Salud para todos: una consigna de la OMS que interpela a construir ciudadanía
Hace unos días la conmemoración del Día Mundial de la Salud volvió a poner en agenda cuestiones medulares de la agenda sanitaria. Como cada año, la efeméride sirvió para establecer un eje temático y habilitar discusiones que resultan orientadoras para el establecimiento de políticas públicas a escala global. En esta ocasión la consigna establecida por la Organización Mundial de la Salud fue "centrarse en el camino hacia el logro de la salud para todos" y desde este concepto se efectuó una interpelación a los líderes mundiales orientada a indagar en el estado de sus sistemas sanitarios instando al fortalecimiento de un modelo basado en la atención primaria de la salud, entendido como aquel que guía sus estructuras y funciones hacia los valores de la equidad y la solidaridad social, y el derecho de todo ser humano a gozar del grado máximo de salud que se pueda lograr sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social.
Los principios que se requieren para mantener un sistema de esta naturaleza son la capacidad para responder equitativa y eficientemente a las necesidades sanitarias de los ciudadanos, y una rápida mirada sobre algunos datos que maneja la propia OMS confirman que resta mucho camino por transitar. Al menos unos 3600 millones de personas en el mundo- lo que equivale a la mitad de la población mundial- sigue sin acceder a una cobertura plena de servicios de salud esenciales. Si a ello se le suma el hecho de que, a pesar de los compromisos asumidos, no todos los países han puesto en marcha los programas orientados a fortalecer el primer nivel de atención, el panorama es bastante complejo porque desatiende uno de los derechos humanos esenciales.
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La realidad muestra que la medicina, tal como la conocemos, aportó y aporta muchas soluciones, pero tiene desafíos que aún no fueron resueltos porque sus soluciones son uno a uno; piensa en personas, en individuos y no en colectivos.
Así llegamos a este momento en el que la vida de cada persona sigue marcada a fuego de acuerdo con el lugar que nació o con el contexto en el que desarrolla sus actividades.
En el plano de la atención primaria de la salud, Argentina cuenta con un modelo reconocido en el mundo. Sin embargo, la propia fragmentación del sistema de salud y el modo en que en la práctica se ejerce la APS generan dificultades que exigen revisiones constantes, atendiendo fundamentalmente un presente en el que crecen significativamente los niveles de demanda de atención en los efectores públicos.
Tanto a nivel global como local, la realidad exige volver sobre la idea de que la salud puede ser un agente de cambio y de transformación social. Y para ello resulta vital asumir la salud comunitaria como herramienta capaz de mirar allí donde hay que hacerlo mostrando con total crudeza aquellas cuestiones sobre las cuales hay que trabajar.
Tal vez es momento de pensar las transformaciones medulares del sistema de salud haciendo eje en el concepto de salud comunitaria que demuestra y enseña que no son suficientes las respuestas individuales y que la igualdad en materia sanitaria solo se alcanza desde una mirada colectiva, que atienda las urgencias pero que también trace las líneas de acción del mediano y largo plazo.
Para eso sirve la salud comunitaria, para identificar que, si se ocultan las causas sociales, políticas y económicas de la salud, y sólo se afrontan las causas biológicas, se está contribuyendo a reproducir desigualdades.
En este aspecto, los señalamientos efectuados por la OMS en un nuevo Día Mundial de la Salud sirvieron una vez más como el puntapié para sostener reflexiones necesarias y afianzar políticas que fortalezcan esos aspectos de la salud que hacen no solo más accesibles los cuidados médicos, sino que atienden todas aquellas dimensiones de lo social que intervienen en el concepto de salud integral y favorecen el bienestar más allá de cualquier coyuntura política o económica.
Sin hacer de la salud una política de estado, cualquier consigna que proponga una efeméride resuena como utópica. La política bien entendida está llamada a transformarse en verdadera herramienta de cambio social en materia sanitaria. Y para ello el primer paso es el establecimiento de políticas públicas que resulten efectivas y sean acompañadas por inversiones acordes. Y el segundo es entender que el cuidado de la salud y la posibilidad de acceso a ella no es una cuestión individual sino colectiva. El involucramiento social es condición necesaria para pensar una salud que verdaderamente sea de todos. Y para acercar a las sociedades al logro de ese objetivo que hoy aparece apenas como una consigna, resulta conveniente fortalecer la convicción de que las soluciones nacen de encuentros participativos, que hay que pensar la salud como un sistema único independientemente de las particularidades prestacionales y que hay que trabajar sobre los determinantes sociales de la salud para entender que el bienestar de la población no es solo una cuestión de asistencia médica.
La invitación de la OMS en un nuevo Día Mundial de la Salud quedó planteada. Tal vez llegó el tiempo de asumir que cuando se piensa en salud se está hablando de construir ciudadanía.














