Terminó la persecución, empieza la lucha contra el narcotráfico
Finalmente, cayeron los tres fugados del triple crimen de General Rodríguez. Una persecución que terminó resultando como una novela para los argentinos que seguíamos paso a paso lo que sucedía por los medios de comunicación.
Una vez concluida la saga se pueden analizar los aspectos positivos y negativos de esta cacería que, como dijimos desde el comienzo, se vio más favorecida por los vecinos que arriesgaron sus vidas dando pistas reales que por las fuerzas de seguridad que mostraron que saben de trabajo conjunto. Es más, hubo celos entre las fuerzas, lo que conspiró para dilatar el resultado y, sobre todo, complicidad desde el minuto uno de la fuga.
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Matemática, a marzo
El plan es durar y que le explote al que sigue
La ciencia y la tecnología en un país en crisis
Por eso decimos que podemos analizar y hasta congraciarnos con el resultado del episodio, pero de ningún modo cabe utilizar la palabra éxito.
La realidad es que se logró detener a los tres prófugos porque se accidentaron, se agotaron antes de llegar a la ruta que los llevara a Paraguay, necesitaban hidratarse y comer y se contó con la inestimable colaboración de vecinos y de la Policía de Santa Fe, pero no los altos mandos, los simples policías de pueblo que todos conocen en sus pequeñas ciudades.
Esto es lo que debe llevar a una reflexión profunda al área de seguridad tanto de la Nación como de las provincias, porque desde el Servicio Penitenciario, hasta las distintas jerarquías de todas las fuerzas, hubo complicidades en todos los niveles y también una ineficiencia manifiesta.
Este capítulo de la historia argentina evidenció una acumulación de fracasos en la verdadera lucha, que es mucho más compleja que tres recapturas.
Este nuevo gobierno asegura estar dispuesto a dar batalla sin cuartel al narcotráfico. Y así lo ratificó la ministra Patricia Bullrich en la conferencia de prensa tras el final de la búsqueda. Dijo que el narcotráfico tiene raíces muy profundas y que van a ir a fondo en estas redes. Adelantó que es una tarea que va a llevar años y que va a tener momentos desagradables y sin sabores, pero que habrá tolerancia cero para las complicidades y para los amigos del narcotráfico.
Lo peor que puede hacerse con el sucio negocio es circunscribirlo a un sector social, político o económico. Está en todos lados, atraviesa en distinta proporción a todos los bolsillos, compra voluntades de cualquier calibre. Al punto en el que estamos hoy, con una generación destruida por el Paco, células de cárteles y sicarios, y con las fuerzas de seguridad perforadas por el poder de la droga, no se llega en poco tiempo sino que ha demandado años. Los mismos que llevará revertir la situación. Por lo que es importante que el cambio empiece en los cuarteles desde donde se dará batalla, para que la continuidad de la lucha esté garantizada cualquiera sea el signo político que gobierne el país.
Macri, Vidal, Bullrich y Ritondo, como mascarón de proa de la búsqueda de las últimas semanas, contaron como mano de obra con fuerzas plagadas de bolsones corruptos, empezando por el Servicio Penitenciario que habilitó la salida de los tres criminales.
Y a cada paso fueron evidentes las complicidades, las desconfianzas, las desinteligencias.
Es muy importante que las fuerzas de seguridades sean dotadas de eficiencia, de recursos, de capacitación, de buenos sueldos, de orgullo, como primer paso para constituir un contrapeso a la parafernalia de los narco. Y lo mismo debe suceder en los ámbitos político y judicial de una vez por todas y para siempre. De lo contrario, la pelea planteada por Macri no saldrá de la retórica.
Lo más importante es que el Gobierno tiene plena conciencia de que si no se ataca el problema de la droga ahora iremos directo a convertirnos en un narcoEstado, un país, como sucede en otros, donde las bandas narcos ponen diputados, jueces, senadores y hasta influyen para poner al presidente. Ese es el fin del Estado de Derecho tal como lo conocemos, es el fin de la democracia, del valor de la vida humana y del futuro de las generaciones venideras.
Pero lo cierto es que para las fuerzas de seguridad conjuntas no fue un éxito haber encontrado a estos tres gatillos porque eso es lo que eran en la jerarquía de la banda que dirige, Ibar Esteban Pérez Corradi. Este sujeto está prófugo desde hace tres años y medio y hasta esta circunstancia nada se hablaba de él. Se trata del referente del Cartel de Sinaloa en Argentina. Sí, la agrupación comandada por el recapturado Chapo Guzmán. Así está nuestra Argentina. Y se ha negado sistemáticamente esta realidad, además de haberse arbitrado todos los medios para que se profundizara. Recordemos la desradarización en el norte y Gendarmería siendo sacada de las fronteras por citar sólo algunas de las nefastas acciones. Y ni hablar de lo que no se hizo en los barrios más humildes, en las cárceles, en el Congreso.
Ya no podemos caer en ninguna ingenuidad, el narcotráfico ha perforado fuerzas de seguridad, Justicia y sectores políticos y esto es muy grave, porque la tarea a realizar es titánica, y el Gobierno a quien cabe la mayor responsabilidad no va a poder solo si la sociedad no toma conciencia de que no vale comentar en bares y confiterías, dónde se venden drogas, como si fuese un gracia. Habrá que hacer denuncias, anónimas o como les parezca, pero en este problema nos va la vida a todos.
Esperamos mucho del gobierno de Macri, más de lo que exigimos a otros quizá porque el problema del narcotráfico ha ido in crescendo y a ellos les tocó la durísima tarea de ir desandando este camino.















