Robertino Canavesio contó la fea experiencia que vivió en un partido por el calor
En diálogo con Olé, el zaguero surgido en las divisiones inferiores de Douglas Haig relató la experiencia. “Nunca sufrí tanto”, dijo el jugador.
Los jugadores se metían con botines puestos en palanganas llenas de agua helada para mitigar el dolor, ya que los pies, literalmente quemaban sobre el pasto sintético del estadio “Passo D’Areia”. Gremio perdió y en todo sentido. Incluyó suplentes ante un San José que sorprendió a los 34 minutos con el gol de Jean, mientras que lo único que celebraba la escasa concurrencia de 2.000 personas eran los centímetros cuadrados de sombra que podían encontrarse.
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Según el informe del periodista Filipe Gamba, de Rádio Gaúcha de Brasil, la térmica llegó a los 67 grados y un pergaminense fue testigo dentro del campo de juego, Robertino Canavesio. El zaguero central de 20 años con pasado en Sarmiento de Junín en la Primera B Nacional y una lucha interminable en el Parma italiano a la espera de una ciudadanía que se hizo desear y que no lo dejó debutar.
Ampollado en todos los sectores de sus pies, Canavesio le relató a Olé: “Fue una locura, nunca me pasó esto. Nunca sufrí tanto para jugar al fútbol. La mayoría estamos con los pies quemados todavía. Yo aguanté los 90 minutos pero se me hacía imposible seguir jugando. Tenemos marcas por todos lados, dolores e hinchazones, encima a los dos días tuvimos que volver a los entrenamientos. El terreno estaba muy caliente y el piso muy duro. Es una vergüenza jugar en pasto sintético y a las cuatro de la tarde”.
Más de la fea vivencia
El defensor también comentó en Olé cómo hizo para aguantar los noventa minutos en esas condiciones: “Había que controlar la pelota y hacer correr al rival. De todas maneras se hizo un partido muy estático por la temperatura, casi ni se corría. Si hacías dos piques seguidos, te morías, no tenía resto para seguir jugando. El calor afectó a los dos, pero ellos estaban más acostumbrados. Lo que más complicó fue jugar con ampollas gigantes”.
Recién a los 17 minutos del período inicial el partido fue detenido por el árbitro del encuentro para que los jugadores pudieran hidratarse y para que pongan los pies en remojo. El receso duró apenas cinco minutos y luego el encuentro se reanudó: “Valía todo, baldes de agua, hielo, botellas congeladas, cualquier cosa para poder pasar el calor”, expresó el pergaminense, que está afrontando su segunda temporada en el conjunto brasilero.
Tan complicado fue afrontar el partido para los jugadores, que en el segundo tiempo no podían pisar por las ampollas que tenían. Y así y todo, los futbolistas no renunciaron al juego y debieron continuar en la cancha. “El lateral derecho nuestro no podía caminar. Lo tuvimos que ayudar entre varios chicos para llevarlo al vestuario”.










