosechaba un magro 18 por ciento de los votos.
En este caso, junto con los cordobeses festejó Sergio Massa, que es socio de esta propuesta peronista en las Paso nacionales, para elegir el presidenciable del sector.
Tanto Schiaretti como De la Sota nacionalizaron el resultado provincial. Desde el escenario del festejo montado sobre la avenida General Paz, en el centro de la capital mediterránea, De la Sota levantó los brazos de su compañera de fórmula, Claudia Rucci, y de sus rivales en la interna del frente UNA, Sergio Massa y el intendente salteño Gustavo Sáenz, y presentó el triunfo local como el fin de la polarización que instalaron el Gobierno y algunos medios entre el kirchnerismo y PRO. Hoy hay dos perdedores: Daniel Scioli y Mauricio Macri, remató.
En la única provincia donde el oficialismo festejó fue en La Rioja, donde el kirchnerista Sergio Casas triunfo sobre el radical Julio Martínez. Hacia allí partió el candidato presidencial del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, quien llamó a la unidad del peronismo. También, al igual que Macri, tratando de utilizar lo sucedido en clave nacional. Aunque justamente medido en términos de las generales de octubre, haber ganado en La Rioja no es un gran aliciente si se consideran las derrotas en distritos numéricamente mucho más significativos como Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires.
De toda esta jornada electoral sólo la Ciudad de Buenos Aires pasará al balotaje y lo encararán Horacio Rodríguez Larreta y Martín Lousteau el 19 de este mes.
Siempre hubo segunda vuelta en el distrito porteño, ya que nunca un candidato logró en la primera elección superar la marca del 50 por ciento de los votos. En los comicios de 2000, Aníbal Ibarra le ganó a Domingo Cavallo la jefatura de gobierno porteño con el 49,3 por ciento de los votos contra el 33,2. Pero finalmente el exministro de Economía de Menem desistió de ir a la segunda contienda, por considerar que la diferencia era irremontable.
No ocurrió lo mismo en 2007, cuando Mauricio Macri sacó el 45,6 por ciento de los votos contra Daniel Filmus, que obtuvo el 23,7 en primera vuelta. En el balotaje, Macri obtuvo el 60,9 por ciento de los votos, contra 39 de Filmus. En 2011 se dio un escenario similar: Macri logró el 47 por ciento contra el 27,7 de Filmus. Y en la segunda vuelta el líder de PRO logró 64,2 por ciento de los votos y Filmus, el 35,7.
A pesar de la amplia diferencia y de las similitudes de las propuestas, Lousteau dijo que no se bajará de la segunda vuelta ni acordará con el PRO. Considera que hay que cumplir las normas por lo que no seguirá el ejemplo de Domingo Cavallo en su momento.
De manera que entre Paso, primera y segunda vuelta ya el distrito porteño llegará a las Paso nacionales con tres elecciones cumplidas.
Otro punto de la jornada a destacar es el exitoso debut de la boleta electrónica en la Capital. Se trata de un distrito populoso donde el sistema mostró ser efectivo, tanto a la hora del sufragio como del escrutinio, que fue ágil y transparente. Una muestra de que cuando hay voluntad política, los comicios pueden dar un salto cualitativo en cuanto a eficiencia y credibilidad.














