Reeditamos nuestro compromiso con el lector a 99 años de conocernos
El Diario de la ciudad cumple 99 años, una empresa periodística que supo adecuarse a los vaivenes de la difícil economía argentina, siempre proclive a sobresaltos, cuando no a verdaderos vendavales que superaron todo pronóstico.
Precisamente, muchas de estas problemáticas de la economía han hecho desa-parecer empresas pequeñas, medianas y grandes, que no pudieron sobrevivir a los embates que hemos padecido en distintas épocas. O bien que, por estar endebles sus finanzas, terminaron siendo absorbidas por peces gordos; si bien pueden haber quedado en pie gracias a estas inyecciones de capital, mucho de la identidad local y la pertinencia se terminó diluyendo en los grandes conglomerados empresarios. Pasó con todo tipo de firmas, pero cuando se trata de medios de comunicación, la avidez de los grupos económicos es mayor, justamente por el alto impacto social que tienen, que excede ampliamente al de transmisión de información, con que fueron concebidos por sus fundadores, en los albores del Siglo XXI, como es el caso de LA OPINION.
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De manera que hay que tener un olfato empresario muy desarrollado en nuestro país para poder sobrevivir con una empresa durante tantas décadas.
En la historia reciente de estos casi 100, hubo hace 26 años momentos muy duros para el Diario, tanto que estaba para su venta y con la posibilidad de que capitales foráneos la compraran. Eso hubiera significado que la información local fuese manejada por quienes no conocen esta ciudad y lo que es peor, quizá no le interesara el medio más que como negocio, sin pensar en el vecino.
Finalmente quedó en manos de una familia pergaminense, lo que permitió al Diario seguir siendo un punto de referencia local. Hubo un repunte desde el punto de vista de la inversión en tecnología y esa etapa de la historia permitió llegar a estos 99 años, siendo de y para Pergamino. No es poco. Que en una ciudad pequeña, del interior del país, haya medios de comunicación locales es sinónimo de información fidedigna, respetuosa de la integridad de los habitantes y, sobre todo, de que quede plasmada para la posteridad la memoria colectiva, la historia de la población. Para esto último no hay Google ni Wikipedia que pueda ocupar ese rol.
Como es natural, la fidelidad de nuestros lectores de varias generaciones ha permitido que el Diario siga siendo un punto de referencia informativa de nuestra ciudad.
La nuestra es la única redacción periodística cotidiana en pie, con periodistas formados que cubren las distintas áreas de interés de Pergamino. La tecnología ha posibilitado la transmisión de datos de manera inmediata pero precisamente esa inmediatez impide la jerarquización de las noticias, el despliegue informativo, la debida certificación de los hechos y el análisis profesional de los mismos. Por este motivo, LA OPINION con su staff de 10 periodistas gráficos y fotográficos se ha convertido en una usina para los medios digitales, que encuentran en el trabajo que aquí se realiza una nutriente para engrosar su servicio informativo.
Este grupo humano es entonces la columna vertebral no sólo de LA OPINION sino de otros medios de la ciudad que encuentran en sus páginas información de valor para retransmitir a sus oyentes y seguidores.
Nuestros periodistas han sido marcados a fuego por una concepción de la información, que está por fuera de toda grieta, como ahora se le dice a la divisoria entre cronistas sostenidos por pauta oficial e independientes.
LA OPINION, como cualquiera que recorre sus páginas puede advertir, no ha sido nunca sostenido por publicidad oficial de ningún estamento del Estado. Esto le ha permitido una libertad de expresión entendida sobre la base de la responsabilidad informativa y la honestidad intelectual, con prescindencia de otros tipos de compromisos.
Hemos visto en todo el país, en estos tiempos especialmente, cómo muchos medios creados bajo el paraguas de la publicidad oficial, no pueden sostenerse ante el cambio de gobierno y comienzan a caer como un castillo de naipes. Sencillamente, sus ingresos nunca fueron genuinos y no respondieron a la efectividad del medio como vidriera publicitaria. Lo que no quita que sus periodistas hayan sido capaces e idóneos, sólo que prestaron su labor a un fin perecedero y hoy sufren la caída de sus fuentes de trabajo.
