Seis meses de Trump envueltos en escándalos
Donald Trump cumplirá el jueves seis meses en la Casa Blanca como uno de los presidentes más controvertidos de los Estados Unidos y con la valoración más baja de un jefe de la Casa Blanca, en los primeros meses donde, generalmente, hay luna de miel entre mandatarios y votantes.
El sistema electoral indirecto del país del norte colabora claramente a que pueda darse la paradoja de que el que más votos obtuvo no sea el presidente. En este caso la más votada fue Hilary Clinton, pero Donald Trump logró más delegados tras su triunfo en estados claves. Esto sumado a una enorme grieta que se abrió en Estados Unidos a raíz de las propuestas extremas del mandatario, da como resultado una Norteamérica casi desconocida. Marchas callejeras en las grandes ciudades, protestas por las propuestas de Gobierno, desde la construcción de un muro con México hasta la política migratoria extrema.
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Y si algo faltara, el fantasma del impeachment (cita al Parlamento para una interpelación) que se escucha en Washington, toda vez que siguen apareciendo indicios y revelaciones sobre las conexiones del grupo Trump con Rusia y prosigue la investigación de ese escándalo, por el cual los moscovitas habrían colaborado haciendo inteligencia para que ganara el presidente.
Trump inició su presidencia el 20 de enero bajo lemas que remiten al cierre de fronteras comerciales, una suerte de ir paulatinamente dándole la espalda a la globalización. Incluso pasó a la acción en este sentido, ya que en estos seis meses generó la salida del Acuerdo Transpacífico y del Acuerdo de París sobre cambio climático. Impulsó el veto migratorio a musulmanes que frenado en varias ocasiones por los tribunales, porque en muchos casos se trata de inmigrantes que hace años viven en Estados Unidos e incluso ocupan espacios destacados en la investigación o en grandes empresas. Estos extranjeros con permiso para trabajar allí, al salir del país luego se les prohibió el ingreso y tuvo que actuar la Justicia para permitir el reingreso. También fue una bomba el intento de revocar la reforma sanitaria que hizo Barack Obama y que beneficia a millones de americanos.
Ya desde la campaña Trump se enfrentó duramente con los grandes medios de comunicación que, era visible, apoyaban más a Hilary. En esa ecuación eligió el camino de la pelea a campo abierto, usando el Twitter para lanzar mensajes políticos y atacar a medios de comunicación y periodistas críticos, lo que una vez asumido siguió haciendo. La pelea entre el Gobierno y los medios es sin precedente en la historia de la primera potencia mundial.
Dicho esto sin asustarnos de nada, porque los argentinos sabemos bien de estas peleas entre oficialismo y medios. En este caso particular, estamos frente a una nación que si bien es claramente democrática, lleva dos presidentes asesinados en el cargo, lo que habla de cierta raíz autoritaria de los sectores de poder en los Estados Unidos.
Lo cierto es que los medios norteamericanos lo critican sin piedad, dicen que es un niño que se viste de hombre, que es un bribón disfrazado de caballero y que están ante un experimento muy peligroso que no saben dónde va a terminar. Esta lucha sumada a encuestas que lo muestran cada vez más a la baja, generan una suerte de tormenta perfecta, cuyo futuro es incierto.
Tanto que cuando cumple seis meses, su cuota de rechazo se ha agrandado. Solo el 36 por ciento de los estadounidenses aprueba su gestión como presidente, frente a un 58 que lo rechaza, según la última encuesta que publicaron ABCNews y The Washington Post.
En Estados Unidos, como en la Argentina y en la mayoría de los países occidentales, los mandatarios aprovechan el primer año de Gobierno para aprobar las leyes más importantes para su gestión y que son, normalmente, promesas de campaña. No es lo que sucede con Trump, que fue electo por el sector de los conservadores, pero sus parlamentarios no le aprueban las iniciativas y tras medio año sin resultados, está bajo la presión del tiempo.
La construcción de un muro en la frontera con México fue su principal propuesta de campaña, pero aún no tiene financiación para comenzarlo. El gran tema comercial en campaña fue la renegociación del Nafta, el tratado de libre comercio con México y Canadá. En un mes comenzarán las negociaciones para modificarlo.
En el Congreso buscan aún una victoria en la promesa legislativa más importante de su campaña: remplazar Obamacare, la reforma sanitaria con la que su antecesor dio acceso a un seguro de salud a millones de personas y que rechazan tanto la base de sus votantes como los más conservadores de los republicanos.
Y si faltara algo para irritar a la ciudadanía, todos los días se descubre algo nuevo del Rusia-gate, un escándalo que genera cotidianamente entrevistas, ruedas de prensa, tapa de todos los periódicos, porque la sucesión de nuevas revelaciones es incesante. Uno de los errores del propio Trump se produjo cuando despidió al entonces jefe del FBI, James Comey, que había confirmado públicamente haber sido presionado por el mandatario para que dejara de investigar a Michael Flynn, entonces asesor de seguridad nacional y el primer nombre al que se apuntó en este escándalo. Luego llegó, entre otros, el de su yerno, Jared Kuchner, y acaba de aparecer el de su hijo Donald Trump Jr.
La Justicia ya se ha puesto en marcha con este tema y hay dos investigaciones, una la del fiscal especial Robert Mueller y otra la de los comités del Congreso. El comité de inteligencia del Senado quiere que allí testifiquen Kuchner y Donald Trump Jr. La primera, que se prevé larga, es la que podría acabar en una acusación concreta que sirviera de base para un impeachment, un proceso que podría terminar en destitución. Todavía es pronto para hablar de una concreción de este proceso, pero los primeros seis meses de Trump se podrían titular: los meses que vivimos en peligro, porque así lo parecen sentir los americanos.














