Rescatar lo positivo para el aprendizaje social
En el último año y medio la mayor parte de los relatos públicos han estado asociados a los efectos negativos de la pandemia y al inmenso dolor social que su irrupción ha causado a escala planetaria. Salvo las lecturas iniciales de cierto optimismo que circularon en un intento por destacar...

En el último año y medio la mayor parte de los relatos públicos han estado asociados a los efectos negativos de la pandemia y al inmenso dolor social que su irrupción ha causado a escala planetaria. Salvo las lecturas iniciales de cierto optimismo que circularon en un intento por destacar la idea que con los confinamientos obligatorios el planeta se estaba limpiando y los niveles de contaminación descendiendo, poco se ha rescatado positivamente de esta experiencia tan disruptiva para la historia de la humanidad.
En un marco de profundo respeto a quienes han perdido seres queridos en esta tragedia que aún no ha terminado, en términos colectivos hay algunas cuestiones que merecen destacarse y erigirse en apuntes desde los cuales tomar registro de lo vivido para comenzar a gestar la agenda del tiempo por venir que será complejo en todas las dimensiones de la vida de las sociedades que han sufrido el golpe implacable de la pandemia.
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El espíritu de este comentario es ese: intentar hacer foco en aquellos aspectos que sociológicamente pueden considerarse positivos con el solo propósito de no perderlos de vista.
En marzo de 2020 la emergencia sanitaria descolocó al mundo. Nadie hubiera imaginado que la vida iba a cambiar tan radical y abruptamente, que las poblaciones iban a quedar confinadas y que el uso de elementos de protección personal como barbijos y mascarillas iba a transformarse en la moneda corriente para la interacción social. En un mundo interconectado, el distanciamiento se transformó en la llave para evitar contagios y las pautas más simples de la vida cotidiana cambiaron.
No obstante, hoy que comienza a vislumbrarse un horizonte, se abre un espacio propicio de oportunidad para rescatar aquellos aspectos positivos que surgieron en este tiempo.
Siguiendo las reflexiones que en estos meses han hecho los principales referentes del mundo, tanto del campo científico como social, un aspecto positivo de la pandemia fue la posibilidad de hallar vacunas. Fruto de la enorme capacidad de coordinación, cooperación y solidaridad que ha tenido lugar dentro de la comunidad científica, en un breve lapso de tiempo fue posible obtener varias plataformas de vacunas y poner en marcha a escala planetaria un plan de vacunación que, si bien fue desigual, permitió dar un paso importante en el control de la pandemia. Si no hubiera existido inversión y una fuerte capacidad instalada con recursos humanos altamente calificados, estos desarrollos no hubieran sido posibles.
De la mano de ello, si algo expuso la pandemia con toda claridad es la centralidad del sistema de salud y su importancia como instrumento para salvar la vida de las personas. Son innumerables las cuestiones que debieron ponerse en marcha para dar batalla a un virus desconocido que mostró en las unidades de terapia intensiva de las naciones pobres y ricas toda su virulencia.
Después de muchos años de haber sido prácticamente invisible, la salud pública se colocó como nunca antes en la agenda para discutir sus realidades. Lo mismo sucedió con la educación que migró a la virtualidad y estuvo llamada a dar respuestas.
Si bien resolver los problemas estructurales que en materia sanitaria y educativa siguen siendo cuestiones pendientes, ya nadie discute la importancia del acceso a una salud y a una educación de calidad y no existe quien no se interrogue sobre qué ocurre con la igualdad.
En este sentido, resulta positivo que ambos temas como tantos otros de la agenda necesaria de los países se hayan puesto en un lugar prioritario. Será tarea de la pospandemia resolver las tragedias que la Covid-19 ha causado o agigantado. También será necesario reflexionar sobre cuestiones vinculadas a los mecanismos de producción, a la interacción de los seres humanos con los animales e interpelar a los líderes sobre el costo ambiental y sanitario de algunas intervenciones sobre el ecosistema que hacen posible la propagación de enfermedades y otras tragedias. La advertencia de que esta pandemia no será la última aparece como un llamamiento claro y global a la acción.
En otra dimensión, la pandemia expuso como nunca antes la importancia de lo colectivo. En este tiempo, aunque ha habido reacciones individuales, incluso de países que han actuado individualmente en el contexto de la emergencia acrecentando la desigualdad en el acceso a determinados recursos, también han sido diversas y potentes las expresiones colaborativas y de ejercicio de la solidarias. Son ellas las que quedan en la agenda de las cuestiones positivas como impulso para fortalecerlas y multiplicarlas.
La premisa de que "nadie se salva solo" quedó de manifiesto e invita a incentivar desde distintos ámbitos una mirada del mundo diferente, lejos de cualquier mirada romántica o ingenua de este concepto.
En el plano individual, en tanto, los cuidados y recaudos que se internalizaron en la vida cotidiana, no han hecho sino ayudar a las comunidades a recuperar sus buenos hábitos.
Seguramente las cuestiones referidas en este artículo lejos están de agotar el inventario, pero pueden ser una invitación a tomar lo mejor de esta experiencia no elegida, para construir esa "nueva normalidad", una tarea que quizás puede valerse de los pilares que las sociedades tuvieron para sortear los avatares de un tiempo marcado por el dolor y la incertidumbre.














