Salud: pandemia, transición, amenazas y la tarea común de aplicar lo aprendido
Por estos días son varias las discrepancias que se han generado en torno a la pandemia y a la situación epidemiológica que plantea la irrupción de otros virus respiratorios que parecen haber adelantado su curso en la antesala del período del año en el que suelen aparecer. La baja sostenida...

Por estos días son varias las discrepancias que se han generado en torno a la pandemia y a la situación epidemiológica que plantea la irrupción de otros virus respiratorios que parecen haber adelantado su curso en la antesala del período del año en el que suelen aparecer.
La baja sostenida de los casos de Covid-19 motivó que en Caba y otros distritos se tomara la decisión de transformar en opcional el uso del tapabocas en ámbitos educativos. De la mano de ello surgieron controversias entre quienes consideraron apresurada la medida y entre quienes entienden que la pandemia ya ha terminado.
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En contraposición a ello, la advertencia de las autoridades sanitarias y buena parte del arco médico y científico respecto de que una nueva variante silenciosa ha pasado a ser el principal foco de preocupación de la pandemia: la subvariante B1.2 de Omicrón mantiene en alerta al mundo. Según se sabe al igual que su predecesora, es altamente transmisible y los casos en algunos lugares como China y algunos países europeos, se encuentran en aumento. Sin embargo, los refuerzos de los planes de vacunación mantienen la esperanza de que la película que muestre la epidemiología en esta geografía esta vez esté lejos de las posibilidades de colapso.
De la mano de esto, se ha generado en el país una alerta por el incremento anticipado de casos de gripe A, una situación que aunque lejos de lo que sucedió en 2009, hace suponer que será un virus predominante capaz de generar tensión en el sistema sanitario si no se toman en tiempo y forma las medidas adecuadas para proteger fundamentalmente a la población susceptible de desarrollar cuadros graves de la enfermedad por condiciones de salud previas o factores de riesgo.
En este contexto, surge una nueva pregunta en torno a cómo será vivir con una pandemia que aún no ha pasado y otras enfermedades que aparecen producto de cuestiones estacionales, de la naturaleza propia de los virus y de la dinámica de una vida que ya no está sujeta a tantas restricciones.
En cualquier escenario e independientemente de las medidas sanitarias que puedan instrumentarse en una contingencia en la que surja una nueva ola de Covid-19, acompañada de la concomitancia de otras enfermedades respiratorias estacionales, la principal herramienta es no descuidar lo que se ha aprendido en la emergencia sanitaria que tuvo en vilo al mundo y que lo mantiene en alerta desde hace más de dos años. Cuando se habla del coronavirus como una enfermedad endémica, quizás se está haciendo referencia a esto, a la posibilidad de convivir con la potencialidad del contagio sin que esto afecte otras dimensiones de la vida individual y social ni represente una amenaza. Pero para ello, será tarea no abandonar los aprendizajes obtenidos.
En primer lugar, seguir fortaleciendo la vacunación para alcanzar niveles de cobertura que en todas las franjas etarias se transformen en un pasaporte para el sostenimiento de actividades que han podido reestablecerse. Y en el mismo sentido, seguir sosteniendo los programas de colaboración para democratizar el acceso a las vacunas y achicar la brecha con aquellos países que aún no han logrado los niveles de alcance necesarios.
En segundo lugar, no descuidar las medidas individuales de cuidado. Más allá de los debates que genera el uso del tapabocas- los mismos que generaron otras medidas adoptadas en los momentos más complejos de la pandemia- entender que del cuidado propio depende también la salud colectiva. Un concepto repetido de estos últimos años que no debe abandonarse. Quizás porque las sociedades tienden a relajar las previsiones cuando se tienen indicadores favorables, aquellas que tienen que ver con la salud no deben relajarse. Esas viejas sanas costumbres como lavarse las manos o ventilar los ambientes y no compartir elementos de uso personal, resultan hábitos que han vuelto para quedarse.
Pero no solo pensando en la Covid-19 en que algunas cuestiones deben estar en el primer lugar de la atención de autoridades sanitarias y de los propios ciudadanos. También pensando en la gripe A hay medidas que resulta necesario exigir y cuestiones que hay que respetar. Es obligación del Estado hacer la previsión correspondiente para garantizar que las vacunas estén disponibles en tiempo y forma y que cada persona que necesite cumplir con su esquema de inmunización pueda hacerlo sin inconvenientes. Asimismo, y en un escenario en el que se aventura que la circulación de virus respiratorias será intensa, no hay que desatender el armado de las estructuras de atención y los planes de contingencia que exigen de insumos y recursos.
Si algo ha mostrado el tránsito por la pandemia de coronavirus, es que el sistema de salud solo funciona si los actores que lo conforman se integran. En este aspecto, trabajar articuladamente en estas y otras enfermedades de denuncia obligatoria resulta algo vital. Aunque con las resistencias que generó en un principio, la estrategia del control de camas centralizado puede resultar de utilidad se piensa en un invierno en el que las internaciones puedan crecer a causa de complicaciones por patologías respiratorias. También el trabajo coordinado de todos los efectores, tanto del subsector público como privado en las diversas dimensiones de la atención de una situación de salud que pueda tener implicancias no solo en términos sanitarios.
Aunque los principales especialistas y referentes sanitarios son optimistas en cuanto al futuro, hay alarmas que se encienden cada vez que irrumpe una nueva variante del virus Sars-COV 2, o cuando se anticipan cuadros de influenza u otros virus respiratorios, quizás porque el sistema de salud quedó estresado y porque la propia sociedad está más susceptible ante cualquier amenaza.
Sin aventurar ninguna catástrofe, tal vez haya que entender que se está en un momento de transición y que la pandemia mostró que las emergencias sanitarias son plausibles de ocurrir en cualquier momento y que la anticipación resulta primordial al momento de ensayar posibles escenarios.
Quizás nada sea como lo que ya se vivió y la naturaleza de enfermedades y mutaciones de virus, variantes y subvariantes que puedan aparecer no igualen a la tragedia que propuso la pandemia durante los últimos dos años. Pero tal vez, las enseñanzas que dejó sirvan para contener las situaciones que se puedan presentar. Nadie puede aseverar cómo será el futuro. Lo que sí es cierto es que la globalización, la naturaleza de la vida en sociedad, la interacción de personas a escala planetaria, la desigualdad en el acceso a la salud y otros muchos factores generan las condiciones propicias para que las emergencias sanitarias ocurran. Y lo mejor que puede suceder frente a ellas es estar preparados.












