Se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Juan Miguel Echecopar

A veces la idolatría es tan inmensa, que uno se olvida que personas como Juan Miguel Echecopar que adornaron nuestras paredes, repisas, videotecas y son humanos como nosotros. De esos que pasan tardes en sus casas junto a su familia, que comen como uno, que pasean por ciudades y que, irremediablemente -como nosotros- mueren también, aunque es su presencia física, la que duele, la otra que está en la memoria y el corazón de quienes disfrutaron de sus goles, hazañas y enseñanzas nunca se podrán olvidar en cada simpatizante del fútbol o pergaminense que conoció a, según muchos señalan, el jugador más destacado de la ciudad de todos los tiempos.
Mañana se cumplirá el noveno aniversario del fallecimiento de Juancito como le decían en cada rincón de su querido Pergamino, ese que disfrutó sus títulos con Estudiantes de La Plata, su paso por el fútbol de España y además las presentaciones con la camiseta de la selección de nuestra ciudad, Traficos Old Boys, Lucini o Douglas Haig. También el fogonero recordará aquella tarde de gloria en Tandil cuando en 1986 junto a un grupo de valientes llevó a Douglas Haig a jugar por primera vez en la categoría más importante del fútbol de ascenso.
Echecopar fue sinónimo de honestidad, trabajo, dedicación y por sobre todas las cosas de humildad, esa simple palabra que solo los grandes de verdad puede seguir teniendo a pesar de sus enormes logros.
Un 29 de marzo y luego de estar internado por un problema cardíaco, Juancito nos dejó físicamente y cada vez que su querido rojinegro juega su figura parece sobrevolar el estadio de la avenida Champagnat, que desde hace un tiempo cruza con la avenida que lleva su nombre en un acto de justicia.
El Maestro seguramente desde el cielo estará acompañando al me¬jor equipo que le tocó dirigir: su familia, esa que conformó con el amor de su vida, Rosarito, y que fruto de esa relación llegaron tres hijos, dos nueras y un yerno y posteriormente los nietos.
Mañana será un día triste, como lo fue hace casi una década, pero a Juan Miguel Echecopar se lo debe recordar con una sonrisa, esa que nunca le negó a un vecino de la tierra que lo vio nacer.




