Pasar de la mirada "eurocentrista" a descubrir nuevas oportunidades
Gracias al Mundial de Fútbol que se celebra en Qatar, Argentina descubrió que en el sur de Asia hay un país que se llama Bangladesh. Nos enteramos que allí, en ese extremo del mundo, en un territorio relativamente pequeño, existe una comunidad donde residen más de 166 millones de habitantes,...

Gracias al Mundial de Fútbol que se celebra en Qatar, Argentina descubrió que en el sur de Asia hay un país que se llama Bangladesh. Nos enteramos que allí, en ese extremo del mundo, en un territorio relativamente pequeño, existe una comunidad donde residen más de 166 millones de habitantes, es decir, viven en el octavo país más poblado del planeta.
Nos enteramos también que en el origen de la simpatía que por esas latitudes genera la Selección Nacional se mezclan una genuina admiración por Maradona y Messi y el rechazo al Reino Unido por el "trato" que recibieron cuando fueron colonia de la corona británica, por decirlo de una manera elegante. Pero, sin ánimo de caer en una exaltación exagerada de la argentinidad y con la sola voluntad de reflexionar más sobre nosotros mismos, vale la pena preguntarse qué dice de la sociedad argentina este reciente "descubrimiento" de Bangladesh.
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En primer lugar, muestra hasta qué punto caló hondo en nuestras mentes esa tendencia a considerar a Europa como centro o protagonista de la historia y la civilización humanas. Si se repasa brevemente la historia argentina de los últimos 100 años se pueden encontrar muy pocas excepciones de personalidades de nuestra élite política, empresarial y cultural que miraron más allá de Europa y Estados Unidos. Es más, fue recién en 1982 y por la Guerra de Malvinas que buena parte de la dirigencia "descubrió" América Latina. Según un estudio realizado por el antropólogo Sergio Avena, citado por el sitio Chequeado.com, un 31% de la población argentina desciende de indígenas americanos y un 4%, de africanos. Sin embargo, el año pasado, en un encuentro con empresarios el propio presidente de la Nación, Alberto Fernández, dijo que "los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros, los argentinos, llegamos de los barcos. Y eran barcos que venían de allí, de Europa".
Para que quede claro: no se trata aquí de desmerecer el aporte de Europa a la cultura occidental. De lo que se trata es de reflexionar hasta qué punto ese eurocentrismo impide tener una mirada más amplia del complejo mundo en el que vivimos. Resulta curioso, por decirlo de alguna manera, que muchos economistas que no se cansan de repetir que la Argentina "debe abrirse al mundo", tengan ese mundo representado en un mapa mental que solo les muestra a Europa y Estados Unidos. Es llamativo porque eso revela notorias dificultades para encontrar alternativas, por ejemplo, para el comercio exterior: hace ya varias décadas se sabe que países como la India, Pakistán, Bangladesh, Sri Lanka, Indonesia están en el radar de grandes empresas multinacionales y eso es así porque son naciones que experimentan un fuerte crecimiento poblacional.
Son innumerables las oportunidades comerciales y de cooperación internacional que esa región del planeta puede ofrecer a la Argentina. Nuestra Cancillería, afortunadamente, también activó su radar en esa zona y decidió, en medio del entusiasmo que despierta la Selección nacional de fútbol, reabrir una sede diplomática en Daca, Bangladesh, que había sido cerrada durante la última dictadura cívico militar. Según informó el Palacio San Martín, el año pasado las exportaciones argentinas con destino a Bangladesh totalizaron 876 millones de dólares: los principales productos exportados fueron aceite de soja, harina y pellets de la extracción de aceite de soja, maíz y trigo, los cuales concentran el 99% de los envíos. Según la información oficial, el expediente para reabrir la embajada en Bangladesh se inició en abril de este año.
Asia comienza a perfilarse como centro gravitacional del capitalismo del siglo XXI, fundamentalmente por su crecimiento económico y poblacional. Para acceder a este mercado y generar dólares reales para la economía argentina, las Pymes nacionales deben contar con un Estado activo, y políticas comerciales, logísticas, de financiamiento y de cooperación en ciencia, tecnología e innovación que den cuenta de la magnitud del fenómeno asiático. En suma, un Estado emprendedor que promueva, financie, viabilice y capitalice inversiones. Así, se trata de una apuesta mucho más estructural y sistémica, en lugar de la efímera competitividad cambiaria. Es de esperar que este nuevo "descubrimiento" de países asiáticos nos ayude a ampliar nuestra visión del mundo y superar el vetusto eurocentrismo que sigue presente en los debates públicos.










