Quieres sentirte mejor, aumentá tu actividad física
Por Carlos Garat.
Para la redacción de LA OPINION.
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El pergaminense Emilio Lavezzari participó del Endurance Challenge 2013 en Bariloche, en su versión más larga, los 80 kilómetros. Esta carrera es parte de un circuito internacional que busca promover la actividad física en la naturaleza de forma segura y responsable, aplicando la filosofía del mínimo impacto, y también fomentar la práctica del trail running o uso de senderos de montaña para correr.
Los circuitos fueron diseñados para desafiar incluso a los corredores más experimentados, y también complacer a los nuevos amantes del trail running, y a su vez incorporar los más hermosos paisajes del lugar del evento. Es una carrera que incluye categorías para personas que se están iniciando en el deporte, intermedios y expertos. Los recorridos se desarrollan por terrenos naturales y la dificultad de éstos varía según los diferentes circuitos.
Es este el desafío tremendo que decidió enfrentar Emilio ya que es un ultra-trail es decir un ultramaratón pero en un terreno de senderos montañosos sumamente demandantes. Claro que llegar a hacer este tipo de pruebas requiere de mucho entrenamiento y experiencia. Lavezzari contó: “Empecé a correr por el 2005, 10 kilómetros, 15 y 21 hasta hacer mi primer 42 kilómetros en el 2007 en Rosario. Fue en junio, unos meses más tarde estaba corriendo los 42 de Buenos Aires donde la pasé muy mal y terminé con el mismo tiempo de Rosario: 3h. 50 minutos, una locura, ya que a esta altura entrenaba sacando planes de revistas y libros deportivos y no estaba para hacer dos maratones. A partir de ahí empecé a hacer una por año, siempre la de Rosario, y fui mejorando mi tiempo hasta conseguir mi mejor marca que es 3h. 13min. En total fueron cinco los maratones que corrí.
“La decisión de hacer esta carrera la tomé cuando dejé el triatlón este año, me quedó la espina del Ironman que es una carrera muy dura y bueno decidí hacer el ultra que creo que es un esfuerzo parecido. Le pregunté a mi entrenador si estaba capacitado, para tanta exigencia y me confirmó que sí. Aprovechando que ya venía con el entrenamiento del maratón de este año que fue en junio, descansé un mes más o menos y arranqué con la progresión de kilómetros que hay que hacer para esto.
“Corría 120 kilómetros por semana más o menos y hacía los fondos largos los sábados o domingos. En los fondos llevaba siempre la mochila para adaptar el cuerpo a la carga de la misma, porque es obligatorio en la carrera llevar un camelback (mochila con agua) entonces decidí adaptarme así. Llevaba dos litros de agua, una muda de ropa, una campera impermeable y rompeviento a la vez, linterna frontal, remera de la carrera, calzas largas, medias de compresión, zapatillas de montaña y comida (bananas, geles y turrón), siempre tratando de imitar las condiciones de carrera.
Más de la entrevista
Lavezzari también dijo: “Respecto a la prueba en sí, largamos un poco menos de 300 corredores en los 80 kilómetros y llegamos 267, yo lo hice en la posición 201. El recorrido fue increíble, arrancamos a las 4:00 y ya los primeros kilómetros eran de subida constante, 1h. 30’ aproximadamente de trepada, todos caminando, era una fila interminable de linternas que se movían por la montaña. Llegamos así a los 1.750 metros de altura y a bajar ahora, esto era en el Cerro Catedral. En los 1.500 metros íbamos caminando debido a la nieve y la noche, fue una increíble experiencia”.
El pergaminense agregó: “Bajando por la otra cara de la montaña se hizo presente también el barro, por lo que hubo muchas caídas y patinadas de las cuáles tuve la suerte de no participar, por eso hice 14 horas, de ahí en adelante nos enfilamos para bordear todo el Lago Gutiérrez, un sendero en unos bosques impresionantes que cada tanto nos hacían meter al agua para cruzar brazos de agua que bajaban al lago por el deshielo del cerro.
“En la punta del lago estaba la primera parada, un abastecimiento con comida, bebidas, baños y la posibilidad de cambiar ropa o calzado. Continuando, salimos a la ruta Nº 40 un tramo y después entramos otra vez al sendero para bordear el lago nuevamente, ahora en sentido contrario, hasta el segundo puesto de abastecimiento en el kilómetro 50. Otra vez a cargar el camel, vaso de coca, arroz con pollo y pan con membrillo. Partimos por otro tramo de ruta que en realidad no se cuál era, pero que terminaba en un barrio privado muy lindo donde empezábamos a ascender nuevamente por un sendero interminable que ya a esta altura se hacía sentir y mucho”.
Lavezzari contó más de su experiencia: “Las trepadas eran duras pero las bajadas eran mucho más exigentes por lo menos para mi gusto, ya que las piernas estaban con lo justo y se empezaba a sentir el dolor muscular al frenar bajando. Estamos hablando en algunos casos de pendientes de más del 50 por ciento de gradiente y lo mismo para las bajadas. En algunos tramos me tuve que apoyar en un brazo sobre la pared de la montaña para bajar.
“Así llegue al tercer abastecimiento en el kilómetro 60 en la cumbre de la pendiente que mencionaba, era un establo de caballos de polo que estaba ordenado para recibirnos. En este lugar dejé casi toda la ropa de repuesto que llevaba y salí más liviano. Palpitaba la meta, a bajar hasta el kilómetro 70 donde estaba la última parada. Esta coincidía con la parada del kilómetro 50. Aproveché para comer algo más liviano, membrillo con Gatorade y a seguir. Sólo faltaban 10 kilómetros para la llegada, fue un sinfín de emociones, me acordé mucho de mi familia que me esperaba en la meta, ellos me dieron mucha fuerza (Paula, Pedro y Simón) también me acordé de compañeros deportistas que me habían dicho que iba a llegar, que me quedara tranquilo. Personalmente dudaba y me enfrentaba a lo desconocido y con una preparación no del todo adecuada para mi gusto. Ellos me llenaron de fuerza, no les iba a fallar, estos diez kilómetros los hice muy rápido”.
Por último, Lavezzari relató: “Estaba muy bien y me había cuidado mucho para poder terminar la carrera, corrí todo el tramo, veía personas que llegaban muy mal, casi sin fuerzas. Faltando un kilómetro le avisé a mi familia que ya estaba llegando, que me esperen, y fue así que faltando 400 metros apareció “Piti” (Pedro) gritando ‘ahí viene’, ‘ahí viene’ y se vino corriendo hasta mí para abrazarme. Lo mismo hizo el ‘Chimo’ (Simón) y después Paula, que estaba con la cámara en mano esperándome. Fue una experiencia inolvidable para mí, vale la pena el esfuerzo”.
















