Quieres sentirte mejor, aumenta tu actividad física
Por Carlos Garat.
Para la redacción de LA OPINION.
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Días pasados, Hugo Dinardo, conociendo mi afición deportiva, me comenta que ha ido a saludar a un muy buen amigo norteamericano que estaba de paso por Ezeiza rumbo a correr el maratón de la Antártica, demás está decir que le solicité su intermediación para obtener un relato en primera persona de una de las experiencias más extremas que se puede hacer ¡Correr 42 kilómetros en la Antártida! Este es el relato que me hiciera vía mail Jay Schuler un ingeniero que ha estado varias veces en Pergamino visitando a Hugo.
“Todas mis maratones tienen recuerdos interesantes por ejemplo: cuando fui atropellado por un coche en el maratón de Rosario, Argentina; cuando terminé a las 2 de la mañana en Tromso, Noruega (el sol todavía estaba arriba por la latitud el día duraba casi 24 horas); cuando en mi cumpleaños 60, logré mi mejor tiempo en maratón con 3 horas 59 minutos en San Petersburgo, Rusia, después de atravesar 22 puentes; cuando corrí a través de un coto de caza cerca de Ciudad del Cabo, Sudáfrica; o como en Dalian, China, donde dos espectadores me dieron un masaje no programado en el medio de la carrera (yo no hubiera podido seguir corriendo), mientras me hablaban en mandarín, no tenía ni idea de lo que estaban diciendo, pero sus manos hablaban un idioma maravilloso, pero finalmente esta carrera en la Antártida quedará en mi memoria como por lejos, la cosa física más dura que he pasado jamás.
“No me fue fácil lograrlo, tras una espera de cuatro años, el 9 de marzo de 2014, finalmente pude correr el maratón de la Antártida. Al hacerlo, cumplí la meta de correr un maratón en cada uno de los 7 continentes. Pude hacerlo antes, pero el año pasado (2013), estaba en Argentina esperando el barco para ir a la Antártida cuando este chocó contra un iceberg antes de llegar y fue severamente dañado (capitán ruso, tripulación rusa ¿Estuvo involucrado el vodka?) El viaje fue cancelado. Yo quedé muy frustrado en esa oportunidad.
“La prueba en la Antártida ha sido la más memorable, pero es ¡mortal! El recorrido de la carrera fue de la estación de investigación rusa, a la estación uruguaya, de ahí a la estación chilena y finalmente a la estación china. En un terreno extremadamente montañoso, de barro, con pequeños glaciares y lagunas de agua. Incluso, estos lagunones en la medida que corríamos se hicieron más amplios y profundos. El sol se mostró durante unos minutos previos a la largada, pero luego las nubes cubrieron todo, y comenzó la lluvia. Al bajar la temperatura, la lluvia se transformó en una nevada con un viento que soplaba a más de 50 kilómetros por hora. La nieve por efecto de la ventisca venía horizontalmente. Al principio, yo como muchos de los corredores corríamos esquivando el agua en el piso, de la mejor manera posible. Pero a partir de los 20 kilómetros de carrera, los pasábamos derecho a través del agua. ¿Pensé en abandonar? Sí, lo hice. Pero con el esfuerzo que tuve que hacer para estar ahí, ni modo. Tenía que seguir adelante. Un número grande de competidores abandonó o se detuvo en la marca del medio maratón. Algunos incluso, necesitando atención médica. A pesar de la calidad de los participantes, con decir que si se suman las últimas maratones (42 kilómetros) de los 100 corredores que viajaban en nuestro barco, llevábamos más de 4.000 maratones completados. Sin contar las ultramaratones que muchos tenían hechas. En ese momento, me encontré a Suzie Dent y Joe Findaro que también estaban completando su séptima maratón en diferentes continentes. Rápidamente decidimos apoyarnos unos a otros y terminar juntos. En el kilómetro 22 Dave Liscumb, desde Bali, Indonesia nos alcanzó. El también estaba completando su séptimo continente. Así que decidimos completar la carrera juntos. Como estábamos demorando un tiempo inusual por lo lento, me quedé sin Gatorade y sin barras. En la estación rusa se quedaron en su mayoría dentro de la estación y si hubo alguien fuera, nos miró con caras serias, ninguna asistencia. Pero en cambio los chinos gracias a Dios nos ayudaron, Un número de ellos, salió y corrió con nosotros, otros nos apoyaron con agua y también barras de cereal. Rápidamente me devoré 3 Snickers chinos. ¡El azúcar rápidamente fluyó en mi sistema y mi ánimo regresó!
“Cuando nos acercábamos a la línea de meta, Dave estaba teniendo algunos problemas físicos. Finalmente nos tomamos de la mano para apoyarnos y ayudarnos. Cuando cruzamos la línea de llegada, Dave se derrumbó en el barro boca arriba, estaba muerto. No tenía pulso y una mirada en blanco en su rostro. La excitación de pronto se convirtió en miedo. El médico del buque se hallaba allí y junto a 6 personas lo llevan a la tienda médica. Gracias a Dios que lo reanimaron. Sus primeras palabras para mí fueron ‘¿llegué?’ Por eso hemos cambiado el nombre de Dave, por el de Lázaro. El que volvió de entre los muertos. A la mañana siguiente hablé con Dave y él me dijo: ‘¿Quién eres tú?’ se olvidó de unos 20 minutos de su vida. Ahora tengo un nuevo amigo en Bali.
“¡La mayoría de estas excelentes personas son locos!
“Por ejemplo: Jim Abilla un corredor con muy buen historial de maratones, de San Francisco no terminó la maratón. Después de correr 18 millas, venía retrasado, y por temor de que el mal clima le hiciera perder el regreso a la nave, abandonó. Frustrado por eso, Jim corrió 42 kilómetros en la cubierta del barco al día siguiente. Todos le aclamamos al finalizar. Terminó en el bar. Al día siguiente, Karen Smith, de Texas, que tuvo una experiencia similar hizo lo mismo. Me encantó la determinación de estos dos. Hicieron considerablemente muchos más kilómetros que nosotros que finalizamos los 42 kilómetros.
“Otro, Bill Conner un Marine norteamericano, que sirvió en 6 operaciones militares en Irak y en Afganistán. Corrió un maratón en los Estados Unidos con equipo militar completo (borceguíes y mochila incluida de 20 kilos). Bill tardó 1 hora y 15 minutos más en esta desafiante Antártida sin el equipo ni el peso extra. Un buen muchacho soldado y americano.
“Otro, una pareja de competidores de Canadá se casó, boda interesante, realizada en barco ruso y en la Antártida. Yo no soy un corredor rápido, pero llego a la meta. Después de tener un ataque al corazón a los 40, he cambiado mi estilo de vida. Corrí mi primer maratón a los 50 años y el objetivo era correr mi última a los 60. Con el objetivo de un maratón en cada continente y el retraso de la Antártida me pasé un par de años esa edad. Pero bueno misión cumplida. Menos de 500 personas en el mundo han corrido un maratón en los 7 continentes. Tengo la suerte de estar en esta buena compañía.
“La Antártida es un continente fabuloso. Me encantó. He tenido la suerte de tener la salud y los medios para ver las maravillas de Dios. ¡Por ello le doy las gracias!”. Y nosotros te agradecemos y felicitamos Jay por ser todo un ejemplo al cambiar de estilo de vida, superar un problema de salud y además realizar esta hazaña deportiva. También a Hugo por acercarnos este contacto que seguramente despertará en muchos de nosotros el interés por hacer algo parecido (si podemos).














