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Que la Navidad recree la fuerza transformadora de la esperanza

23 de diciembre de 2022 a las 12:00 a. m.

La llegada de la Navidad es quizás el momento del año que más propicia la reflexión sobre la esperanza. El nacimiento aparece como símbolo y como promesa que alcanza no solo a la comunidad cristiana sino al conjunto social porque invita a mirar el futuro con una mirada ilusionada. Más allá de la pertenencia religiosa, la fecha llama a la unión y acerca los mejores valores desde los cuales edificar el porvenir.

Esta Navidad encuentra al país sumido en una profunda crisis, a la sociedad dividida por una grieta que en lo político cada día se profundiza más, lesionando el lazo social. Pero también llega con el aliento que le ha dado a este pueblo el testimonio que ha dejado la selección nacional de fútbol. Haber obtenido el título de "campeones del mundo" ha sido más que una alegría deportiva. Es algo que ha dejado un testimonio, como mensaje y como legado. Ha mostrado que las dificultades pueden sortearse con templanza y que las alegrías pueden construirse si como pilar se deposita la convicción de edificar un sueño colectivo.

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 Hacía mucho tiempo que Argentina no abrazaba un anhelo común. Y como ha sido expresado hasta el cansancio en estos últimos días, más allá de lo deportivo, la gesta de ese equipo en el Campeonato Mundial de Fútbol representó mucho más que partidos jugados con calidad táctica y talento. Hubo una construcción como equipo que imprimió un mensaje en la conciencia colectiva nacional: se puede triunfar abrazados a los buenos valores.

En tiempos de Navidad y con el eco de la sensación que deja el sentirse parte de una alegría genuina, volver sobre la imagen que la Navidad propone en lo simbólico, es quizás la oportunidad de encontrar otras causas a las cuales aferrarnos para seguir multiplicando la certeza de que solo se construyen cosas buenas estrechando lazos.

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El eco de lo vivido, nos muestra socialmente que hay lugar para la esperanza colectiva cuando aparecen motivos que convocan y albergan trabajo, ilusión y fundamentalmente la convicción de que como país tenemos la garra suficiente para dejar atrás años de sufrimiento, postergaciones y exclusión y comenzar, por fin, a transitar el camino virtuoso de esa argentinidad que tiene atributos que hoy están puestos en la cima del mundo y que representan un espejo desde el cual imitar actitudes, comportamientos y afianzar valores.

Mucho de la identidad se ha jugado en el campeonato del mundo. La tarea es extrapolar ese sentir a otras causas, tan justas como necesarias. Y hacerlo sabiendo que, como en el fútbol, es posible abrazar otras gestas.

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Que esta Navidad, que llegará en el contexto de la alegría que generó el mundial en esta tierra, sea motivo de celebración. Pero también de reflexión sobre la capacidad que tenemos como país de salir adelante si ponemos en esa tarea nuestros mejores valores. Si ejercemos liderazgos generosos, si pensamos en las individualidades, pero también en la fuerza transformadora del equipo, si nos ponemos la camiseta para trabajar por esas otras cuestiones importantes que siempre dejamos en mano de los otros.

La Navidad llega con el cambio de humor social que ocasionó el Mundial. Ese acontecimiento deportivo que también fue social, que nos devolvió la certeza de que las cosas buenas, también pueden suceder si se trabaja por ellas con constancia. Eso la transforma en diferente, la letra de esos cánticos que volvieron a tejer un lazo invisible de certezas, le dan un tono distinto al de otras, recientes, que estaban atravesadas por un enorme dolor social. Y este comentario no alberga la idea ilusoria de creer que un resultado deportivo cambiana la realidad, sino simplemente se permite hacer foco en la alegría y en la esperanza de que la enseñanza que nos ha dejado esta selección sea capaz de trasladarse a otras esferas de la vida cotidiana para transformarla.

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Estamos llamados a transformar el deseo de unión en tarea, no individual, sino colectiva y quizás ese pueda ser el mensaje de esta Navidad. No olvidar los valores de ese hecho que nos puso en la cima del mundo, tal vez nos permite tomarlos como legado, sabiendo que están también en nosotros como argentinos, cuando logramos 

Pero no de manera ilusoria, sino conscientes de que ese tiempo llegará si somos capaces de poner en juego nuestros mejores atributos.

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Vaya desde aquí el saludo a cada uno de nuestros lectores, y el deseo de que estos días de celebración nos encuentren unidos, recreados la potencia transformadora de la esperanza.

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