Se acercan las elecciones, ¿comienza la “temporada alta”?
Resta un año para las elecciones legislativas, los comicios de medio término, y si bien para el hombre de a pie esto pueda parecer un lapso más prolongado, para la dirigencia política la votación está a la vuelta de la esquina. Sin duda que son tiempos percibidos de muy distinta manera para quienes están lejos o quienes están cerca del poder.
Y para comprender la etapa que vamos a comenzar a atravesar en el plano político, es necesario partir de la base de que el desempeño del Gobierno nacional y provincial en Buenos Aires, el mayor distrito del país, dependerá, casi exclusivamente, de la situación económica. No hay sector político ni oficialista ni opositor que desconozca esta realidad, que la gente vota con el bolsillo muchas veces, incluso, con total prescindencia de otros aspectos importantes como la institucionalidad o la transparencia.
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Concretamente, si la sociedad percibe mejoras o una tendencia al crecimiento, acompañará al oficialismo. De lo contrario, al presidente le costará mucho imponerse o bien sufrirá una derrota si la inflación, el empleo y el poder adquisitivo sigue en caída libre. Lo mismo le pasará a la gobernadora y a los intendentes, en nuestro caso a Martínez: sus logros sobre el bienestar de la gente repercutirá en el triunfo o derrota de sus candidatos a legisladores y concejales.
Macri necesita un 2017 donde se pueda borrar el mal humor generado por el ajuste y la recesión en este 2016. Porque para la elección por venir, el argumento de la pesada herencia ya no surtirá el mismo efecto que en los primeros meses de la administración.
Y es aquí donde se comenzarán a ver los sutiles o bruscos (ya veremos) cambios de timón a que pueda recurrir el Gobierno para asegurarse los votos en los comicios de medio término. Son los momentos en los cuales se tratan de morigerar los ajustes y se vuelca hacia la sociedad todo aquello que pueda mejorar la situación: más obras públicas, aumento de planes sociales, incrementos en las partidas de ayuda de todo tipo. ¿Macri será la excepción a todos los gobernantes que conocemos? ¿Se mantendrá impávido con su rumbo aunque muchos votos independientes se desmoronen? Reconociendo la importancia de las elecciones de medio tiempo para poder ampliar el poder legislativo sería difícil que no cayera en el populismo a cielo abierto.
No es difícil de comprobar el aceleramiento que adquieren las gestiones en la etapa pre electoral. Se ve por ejemplo en la obra pública, este año muy retaceada en el Gobierno nacional y con anuncios y lanzamientos para el año que viene. Se nota también en las áreas sociales, donde la distribución de alimentos, todo tipo de elementos y otros beneficios se exacerba. Lo más probable es que el vecino que, por ejemplo, se acerque a pedir chapas para su casita no las reciba ahora sino dos meses antes de las elecciones, como para explotar al máximo el impacto sobre la decisión del voto. También se postergan decisiones económicas duras, y se promueven aquellas que el electorado verá con agrado.
Porque, en definitiva, lo que se intenta es lograr empatía con los electores y la realidad es que si solo ofrecen ajuste y noticias antipáticas, aunque fueran necesarias, es imposible en la práctica lograr apoyos mayoritarios en los votos. Y en este sentido, como sociedad de un modo indirecto (o no tanto) fomentamos esta actitud de la política de hacerle el novio a los votantes durante los comicios.
En Pergamino históricamente hemos atravesado las mismas etapas, años no electorales en que el gasto se retrae y los electorales (que se dan cada dos años) en que el gasto se acelera. En los barrios de nuestra ciudad se les dice irónicamente la temporada alta, es el momento para pedir ladrillos para hacer una habitación más, sanitarios para el baño que está inutilizable, chapas para los techos, indumentaria para adultos y niños, vales de alimentos. Y la verdad es que nada de esto es innecesario, al contrario, los sectores vulnerables de nuestra ciudad tienen verdaderas urgencias que atender. El problema es que no pueden esperar muchas veces a los períodos pre electorales para que le den la frazada o el colchón que necesita el hijo menor. Es que la pobreza existe, como bien sabemos, y en los años de retracción económica muestra su rostro más amargo.
La Municipalidad local, en este primer año de gestión de Javier Martínez, viene recibiendo importantes aportes provinciales para obras públicas, lo cual no puede menos que alegrarnos, tras haber pasado muchas gestiones a pico seco, porque no había coincidencia política para con la Provincia. Aun así, vale destacar que en la gestión de Héctor Gutiérrez se pudieron hacer obras importantes, con enorme esfuerzo local como el Viaducto o la peatonal San Nicolás y los cordones cuneta en consorcio con los vecinos, porque no se le otorgaban fondos a Pergamino para nada, ni los planes federal llegaban hasta aquí.
Actualmente tenemos en marcha importantes trabajos producto del apoyo recibido del Gobierno bonaerense, a la vez que la Comuna, con fondos propios, se ocupa de pequeñas cosas que le competen a su presupuesto y que son importantes igualmente para los vecinos. Sin embargo se nota un nivel excesivo de austeridad en la mayoría de las áreas. Es una queja de pasillo habitual de secretarios y directores la escasez de presupuesto y lo que cuesta sacarle un mango a Martínez para hacer algo. Todos los funcionarios tienen, de acuerdo a lo que dicen y muestran además, órdenes expresas de ahorrar al máximo y no está mal que cuiden los dineros públicos. Siempre y cuando a la hora de la rendición de cuentas no tengamos que ver el triste espectáculo de presupuestos muy necesarios subejecutados. Y esos fondos engrosando el rubro de gastos generales o de partidas que por efecto de la inflación al fin resultaron inexistentes.
El año que viene será un período testigo para conocer cuáles son las motivaciones de la administración municipal para esta política achicar al extremo las erogaciones, porque allí veremos si en esta primera etapa se manejó gran austeridad por el temor propio de contar con un presupuesto que parece grande pero la inflación lo convierte rápidamente en chico, precaución por ser la primera vez que administraban fondos municipales, o bien porque es su estilo de hacer las cosas. Si de este tenor fueron las razones, 2017 tendría que ser más o menos igual. Ahora, si el año que viene el dinero fluye y los fondos aparecen, sabremos que habremos pasado un 2016 de ahorro furibundo para salir con todo en el año electoral, que la gente note la diferencia lo más cerquita de los comicios para que vaya a votar con su memoria reciente. Si así se dan las cosas, se estará cumpliendo con el paradigma de siempre respecto de que viene la temporada alta para los sectores más vulnerables.
No es difícil de detectar este comportamiento que en tantas administraciones anteriores, radicales y peronistas, nos hemos cansado de ver. De modo que ya tenemos el ojo acostumbrado a esta actitud.
Realmente lo deseable, lo esperable es que en la medida de las posibilidades, la Municipalidad trate de resolver las problemáticas urbanas y sociales todos los días de todos los años, sin esperar el período electoral para que venga Papá Noel a distribuir lo que se escamoteó durante el período no político.















