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Ramón Alberto Larlus

29 de octubre de 2014 a las 12:00 a. m.
Ramón Alberto Larlus
'' Larlus tenía 68 años. (ARCHIVO LA OPINION)

Su fallecimiento

Falleció ayer, a los 68 años, Ramón Alberto Larlus, un hombre multifacético, de una fuerte personalidad y convicciones que lo llevaron a ganar tantos reconocimientos como rivalidades.

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En la vida pública fue, por sobre todas las cosas, dirigente. Porque cumplió funciones en el ámbito de la política, del deporte y fundamentalmente del fomentismo. Ferviente militante del radicalismo, llegó a ser concejal cuando la Argentina recuperó la democracia, en 1983.

No había nacido en esta ciudad pero llegó con sus padres siendo muy chico y aquí desarrolló toda su vida.

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En la faz privada se dedicó al rubro de la construcción, al que siguió ligado hasta este último tiempo.

Pero fue la faz pública donde trascendió su existencia. Tuvo mucha participación en el deporte, porque fue jugador y árbitro de fútbol y un activo dirigente de las bochas.

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Como funcionario público, además de haber sido concejal, ocupó cargos de relevancia en el área de los servicios municipales, llegando a ser director de Obras y Servicios Públicos durante la administración del intendente Héctor Gutiérrez.

En tanto que en el ámbito del fomentismo fue uno de los dirigentes más activos que se recuerden de las últimas décadas. Desde la Comisión del barrio Centenario hizo mucho por esa comunidad y extendió su visión y acción hacia otros puntos de la ciudad cuando fue el primer presidente de la Unión de Comisiones de Fomento.

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En Centenario bien puede decirse que fue el paradigma de la dirigencia, pues bajo sus mandatos como presidente la entidad dio pasos importantísimos y logró consolidarse como un club más que como una entidad de fomento.

Tuvo muchos aciertos y en su camino pudo haber cometido algún error que no podrá empañar su rica trayectoria.

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No pasó por esta vida de manera desapercibida. Dejó su huella en cada lugar que transitó. Y dejó también una familia que lo extrañará hasta las lágrimas, pero que pronto encontrará resignación en la certeza de que Ramón fue un hombre cabal, que fue feliz haciendo lo que hacía y que dejó como mejor legado su ejemplo de vida.

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