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Política versus sentido común

24 de agosto de 2018 a las 12:00 a. m.

La política es dinámica y no siempre en el mejor de los sentidos. Es bueno que así sea en pos de adaptarse a los signos de los tiempos que van cambiando las demandas sociales, pero la política como ejercicio retórico presenta ese dinamismo propio de las convicciones endebles: lo que hoy se sostiene con vehemencia, mañana ya ha girado irremediablemente, siempre con el propio beneficio como única causa.

Por eso no hay horizontes en este país ni luchas empedernidas, mucho menos sentido común. Un muestrario a pleno fue el Senado de la Nación, donde se aprobó por unanimidad el pedido de allanamiento  del juez Claudio Bonadío sobre la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner. Esto acaeció 20 días después de que fuera requerido, con una abrumadora e hipócrita unanimidad, que llenó de maquillaje político una medida extrictamente judicial. En fin que nada es lo que parece, ya que esa votación se produjo cuando la expresidenta aceptara por nota ser allanada y no antes.

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El peronismo no K, que encabeza Miguel Pichetto pretendía aprobar ese pedido pero no quería correr con el costo político, por eso su bloque no dio quórum a las sesiones hasta que hubo un marco de acuerdo con el peronismo K de la Cámara alta. En este caso, el peronismo y Cambiemos lograban la mayoría en el recinto, sin necesidad de llegar a acuerdo ninguno con Cristina, pero en el fondo esos más de tres millones de votos que tiene en la provincia de Buenos Aires la protegen frente al resto de sus pares justicialistas, que no quieren dejarla herida públicamente como expresidenta y soñando quizá en que esos votos puedan eventualmente ser absorbidos por el peronismo tradicional en algún momento.

Tanta es la supremacía de la política por encima de la Justicia y el sentido común que aun quienes estaban en contra de la medida, terminaron votando a favor. Lo hicieron por mandato de Cristina, pero ¿por qué votar a favor si de todos modos bastaba con que dieran quórum ya que los votos de Cambiemos y el Peronismo Federal alcanzaban para la aprobación? Sencilla y banalmente porque no querían que en el tablero de los votos se viera al kirchnerismo como una fuerza debilitada. Era mejor la unanimidad que un 52 a 20, por ejemplo. ¡Si hasta Cristina votó a favor de que la allanen! No hay principios, convicciones, mucho menos altruismo en nuestra política. Da la sensación que por ella, sus negociados, el poder, venderían hasta a la madre.

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Los discursos que se escucharon en líneas generales no van a escribir ninguna página interesante en la historia de los argentinos, porque nuestra política ha perdido calidad sin dudas y el nivel de los oradores es más bien ramplón. En este marco Cristina, que es una muy buena oradora, o “Pino” Solanas resaltan, también el chaqueño Angel Rosas fue interesante. Pero la verdad es que al rato de escuchar a la larga lista de oradores, el asunto se desviaba y retorcía a punto tal que ya no era fácil determinar concretamente de qué se estaba hablando, cuando el tema no ofrecía tanta rareza: el juez pedía allanar a la expresidenta después que un sinnúmero de arrepentidos marcaron sus domicilios en Ciudad de Buenos Aires y en el sur como lugares donde se recibía y/o eventualmente se escondía dinero de la ruta de las coimas. Por esa falta innata de sentido común de la política, al fin escuchando a los senadores -salvo honrosas excepciones- si no supiéramos de qué se trata no nos hubiésemos dado cuenta nunca de cuál era el fondo del asunto. Victimizaciones y ataques al magistrado de parte de los senadores K; obvias defensas al juez de parte de Cambiemos, y en esto decimos que Rosas fue el más claro de la oposición, que marcó los puntos de inflexión diciendo que el problema en este caso no era el juez Bonadío sino los funcionarios y empresarios arrepentidos que “había que pegarles para que se callen”. No fue de un lenguaje muy culto, pero fue claro y contundente respecto de lo que está pasando.

Y decimos que la política es dinámica porque hasta que se desató la crisis financiera en abril, Mauricio Macri tenía la reelección más o menos asegurada y el kirchnerismo caminaba hacia un ocaso sin vueltas tras la derrota en las legislativas. Ahora ya no sabemos si estas verdades lo siguen siendo, porque las encuestas, como veremos, nos llenan de dudas.

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La dirigencia política enfrenta los dos procesos importante en estos días el súper escándalo judicial de los cuadernos de Centeno y la negociación del presupuesto para cumplir el acuerdo con el FMI, todo rodeado de la ansiedad de estar cada vez más cerca de las urnas. Esos dos fenómenos generan sorprendentes paradojas.

El Gobierno sospecha que el tema de los cuadernos no tendrá resultados lineales y que pueden impactar sobre toda la política como una bomba atómica, por eso la Casa Rosada encargó unas 20 encuestas sobre focus groups. Para asombro de quienes las contrataron, un número ínfimo de consultados hizo una referencia espontánea al escándalo de Centeno. De acuerdo con ese estudio, cuanto más se ingresa en el Conurbano bonaerense, menos relevante parece ese problema. No es de extrañar tanto este asunto si nos atenemos a la grieta, cada vez más profunda. Los robos del kirchnerismo no mueven el amperímetro del votante de Cambiemos, cuya indignación viene desde hace mucho tiempo. Y tampoco afecta al votante de Cristina Kirchner, que ya asimiló evidencias incontrastables, cuando lo vio con los nueve millones de dólares que José López revoleó tras los muros de un convento.

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La verdad es que además, los cuadernos que llevaron preso a medio exgabinete y una docena de empresarios, tienen efectos indirectos que amenazan duro a Macri. El más importante es el colapso en el financiamiento de la obra pública y de sectores que, como el transporte, también son tocados por la sospecha. Los bancos suspenden el crédito a las empresas involucradas y, enseguida, se retraen frente a todos los negocios con el Estado. Algunos aprovechan para limpiar su cartera de riesgos. En las compañías de infraestructura también se encienden alarmas. Muchas no aparecen salpicadas por la corrupción, pero tuvieron contratos con otras investigadas.

Macri siempre pensó a la obra pública como la salida para dinamizar la economía mientras llegaban otras inversiones. Tuvo que abandonar la idea de financiarla desde el Estado para alcanzar la meta fiscal comprometida con el Fondo. Pero seguía apostando a los proyectos de participación público-privada, que se financian en el mercado. Y este escándalo judicial lo acaba de despertar brutalmente del sueño.

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Como será de retorcida la política que los beneficios electorales de los cuadernos de Centeno son mucho más opacos que sus inexorables perjuicios económicos. En definitiva lo que nos pasa con la paralización de la posibilidad de contar con la obra público-privada es un coletazo más de la corrupción, en medio de un proceso que lamentablemente debemos atravesar si queremos un país más transparente.

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