Poner a la educación en el centro del debate
El país transita las últimas horas de las vacaciones de verano y con ellas se continúa un marco de discusión sobre el tema educativo. El inminente comienzo de un nuevo ciclo lectivo hace que la mirada social vuelva a centrarse sobre la cuestión educativa. Sin embargo, a la luz de lo que se ve y escucha en las noticias, la agenda pública parece tomada por la coyuntura de la crisis económica haciendo que la discusión se reduzca a la cuestión salarial de los docentes, aunque en esta oportunidad con la benevolencia de algunos sectores del sindicalismo que en el inicio mismo de la gestión kirchnerista dejaron entrever que pensaban deponer su actitud de realizar los paros históricos que en los últimos años se transformaron en el instrumento de presión para alcanzar mejoras salariales. La apertura de la paritaria nacional con la filtración de datos que señalan los términos que el Gobierno está en condiciones de plantear en términos de ingreso económico para los docentes inaugura un diálogo que tendrá luces y sombras y que deberá replicarse en las provincias donde cada sistema educativo tiene su particularidad y sus intereses. Como ocurre siempre, el tema empieza y termina en el salario. Poco se habla de la crisis que afronta el sistema educativo y que muchos expertos califican en términos de terminal.
Desde el Ministerio de Educación de la Nación han planteado que todos los programas que implementó el macrismo están siendo evaluados por especialistas, lo que hace suponer que muchos de ellos serán dejados de lado o reformulados en la búsqueda de alcanzar nuevos objetivos. Como sucede siempre, una vez más el país parece sumido en lo que se ha transformado en la materia corriente: siempre empezar de cero, aún en las cuestiones esenciales que son aquellas que deberían trascender.
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Matemática, a marzo
El plan es durar y que le explote al que sigue
La ciencia y la tecnología en un país en crisis
Lo que cabe preguntarse es si el país está en condiciones de seguir haciendo diagnósticos de un problema conocido y de vieja data como son los problemas complejos y profundos que aquejan a la escuela, una realidad que no es sino un emergente de la realidad social del país, en vez de poner manos a la obra en la transformación del sistema.
Hay consenso en la certeza de que la escuela necesita transformarse para asumir su rol protagónico en la formación de las generaciones que forman parte de la sociedad del conocimiento. Sin embargo, frente a tamaño desafío la pregunta que surge es si se está pensando en cómo hacerlo. En cómo darle a la escuela ese rol medular como institución sin la cual la sociedad no recuperará ese círculo virtuoso de desarrollo. Las respuestas son inciertas.
No se avizoran acciones que permitan vislumbrar que el tema educativo se haya transformado en una política de Estado capaz de trascender a los gobiernos de turno. Como pasa con casi todas las cuestiones que hacen a lo público, lo educativo está sometido a los vaivenes de la política que tiene tiempos diferentes y prioridades muchas veces cuestionables.
A las puertas del inicio de un nuevo ciclo lectivo, no aparecen en el debate público discusiones sobre cuál es la escuela que se pretende construir. A la primaria se la acusa de haberse quedado detenida en el tiempo. A la secundaria se la castiga por su incapacidad de retener a los alumnos y brindarles las herramientas apropiadas para desempeñarse con pericia en el campo laboral o en el mundo de los estudios superiores. Los niveles que están en el extremo de la pirámide educativa, como son el inicial y la formación terciaria y universitaria, tampoco escapan de las críticas.
Poco se habla de la inversión que se requiere en materia de infraestructura para transformar a la escuela en una institución moderna. Se debaten programas de uso de la tecnología que nacen y mueren según la ideología de cada gobierno y todavía siguen siendo muchos los establecimientos que a lo largo de la extensa geografía del país no tienen conectividad ni elementos didácticos mínimos para garantizar la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje en aspectos básicos de la formación. Menos aún se discute cómo se piensa la formación docente y cómo se jerarquiza el rol del educador en el entramado social.
Como sucede cada año, el diálogo parece centrarse en lo salarial, en las condiciones laborales de docentes representados por gremios que han dado muestras suficientes de ser acomodaticios al poder. En el mientras tanto, Argentina se dispone a un inicio de clases con una educación en crisis. No de ahora, sino desde hace tiempo. Algo que subyace a muchos de los problemas que aquejan a la sociedad y requieren de que de una vez por todas, el debate se profundice y corra la mirada de lo coyuntural a lo profundo. Para discutir aquellas cuestiones que pasan desapercibidas a la luz de las urgencias, pero son las que por verdaderamente importantes están condicionando el futuro. Con el tiempo prudente que necesitan las políticas públicas para ponerse a andar, en lo educativo hay necesidades que requieren de políticos comprometidos y realidades que exigen de una dirigencia política y sindical capaz de ponerse a la altura de las circunstancias y hacer de la educación el tema central. Y de su jerarquización, una tarea. La sociedad, por su parte, no puede quedar ajena. Por el contrario, así como sucede en otros campos de la realidad, debe comprometerse, asumir su rol protagónico y exigir que el tema educativo se instale como prioritario. Solo así nos daremos la oportunidad de inaugurar un diálogo genuino sobre la escuela que queremos. No hacerlo es dejar vacía la posibilidad de liderar ese proceso que le ayude a la Argentina a recuperar ese prestigio perdido, cancelando la oportunidad de encontrar de la mano de la educación un mejor destino.











