Recuperar el tiempo con los chicos, algo imprescindible
Hace unos días finalizaron las vacaciones de invierno y con ello volvió el tiempo de recuperar las rutinas y de hacer el balance necesario respecto de cuán nutritivo resultaron para los chicos esos días de descanso. La vuelta a la agenda cotidiana cuando todavía se tiene el ritmo descansado del receso es la oportunidad propicia para abrir una reflexión sobre cuestiones sobre las cuales a menudo no pensamos cuando las obligaciones acaparan la atención y los relojes.
¿Cuánto tiempo destinamos en vacaciones para jugar con nuestros hijos?, ¿cuánto les liberamos su propia agenda de obligaciones que tienen por fuera del calendario escolar y que les demandan a ellos y a nosotros buena parte del día?
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Matemática, a marzo
El plan es durar y que le explote al que sigue
La ciencia y la tecnología en un país en crisis
Hay quienes consideran que las vacaciones son un suplicio que termina complicando la vida de los padres. Quizás esto ocurre porque con la vorágine diaria y cuando ésta se detiene en parte no saben bien que hacer con el ocio de los hijos.
¿Cuándo fue que las pantallas reemplazaron el tiempo del juego real en reemplazo por sofisticados dispositivos tecnológicos que le ganaron el lugar a la conversación sobre lo que les pasa a nuestros hijos?
Poco pensamos en cuanto nos distrae la rutina de lo que verdaderamente importa. Andamos ocupados cumpliendo con cargadas agendas mientras nuestros hijos crecen y a menudo, y aunque seamos prolijos con que cumplan con sus obligaciones les imponemos tantas exigencias que casi ni los miramos. ¿Sabemos de sus angustias y de sus miedos?
Quizás detrás de nuestras actividades perdamos de vista la importancia de generar ese vínculo de confianza necesario para que puedan confiarnos sus inquietudes.
Hay una cultura que los introduce en el mundo de los adultos a causa de llenar sus tiempos de actividades que si bien los nutren de conocimiento, también los sobrecargan y le dejan poco tiempo para lo que realmente importa que es transitar por la infancia nutridos de adultos que sean sus referencias de apego real.
En vacaciones el tiempo libre suele abundar y con eso el aburrimiento. Quizás porque hace tiempo que nuestros niños transformados en adultos prematuros dejaron de jugar y cuando lo hacen se preocupan tanto en competir que no disfrutan de ese tiempo sin exigencias.
Se escucha decir con frecuencia que este es el mal de las nuevas generaciones que prefieren las pantallas y los atractivos de la vida moderna por sobre el valor del contacto real. Como si esta fuera una consecuencia irremediable y una responsabilidad de los niños, cuando en verdad es tarea de los adultos formarlos sobre bases sólidas en las que lo primordial es el tiempo que les dedicamos.
El tiempo como valor que no abunda en una sociedad tan compleja como la actual, es el mejor cobijo de la infancia. Y es para los adultos un bálsamo que nos perdemos de tomar cada día, distraídos en preocupaciones económicas, laborales y sociales.
Los especialistas en crianza sugieren que el terreno fértil que los ayuda a echar raíces fuertes tiene que ver con la posibilidad de establecer desde temprano vínculos seguros, para que al crecer les importe algo más que ganar un juego en red, imponerse en cualquier competencia entre pares, o ser el mejor en cada casillero de la agenda colmada que no los deja ser niños.
A pocos días de haber terminado las vacaciones de invierno, ahora que la agenda volvió a cargarse de actividades, la sociedad de los adultos debe volver a acaparar el protagonismo en la inversión del tiempo con los chicos, para no desperdiciar la posibilidad de la reflexión y la oportunidad de poner en acción algunos cambios que, aunque pequeños, transformen nuestras rutinas y las de ellos y pongan en el primer lugar de la escena aquellas cosas que permitan acompañar, nutrir, mirar a los ojos y guiarlos en el camino que los conducirá a la vida que sueñan y que posible ente esté bastante lejos de lo que las ocupaciones parecen señalar como norte.













