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Raimundo Nus cruzó los Andes en un desafío con sello sanmartiniano

Raimundo Nus volvió a desafiar los límites de lo posible y escribió una nueva página en su extensa trayectoria ligada a los retos extremos. El pasado lunes, el pergaminense concretó con éxito el cruce de la Cordillera de los Andes por la histórica ruta sanmartiniana del Valle de Uco, uniendo...

10 de enero de 2026 a las 01:55 p. m.
Raimundo Nus cruzó los Andes en un desafío con sello sanmartiniano

Raimundo Nus volvió a desafiar los límites de lo posible y escribió una nueva página en su extensa trayectoria ligada a los retos extremos. El pasado lunes, el pergaminense concretó con éxito el cruce de la Cordillera de los Andes por la histórica ruta sanmartiniana del Valle de Uco, uniendo el Manzano Histórico (Mendoza) con Termas del Yeso (Chile).

Fueron más de 80 kilómetros recorridos a pie, en condiciones de alta montaña, con un tiempo neto de 12 horas y 50 minutos, alcanzando alturas cercanas a los 4.800 metros sobre el nivel del mar.

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El desafío, que había sido anunciado días antes en el programa Fuera de Página de La Opinión Play, no solo implicó una enorme exigencia física y mental, sino que también estuvo cargado de simbolismo histórico y personal. Eligió una de las huellas utilizadas por el Ejército Libertador comandado por el general José de San Martín, una ruta que también fue transitada por figuras como Charles Darwin, y que él mismo venía observando y analizando desde hacía varios años.

“Para mí, aunque no se hubiera logrado, igual hubiera sido una experiencia buena y un éxito”, reflexionó en diálogo con el programa Fuera de Página. “Muchas veces uno piensa que el objetivo es llegar al final y no es así. Hay que disfrutar todo el proceso. Prepararlo, viajar, hacerlo y después volver a vivirlo”.

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LA ENTREVISTA COMPLETA EN FUERA DE PAGINA

Un inicio con incertidumbre

La travesía comenzó con contratiempos. Nus llegó al Manzano Histórico el domingo pasado, tras un largo viaje, y evaluó incluso si largar o no ese mismo día. Finalmente decidió partir en la madrugada del lunes, aunque los trámites migratorios y las autorizaciones terminaron retrasando la salida. “Yo quería salir a las 3:00, pero entre una cosa y otra terminé saliendo cerca de las 9:30. Eso te cambia todo: el calor, el cansancio, la cabeza”, explicó.

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El peso de la mochila -cerca de ocho kilos sin contar la comida-, la altura constante por encima de los 3.000 metros y la necesidad de llevar equipo indispensable para una eventual emergencia fueron condicionantes permanentes. “De la comida puedo prescindir, pero no de una campera, una bolsa de dormir o ropa de recambio. La montaña cambia todo el tiempo”, remarcó.

Uno de los momentos más delicados fue la llegada al refugio Real de la Cruz, donde debía resolver el cruce del río Tunuyán, señalado desde un inicio como la mayor dificultad del reto. Al arribar, no encontró arrieros ni personas que pudieran ayudarlo, por lo que debió pernoctar allí. “Los gendarmes se portaron de 10, me ofrecieron quedarme, después llegó un grupo a caballo, cenamos juntos y al otro día tomamos mate. No me imaginaba la experiencia de esta manera, pero también eso es la aventura”, relató.

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El río, el miedo y la liberación

Finalmente, el cruce del Tunuyán se resolvió al día siguiente con la ayuda de un caballo. “Fue una liberación enorme. No lo cruza cualquiera, la corriente es muy fuerte”, contó. Ya del lado chileno, Nus sintió que lo más crítico había quedado atrás, aunque aún restaban tramos complejos.

El desafío lo dividió mentalmente en cuatro partes. Hasta el Portillo, el principal obstáculo fue la altura. Del Portillo al Real de la Cruz, el terreno resultó el más técnico y peligroso: una senda de caballos, con piedras sueltas y bajadas exigentes. Luego, el tramo hacia la subida de Piuquenes fue más accesible, aunque expuesto al viento y a un paisaje desértico que, de noche, hubiera sido intimidante. El descenso final hacia el Cajón del Maipo fue el sector donde más pudo correr.

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Sin embargo, aún quedaba un último obstáculo: otro río, cerca de las Termas del Yeso. “Estaba tan desesperado por cruzar que no lo pensé mucho. Me llevó la corriente, me dio un revolcón y me arrastró varios metros. Fue un momento de pánico, porque no sabés dónde vas a aparecer”, recordó. Afortunadamente, logró salir sin consecuencias físicas.

Filosofía de vida y legado

A los 59 años, Raimundo Nus, que reside en Alicante (España) desde hace 34 años, insiste en que todavía siente margen para mejorar. “No es lo que hago, es cómo lo hago. No voy con todo controlado, no llevo GPS, no llevo seguro. No es una carrera marcada. Esto es aventura”, explicó. Para él, el miedo es una condición necesaria: “Todo lo que querés en la vida está detrás del miedo. Si no siento miedo, algo está mal”.

El cruce también tuvo un profundo significado emocional, ligado a la figura de su hermano Fernando Nus, fallecido hace más de dos décadas, quien había llegado en bicicleta desde Pergamino hasta el Aconcagua y alcanzado su cima (hasta donde llevó la “bici”) en una época sin la tecnología ni la información actual. “Yo no voy solo, voy protegido. Eso es un plus. Me siento acompañado y eso me da fuerza. Es un legado que intento transmitirle a mi hijo”, expresó.

Con este nuevo logro volvió a demostrar que sus desafíos trascienden lo deportivo. Son búsquedas personales, homenajes, actos de memoria y convicción. El cruce de los Andes por la ruta sanmartiniana no fue solo una travesía de alta montaña: fue, una vez más, una manera de pararse frente a la vida y seguir avanzando, aun cuando el camino imponga miedo, incertidumbre y esfuerzo extremo.

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