Porque lo que debe sostener a una empresa periodística es la fidelidad de sus lectores y, en consecuencia, de los anunciantes que saben que lo que publiciten será advertido. Toda otra forma artificiosa de sostenimiento, termina en fracaso.
La aparición de medios virtuales, que es un signo de estos tiempos, no ha logrado aún reemplazar el valor de la palabra escrita en la tinta que sobrevive sin alteraciones el paso de las horas, los días, los meses, los años. En ciudades como la nuestra, la adaptación a los cambios es más lenta y si bien se advierte una mudanza generacional de lectores desde el papel hacia la Web, no sucede lo mismo con nuestros anunciantes que aún perciben la eficacia de su publicidad en la edición tradicional, esa que refleja aquello que se quiere mostrar y que tiene un efecto residual que dura muchos días más allá de la aparición en las calles. Por eso, aún teniendo nuestro espacio virtual, aceptamos las preferencias de nuestros clientes respecto del papel, que permite además, eternizar la palabra escrita.
Nadie ignora que los portales digitales son muy visitados pero no alcanzan reemplazar a nivel local el caudal informativo de los diarios y periódicos, que siguen siendo esenciales en el desen-volvimiento de las pequeñas y medianas ciudades. Entre otros motivos, porque lo que queda en papel es siempre fuente de consulta, desde cuando se publica hasta tiempo después, cuando se intenta recordar algo, escribir la historia de la ciudad, o de una entidad o buscar una dirección, un comercio. Y sobre todo, porque donde existe un medio gráfico, existe una redacción y un editor responsable donde acudir ya sea para difundir como para acercarse a la conformación de la noticia o plantear los reclamos pertinentes. En una época en la que las palabras pierden valor si son dichas, cuando se plasman sobre el papel, todo chequeo de la información es necesario, porque toda prevención es poca para nosotros cuando se informa sobre hechos que, luego, quedan para siempre allí, sin que haya posibilidades de borrarlo una vez impreso. La dignidad y la integridad de nuestros vecinos está por encima de cualquier primicia.
Por eso damos tanta importancia a ir a la fuente para convalidar la publicación y si no logramos respuesta, se hacen los chequeos necesarios antes de dar curso a la impresión. Aquí estamos, en los altos del Complejo LA OPINION Plaza, con las puertas abiertas a vecinos y autoridades. Todos y cada uno en esta ciudad saben que del mismo modo que respetamos la palabra que escribimos, admitimos los errores y derechos a réplica que hagan falta.
De esta y otras tantas cuestiones depende el respeto al lector, y es por ello que se ha generado esa corriente de confianza que nos ha permitido este contacto casi centenario con los vecinos muchos de los cuales reciben, desde hace más de una generación, el Diario por debajo de la puerta, otros lo leen en bares y confiterías, otros en su lugar de trabajo y los más jóvenes por Internet. De modo que su difusión depende de muchos factores, aunque sean los canillitas nuestros aliados de siempre en la llegada a los hogares.
Y lo cierto es que también sentimos el rebote de aquello que publicamos. No hay secreto en esto sino seguir el pulso de la ciudad, su crecimiento, sus necesidades, sus deseos. Cuando lo que se refleja es la realidad, el vecino se identifica inmediatamente con la información.
Ya estamos transitando el centenario de LA OPINION, que más que una empresa es una institución de la ciudad, siempre custodiando y plasmando el acontecer local, para servicio de los actuales vecinos y como acerlo para los del futuro.
Esperamos poder estar a la altura del rol histórico que nos toca cumplir. Sí sabemos cuáles son nuestras premisas de trabajo y bajo ellas iniciamos cada jornada. Sobre nuestro quehacer, la opinión que vale y que nos importa, como siempre, es la de ustedes, queridísimos lectores.

















