Pergamino, entre los cambios y las necesidades
El cambio que hemos analizado a nivel nacional, en Pergamino se replica también con un intendente del mismo signo, el PRO.
Pero los distritos comunales tienen un ritmo distinto que la política nacional; son otras las condiciones y las problemáticas, aun cuando los estilos y propuestas sean los mismos en la línea gruesa. Y eso se hace evidente cuando vemos que, a diferencia de Mauricio Macri, el jefe comunal Javier Martínez no ha efectuado grandes anuncios ni ha levantado el perfil en estos primeros pasos al frente de la Municipalidad de Pergamino.
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Esto obedece, creemos, a dos razones: una es que está viajando en forma periódica a La Plata y Buenos Aires gestionando obras que la ciudad necesita de Nación y Provincia y fondos que le hacen falta. Pero además, hay una cuestión que es insoslayable y que los vecinos debemos tener en claro: en nuestra ciudad, como sucedió en casi todos los distritos donde hubo cambio de signo político, el flamante mandatario se encontró con problemáticas internas: empleados que no cumplían función alguna, otros que cobraban sin concurrir, un área de servicios (Corralón) con la maquinaria en mal estado. Si bien el frente que lo puso en el Palacio contiene al partido que era gobierno, 16 años de gestión (contando los dos de Omar Pacini tras la partida de Gutiérrez a la Cámara de Diputados) han dejado como lastre una cifra aún desconocida pero estimada como excesiva de personal en sus diferentes condiciones de contratación, fruto no sólo del crecimiento de la ciudad y la demanda de mayores servicios sino también de favores políticos.
Pergamino, en ciertos aspectos es una ciudad pequeña, donde todos conocemos a alguien que trabaje para el Municipio. De allí que se han conocido, aunque no se hicieran públicas, algunas medidas encaradas por el nuevo equipo de gobierno, tendientes precisamente a reordenar el personal. Cosas tan sencillas y que en otros ámbitos son obviedades, como obligar a que quienes figuran en la nómina fichen ingresos y salidas (por medio de sistema digital y manual) y se sepa fehacientemente a que sector y superior reportan sus actividades, de modo de evitar picardías.
Es un primer paso, lo mínimo que se puede pretender si se busca la eficiencia: que se cumpla con la asistencia. Al mismo tiempo, se está instando a la jubilación a los empleados que estaban en esa condición de edad y están revisando los contratos de empleados encubiertos, situación irregular que el Estado en cualquiera de sus formas no debiera asumir, porque es empleo informal o en negro, como se dice vulgarmente.
Lisa y llanamente, parece que Martínez no echará a nadie, pero auditará de tal forma que el raleo llegará por decantación.
Sería interesante, en esta nueva etapa, conocer el secreto mayor guardado de la Municipalidad: al día de hoy, ¿cuántos empleos estables tiene, cuántos contratados y cuántos facturan mensualmente? Y cuando hablamos de facturación no nos referimos a proveedores sino a empleo encubierto, ya que siempre se factura la misma cifra por supuestas distintas tareas. Si atravesamos una etapa de sinceramiento y ante la propuesta del PRO de no mentir a la población, no se debiera seguir ocultando esta cifra, porque en definitiva, es con nuestras tasas que se sostiene la estructura, la necesaria y la innecesaria, en todo caso.
Se entiende el proceso que ha iniciado Martínez, para lograr mayores niveles de eficiencia en los servicios que la Comuna presta a los vecinos, optimizando tanto los recursos como los gastos. Pero esta ciudad se pone en marcha cada mañana y hay situaciones que no pueden esperar a estos reacomodamientos.
Mientras tanto, tenemos expectativas respecto de la respuesta que Pergamino puede recibir de la Nación y la Provincia, ahora que se ha logrado por primera vez que todos los estamentos tengan el mismo signo político, situación que antes fue esgrimida como motivo de la no atención a las obras que se demandaban desde aquí. Hay obras de infraestructura que llevan años de postergación que incluso se han cobrado vidas, como la rotonda del Segundo Cruce o las de prevención de inundaciones.
Son trabajos que no corresponden al Municipio y que, por otra parte, exceden nuestras posibilidades. En tanto no fuimos atendidos por Provincia y Nación, se han realizado paliativos que, por otra parte, son costosos. Pero a veces no se puede esperar más y hay que echar mano a lo que se puede, como fue la instalación del semáforo en la rotonda o el tabique de contención en el puente de Rocha. Y para ello hay que contar con recursos y si un alto porcentaje de la recaudación se va en el rubro de personal, estamos en problemas. Es decir, todo tiene que ver con todo.
No estamos hablando que el Municipio esté en situación crítica, no buscamos dramatizar, señalamos los aspectos que hacen que el presupuesto no rinda en el área de inversiones que, desde hace años, se lleva una porción muy pequeña de la torta de los ingresos comunales.
En definitiva, es importante reordenar la Comuna, hacer más eficiente su labor y al mismo tiempo intentar que además de esos 503 millones de pesos que es lo que tenemos como fondos propios, haya una buena coparticipación provincial y apoyo nacional, a fin de lograr que Pergamino se suba al tren del crecimiento, del desarrollo productivo en su máxima expresión y tenga una ciudad que sea orgullo de todos los vecinos.
Pergamino es una ciudad de progreso, por su gente, por sus empresas, por sus comercios y por sus campos, de modo que están dadas las condiciones para que podamos crecer y tener una ciudad modelo. Bajo ese convencimiento, es que deben trabajar nuestros funcionarios, conscientes de nuestras potencialidades y del papel que a ellos les toca, en esta nueva hora.














