Todo apunta al copiloto del A320 como responsable de la catástrofe

Esta revelación espectacular, debida al análisis de una caja negra encontrada el martes en el lugar de la tragedia, coincidió con la llegada a Francia de familias de las 150 víctimas, que tuvieron la primicia de esas informaciones, antes de la conferencia de prensa dada por el fiscal de Marsella Brice Robin en el aeropuerto de Marignane.
Marignane, Francia, (AFP-NA) - Por Thibault Le Grand con Maria Carmona. La investigación sobre la catástrofe del Airbus A320 de Germanwings en los Alpes franceses dio el jueves un giro inesperado, con la revelación por parte de la justicia francesa de que el copiloto habría estrellado voluntariamente el avión.
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Esta revelación espectacular, debida al análisis de una caja negra encontrada el martes en el lugar de la catástrofe, coincidió con la llegada a Francia de familias de las 150 víctimas, que tuvieron la primicia de esas informaciones, antes de la conferencia de prensa dada por el fiscal de Marsella Brice Robin en el aeropuerto de Marignane (sur).
Los motivos del copiloto, un alemán de 28 años llamado Andreas Lubitz, siguen sin aclararse, pero el fiscal precisó que no estaba registrado como terrorista, información confirmada después por Berlín. La policía registró ayer sus dos viviendas, en Dusseldorf y en Montabaur, en el oeste de Alemania.
Esta tragedia toma una dimensión completamente inimaginable, declaró Merkel, agregando que esto va más allá del entendimiento, en una breve declaración a la prensa, en la cancillería, en Berlín.
El presidente del gobierno español Mariano Rajoy se declaró, por su parte, conmocionado por las revelaciones de la investigación. Entre las 150 víctimas, 50 eran españolas y 75 alemanas.
Sin indicios
El anuncio del fiscal francés causó consternación en Alemania.
Quería saber dónde vivía el asesino, gritaba ayer Hans-Dieter, un ciudadano de 50 años, cerca de la casa familiar de los Lubitz en Montabaur.
No hay el más mínimo indicio sobre lo que llevó al copiloto a cometer un acto tan horrible, aseguró Carsten Spohr, director de Lufthansa, casa matriz de Germanwings. Incluso en nuestras peores pesadillas, no habríamos podido imaginar semejante tragedia, dijo, entre sollozos.
Lubitz, que tenía 630 horas de vuelo, se quedó solo en la cabina de pilotaje tras la salida del piloto, accionó el botón de descenso y no le dejó abrir la puerta para volver a entrar, indicó el fiscal.
En la caja negra se oyen varias llamadas del comandante para pedir el acceso a la cabina de pilotaje, pero no hubo ninguna respuesta del copiloto, agregó.
Lubitz, cuya respiración regular se oye hasta el final, no respondió tampoco a las llamadas de la torre de control que se dio cuenta del descenso anormal del aparato.
La interpretación más verosímil es que su gesto puede analizarse como una voluntad de destruir el avión, aseguró Brice Robin.
El copiloto trabajaba para Germanwings desde septiembre de 2013.
Unas 200 personas, parientes de las 150 víctimas, llegaron ayer a la zona de la catástrofe y fueron trasladados cerca del lugar en el que se estrelló el avión en la más estricta intimidad y lejos de la prensa.
El fiscal les aseguró que los pasajeros murieron instantáneamente y que no se dieron cuenta de que el avión se estrellaba hasta el último momento.
En los últimos segundos antes del choque contra la montaña, la grabación de 30 minutos deja oír la alerta señalando la proximidad del suelo y los gritos de los pasajeros.
Ayer se reanudaron las operaciones de rescate de los cuerpos y de búsqueda de la segunda caja negra, la que contiene los datos del vuelo, que sigue sin ser encontrada. Forenses acompañados por gendarmes especialistas de la montaña fueron llevados en helicóptero hasta el sitio.
Según el teniente-coronel Xavier Vialenc, los gendarmes tratan de recuperar todo lo que pueden. La tarea será larga, muy larga, al menos 15 días, dijo.
Las familias de víctimas que llegan a la región pueden recogerse en capillas ardientes organizadas en dos localidades cercanas, Seyne-les-Alpes y Le Vernet.
















