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No es solo una cuestión de precios

El Gobierno convenció, a duras penas, a empresas productoras de alimentos y artículos de consumo masivo para firmar un nuevo convenio que permitió reeditar el programa Precios Cuidados, con el que se busca reducir el impacto de la inflación, pero que evidentemente no se logra, a juzgar por los resultados....

11 de febrero de 2022 a las 12:00 a. m.
No es solo una cuestión de precios

El Gobierno convenció, a duras penas, a empresas productoras de alimentos y artículos de consumo masivo para firmar un nuevo convenio que permitió reeditar el programa Precios Cuidados, con el que se busca reducir el impacto de la inflación, pero que evidentemente no se logra, a juzgar por los resultados. 

El programa Precios Cuidados fue creado en 2013 durante la gestión de Cristina Kirchner al frente de la Casa Rosada: el objetivo era y aún lo sigue siendo contener la inflación en los productos de la canasta básica. Con una inflación anual del 50 por ciento en 2021 está claro que la iniciativa es inútil. A tal punto que ni siquiera los sindicatos de extracción peronista y alineados con el Gobierno nacional toman en cuenta las proyecciones oficiales para discutir aumentos salariales en el marco de las paritarias. 

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Desde una perspectiva histórica, el control de precios como herramienta de política económica no ha generado resultados favorables. Ni tampoco en la Argentina en los últimos años, con un ritmo inflacionario que va del 30 al 60 por ciento, sin tener en cuenta los años que el kirchnerismo intervino el Indec para manipular datos y mentir con el Indice de Precios al Consumidor (IPC). Lo hizo con un doble objetivo, uno práctico y otro psicológico. Por un lado, para pagar menos los intereses de los títulos públicos en manos de particulares, que se ajustaban por el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) que se conformaba –entre otros- con el IPC. Y por otro estaba el relato para la sociedad, a la que se le pretendía vender la ilusión de un país que no éramos. 

En 2011, el economista y profesor universitario Alejandro Gómez publicó un artículo en el diario El Cronista con el título "El fracaso del control de precios a lo largo de la historia". Señalaba que en su trabajo 4.000 años de control de precios y salarios, Robert Schuettinger y Eamonn Butler reseñaron brillantemente las consecuencias de estas prácticas a lo largo de la historia. Así, consigna que el Código de Hammurabi que hace más de 4.000 años impuso un férreo sistema de controles de precios y salarios en Babilonia ocasionó una fuerte caída en la actividad económica y comercial durante su reinado y el de sus sucesores. El límite a los precios y salarios sacaba del mercado a productores y trabajadores que no estaban dispuestos a producir por debajo de sus expectativas, haciendo que disminuya la oferta de bienes, al tiempo que aumentaban los precios. 

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Apuntaba además que otro caso interesante es el de Atenas en el Siglo de Oro, una ciudad -Estado populosa pero con una región rural limitada para producir alimentos, lo cual implicaba mucha demanda y poca oferta de los mismos. Así las cosas, al gobierno se le ocurrió crear un ejército de inspectores para controlar que los precios de los granos fueran justos. El propio Aristóteles aprobaba esta política al decir que el gobierno tenía que velar porque el grano fuera vendido en el mercado a un precio justo. Pero aun bajo amenaza de pena de muerte, que muchas veces recayó sobre los propios inspectores que no podrían hacer cumplir la ley, el mecanismo se presentó como un fracaso absoluto ya que el precio de los granos continuó subiendo cuando la oferta era menor que la demanda. No fue distinto el resultado cuando el gobierno de Londres trató de controlar el precio del vino en 1119 y en 1330. La ley establecía que la bebida se vendiera a un precio razonable teniendo en cuenta para ello los costos de importación más otros gastos. De todos modos, ante la escasez que produjeron estos controles y el malestar de la población el gobierno debió ceder en su postura.

Gómez concluye que los ejemplos mencionados demuestran a las claras la inutilidad de aplicar controles de precios. Lamentablemente, a comienzos del Siglo XXI nuestras autoridades económicas no terminan de comprender que el deseo de controlar el precio de bienes y servicios que se ofrecen en el mercado terminan inexorablemente desalentando las inversiones y la oferta de los mismos, causando el efecto exactamente opuesto al que se busca, perjudicando tanto a productores como a consumidores. Escasez y desabastecimiento.

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Volviendo a la Argentina de 2022, nos encontramos con que la inflación no da tregua y se mantiene en el orden del 4 por ciento mensual. En respuesta, la Secretaria de Comercio Interior intensificó los esfuerzos para multiplicar los acuerdos de precios.

Nuestro país tiene una larga historia de acuerdos y controles de precios que en la mayoría de los casos fracasaron. Cuando funcionaron fue porque estuvieron acompañados de una batería de medidas consistentes de combate a la inflación y por corto tiempo. Posiblemente el caso más recordado de éxito sea el Plan Austral de 1985 que, incluyendo acuerdos y controles de precios, logró bajar la inflación mensual del 20 al 5 por ciento en 1986. Pero aun en este caso el efecto fue transitorio.El principal programa de este tipo, el denominado "Precios Cuidados", muestra que los productos a costos impulsados por el Gobierno tuvieron en 2021 aumentos superiores a la inflación general. Queda así probado que los acuerdos de precios, por sí solos, no bajan la inflación.

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Es que, como se ha repetido hasta el cansancio, la inflación es un fenómeno multicausal. Es lógico que para abordarla se necesite un conjunto de medidas consistentes. En el actual contexto, lo más importante es un plan creíble para reducir sosteniblemente el déficit fiscal a fin de generar confianza en que la emisión monetaria se va a morigerar. Con expectativas de que se dan las condiciones para bajar la emisión, los acuerdos de precios podrían ayudar a contener los precios.

La inflación se mantiene muy alta por efecto de la enorme emisión. Desde diciembre 2019, el dinero líquido en poder del público se duplicó mientras que la producción se contrajo un 10 por ciento. Es decir, hay más billetes circulando y menos bienes en la economía. A esta presión inflacionaria se suman las señales que emite el Gobierno con relación al futuro. 

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Si en la coalición de Gobierno siguen prevaleciendo los despreocupados por el déficit fiscal y la emisión monetaria, no hay chances de morigerar la inflación. Los acuerdos de precios no sólo que no servirán sino que van a potenciar la inflación. La razón es que las empresas ante la intensificación de controles tienden a aumentar preventivamente los precios. Esto es lo que viene ocurriendo en los últimos meses. Programas como "Precios Cuidados" tienen sentido si son acompañados con un plan anti-inflacionario consistente que dé señales claras y creíbles de mayor austeridad fiscal.

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