Presupuesto: vergüenza ajena en Diputados, caos callejero y aprobación
Luego de más de 17 horas de debate, el Presupuesto 2019 fue aprobado en Diputados con 138 votos afirmativos, 103 negativos y ocho abstenciones y fue girado al Senado, donde se prevé que sea tratado en el recinto el 14 o el 21 de noviembre.
Y una vez más, el tratamiento de una ley controversial mostró la Argentina de la intolerancia, del desapego a las normas mínimas de convivencia, de la ineficacia estatal en el control de las manifestaciones públicas y de la atroz maquinaria política que se vale de mano de obra clientelar para ejercer presión cuando el resultado de las negociaciones no le es favorable. Pero esta vez la barbarie no se registró solo en las calles sino que se trasladó al recinto del Congreso, que se descontroló por completo cuando el jefe del bloque del PRO, Nicolás Massot y Leopoldo Moreau del kirchnerismo tuvieron que ser separados por sus compañeros de bancada. Se ofrecían piñas y se invitaban a pelear afuera, avergonzando a propios y extraños.
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La escena que vimos por televisión nos hacía acordar a otros parlamentos, de países lejanos y extraños a nosotros, que se agarran a trompadas en plena sesión y nos reímos.
El miércoles, que pasaba en nuestro Parlamento, no nos causó ninguna gracia.
Pasó ahora pero bien podría haber sucedido antes, porque de un tiempo a esta parte los legisladores han instalado formas -siempre escudados en la libertad de expresión- que están reñidas con la civilidad, y directamente divorciadas de lo que se espera de un legislador, que debiera ser una persona formada e instruida para expresarse de manera locuaz pero contundente en sus argumentos. En cambio, últimamente se ve que recurren a provocaciones constantes, extorsiones solapadas en sus discursos, cartelitos pegados en las bancas, sonrisas socarronas mientras otros hablan. El miércoles el ridículo entró en escena con Victoria Donda portando una gigantografía de Christine Lagarde, mientras otros diputados repartían banderitas de Estados Unidos. ¿Está mal? En ese lugar, en ese momento y a iniciativa de esa gente, sí. Dejemos esas expresiones para el pueblo y que los legisladores debatan, formulen y deroguen leyes, sin cotillón. Ahora que por la tecnología podemos ver todo lo que sucede en el recinto, por respeto a quienes los elegimos y que les pagamos el sueldo, los legisladores debieran ser más cuidadosos de las formas. Al fin, aunque todos seamos iguales ante la ley, en el sistema democrático ellos ostentan una posición de privilegio y toda la sociedad los mira.
Mientras tanto, en la calle los manifestantes se enfrentaban con la Policía. Peor no podía salir la jornada.
La jugada fue similar a la de diciembre, cuando se trató la baja a los incrementos a los jubilados. Fomentar el caos afuera del Congreso para obligar al oficialismo a levantar la sesión. Una desesperación que le surge a la oposición cuando ve que el macrismo consigue los votos para aprobar el presupuesto. Lo complejo de este razonamiento es que si en diciembre no lograron el objetivo, ¿por qué ahora lo lograrían?
Al fin, tanto la rebaja a los jubilados como este presupuesto del ajuste, son dos medidas claramente antipopulares, sean o no necesarias según la mirada política de cada uno. Lo que no se puede, en democracia, es jugar sucio: como la oposición no puede evitar que haya gobernadores peronistas que prestan sus votos al oficialismo a cambio de tener algunas prebendas para sus provincias, ayudan a que se arme el caos fuera del Parlamento intentando que el caos les impida sesionar.
Fíjese el lector que mientras el oficialista Luis Petri presidía la sesión, en ausencia de Emilio Monzó, los diputados del flamante bloque Red x Argentina, Lucila De Ponti y Leonardo Grosso, reclamaban a los gritos que se levantara la sesión debido a los incidentes que se registraban en la calle. Al reclamo se sumó un grupo de legisladores del kirchnerismo, que junto a los de Red x Argentina, se acercó al estrado de la presidencia para insistir en el reclamo. Cuando volvió, Monzó empezó a los gritos para que todos se sentaran; viejo lobo de la política, supo ver cómo se desarrollaba la jugada. En ese momento aparece Leopoldo Moreau, con una chicana recurrente y barata de nuestro país: le gritaba a Massot a vos te gusta reprimir y, según quien relate los hechos, habría agregado como a tu familia, en alusión al rol desempeñado por su tío Vicente Massot en Bahía Blanca durante la última dictadura. Una maldita costumbre: castigar la portación de apellido. Al escuchar eso, Massot invitó a Moreau a ir afuera, lo que le otorgó a la diputada Mayra Mendoza otro argumento para reclamar que se levantara la sesión: ¡Lo está invitando a pelear!
El exministro de Educación Daniel Filmus intercedió y comenzó a gritarse con Massot, mientras los compañeros de bancada de ambos los rodeaban y los sujetaban para evitar que la pelea pasara a lo físico.
En fin que a este punto ha retrocedido nuestra democracia; ya no alcanza con fomentar caos afuera sino que dentro del recinto los legisladores, de todas las bancadas, terminan protagonizando papelones, mostrando lo poco que aprecian una tarea que a todos los argentinos nos cuesta una fortuna, sobre todo en la crisis que atravesamos.
Y como nada es gratis, menos aun los retrocesos en la democracia, el ministro de Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires, Eduardo Macchiavelli, aseguró que las reparaciones en la Plaza del Congreso tras los incidentes durante el debate del Presupuesto costarán poco menos de 11 millones de pesos.
La última vez, donde también hubo destrozos en la misma plaza, que fue en diciembre se gastaron 37 millones y ahora no llegan los daños a los once millones. Miren qué consuelo tenemos.
Esperamos que la Justicia pueda identificar los rostros. Este año parece que hay mejores imágenes y será más fácil. Por otra parte encontrar a los revoltosos, que no eran tantos pero muy dañinos y efectivos, daría por tierra con la teoría muy esgrimida entre los militantes de la protesta, de que los violentos son enviados por Patricia Bullrich para justificar la represión.
El proyecto de Presupuesto 2019 no es para alegrarnos, viene un año duro, porque prevé una caída de la actividad económica del 0,5 por ciento, una baja del 1,6 por ciento en el consumo privado y un desplome del 9,7 en la inversión, además de un dólar promedio de 40,10 y una inflación punta a punta del 23 por ciento. Porque lo que se prioriza es el pago de la deuda pública.














