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Política vs. gestión

02 de enero de 2016 a las 12:00 a. m.

La provincia de Buenos Aires no tiene presupuesto ni autorización para un endeudamiento, tras una complicada sesión en la Cámara baja bonaerense, que culminó sin quórum ya que el Frente para la Victoria decidió levantarse de sus bancas.

Este accionar conjunto respondería a un llamado de la expresidenta Cristina Kirchner que habría ordenado frenar la salida de la herramienta fiscal. 

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Nadie lo dice a viva voz pero tampoco nadie desmiente que haya sido así. Sin explicaciones de primera mano, las redes sociales una vez más se convirtieron en el ámbito donde se plantean las posiciones, se cruzan las acusaciones y se reparten responsabilidades. Es como el nuevo censor social que tiene la dirigencia, donde la gente expresa sin tapujos lo que opina de la actitud de sus dirigentes. En el plano local, y por ser protagonista de lo ocurrido, el diputado provincial Manuel Elías fue blanco de un escrache virtual de vecinos enojados por la posición adoptada, la cual muchos definen como de “obediencia debida”, sumisa y trapisonda para complicar la gobernabilidad de Vidal.

¿Por qué condiciona la gobernabilidad en la Provincia la aprobación del presupuesto, con el endeudamiento? En 2016 la administración macrista tiene compromisos de pago acreditado de 45.000 millones de pesos y otro tanto de “esqueleto financiero”, como se denomina a deuda por gasto no declarado en la administración de Daniel Scioli.  

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La gobernadora quería la aprobación, antes de fin de año, del presupuesto 2016, y  un endeudamiento de 98.000 millones  que cubrirían el mencionado pasivo más un 30 por ciento adicional para uso discrecional. Es decir, sin plantear de antemano el destino de estos recursos. En el mismo paquete iban  las declaraciones de emergencia en seguridad, infraestructura y penitenciaria y un proyecto de limitación a las reelecciones municipales. Viendo la necesidad de contar con una herramienta fiscal, lo induscutible del paquete de medidas de emergencia y la obligatoriedad de cubrir las deudas asumidas por la administración de Scioli, lo único cuestionable para la oposición (y para eso está, para cuestionar) sería ese porcentaje discrecional. Por otro lado, prerrogativas de este tipo tienen todos los Ejecutivos, que después deben brindar explicaciones en las respectivas rendiciones de cuentas. Pero si aun así la posición del PJ y el kirchnerismo era contraria a que contara el Gobierno con ese margen, el ámbito para ejercer su oposición era el recinto, cumpliendo su función y representando, según su conciencia, lo que se considera más fiel a la voluntad del soberano que honró al diputado con su voto. 

Los peronistas niegan que su ausencia masiva se deba a un llamado de la expresidenta obligando a no sacar la “ley de leyes” y dicen que en realidad es porque no hubo acuerdo previo respecto del monto de endeudamiento que requirió el Poder Ejecutivo.

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Por obediencia debida o por discrepancia, ¿la respuesta de parte de nuestra dirigencia sigue siendo la actitud adolescente “me levanto y me voy dando un portazo”? Con una provincia en llamas, con multiplicidad de frentes conflictivos abiertos, ¿es admisible semejante mamarracho? Recordemos que además de tratarse de la herramienta madre, en este mismo paquete iba la emergencia penitenciaria. ¿Piensa acaso el kirchnerismo que no la hay, que no hay que atender con urgencia este asunto? ¿A dónde quedamos los bonaerenses con esta decisión? ¿O tenemos que pensar que no se sentaron en sus bancas para cuidar nuestros intereses cuando al mismo tiempo 15.000 afectivos buscan a tres criminales que abrieron la puerta de un penal de máxima seguridad? 

Está perfecto que todos los legisladores analicen y cuestionen cada proyecto que llegue a sus manos, incluso lo esperamos de los oficialistas respecto de los emanados del Ejecutivo; basta de escribanías y manos alzadas a libro cerrado sin modificar una coma. Pero no dar quórum no es eso sino una demostración de poder. Y señores diputados: no estamos para esos juegos; el país, la provincia, necesitan prohombres con conciencia del cargo que ocupan, de la responsabilidad que cargan y, sobre todo, sentido común y sensibilidad social. Porque, insistimos, además de frenar el presupuesto han trabado la declaración de emergencia en seguridad, infraestructura y del servicio penitenciario. 

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Los acuerdos previos al recinto también son importantes, hacen a la labor parlamentaria. Pero el debate en las bancas, de cara a la sociedad, queremos creer que sigue teniendo el sentido de plaza pública, donde se oyen las voces de todos. En este caso, incluso, se llegaba a la sesión con un acuerdo respecto de la cifra de endeudamiento, a partir de las explicaciones que el ministro de Economía bonaerense, Hernán Lacunza, había ofrecido a todos los legisladores. Es decir, estaba claro y los diputados del PJ sabían qué se iba a escuchar en el recinto; sobre todo conocen de primera mano el quebranto de la Provincia. Sin embargo, en cuestión de minutos, se negaron a dar quórum. Es entonces, por lo intempestivo del cambio de actitud, que se empezó a hablar de un llamado de Cristina. 

El presidente del bloque peronista José Ottavis, quedó en el ojo de la tormenta porque según cuenta Jorge Sarghini presidente de la Cámara (massista) dijo que la sesión se había caído, que el propio Ottavis le había informado que habían cambiado de opinión porque lo había llamado Cristina Kirchner.

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Hablamos del mismo Ottavis que la semana pasada se reunió con la gobernadora y se comprometió a acompañar el paquete de leyes, consciente de la delicada situación que atraviesa la Provincia. El niega el llamado, lo que es igual a decir que tilda al presidente de la Cámara de fabulador. Su versión es que los 84 diputados del bloque que preside decidieron al unísono no hacer la sesión. Y él mismo agregó: “Nuestra voluntad es aprobar el presupuesto y el endeudamiento, porque sabemos que la provincia lo necesita”. ¿En qué quedamos? ¿Cómo es? ¿Es necesario aprobar el presupuesto y el endeudamiento porque la Provincia lo necesita pero no damos quórum para tratar el tema? Sería necesario un intérprete para entender a Ottavis. Suena más bien a que “se le quemaron los papeles” al tratar de explicar una decisión que –parece- él no tomó. 

 

Unos acusan, otros niegan y todos juegan a demostrar quién tiene la sarten por el mango.

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