No desperdiciemos la oportunidad
Detrás de la desesperanza y la incertidumbre que nos provoca la política argentina, especialmente en estos días, se esconde una oportunidad fenomenal para nuestra economía de volver a crecer. Esa oportunidad viene de afuera: el mundo quiere comprar hoy lo que nosotros producimos, sobre todo alimentos, energía, minerales y servicios...

Detrás de la desesperanza y la incertidumbre que nos provoca la política argentina, especialmente en estos días, se esconde una oportunidad fenomenal para nuestra economía de volver a crecer. Esa oportunidad viene de afuera: el mundo quiere comprar hoy lo que nosotros producimos, sobre todo alimentos, energía, minerales y servicios de alto valor agregado. Podríamos capturar parte de esas inversiones si hacemos las cosas bien y tomamos algunas medidas urgentes. Si no, la vamos a ver pasar, la van a aprovechar otros países: nos perderíamos una gran oportunidad, no por primera vez
Primero la comida: para 2050, habrá 2.000 millones más de personas en el mundo. Se necesitará un aumento del 70 por ciento en la producción mundial de alimentos para que podamos comer todos. En el corto plazo, la pandemia y la guerra en Ucrania generaron disrupciones en las cadenas de comercio de alimentos, llevando a aumentos de precios y problemas de abastecimiento. Argentina, gran productor y exportador de alimentos, puede beneficiarse de estas oportunidades, pero tenemos que dejar de meternos goles en contra con políticas que desincentivan la inversión y la producción. Entre el cepo y las retenciones, el Gobierno es prácticamente el dueño de la rentabilidad del productor que opera en blanco. No sorprende entonces que Brasil, Uruguay y Paraguay nos hayan reemplazado como proveedores en múltiples mercados globales. Estamos a tiempo de recuperarlos, pero tenemos que eliminar el cepo, ir reduciendo las retenciones en la medida que lo permita la situación fiscal, abrir nuevos mercados de exportación por medio de acuerdos comerciales, reducir los costos burocráticos y las trabas aduaneras, mejorar nuestra infraestructura y consolidar el mercado de capitales para que haya más crédito a menor tasa.
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En energía y minería tenemos también oportunidades fenomenales. Hace años que se viene hablando del potencial de Vaca Muerta para producir tanto gas y petróleo como para recuperar el autoabastecimiento y convertirnos en exportadores de energía. Ahora se agrega el litio, insumo clave para las baterías eléctricas, que cada día impulsan a un porcentaje mayor de los autos en el mundo. Entre Argentina, Bolivia y Chile, tenemos el 53 por ciento de los recursos de litio en el mundo. Ahí también el cepo y la inestabilidad macroeconómica son fuertes trabas: si cada vez que exporto recibo la mitad de los dólares que debería, muchas ganas de exportar no voy a tener. También necesitamos estabilidad macroeconómica, tributaria e institucional. Estas inversiones son grandes, requieren mucho capital y financiamiento, y su período de repago es largo. Si no damos cierto horizonte de previsibilidad, vamos a dejar pasar esta oportunidad.
En 2022, Argentina exportó más de 8.000 millones de dólares en servicios basados en el conocimiento, el 44 por ciento con destino a EE.UU. Estos servicios, que se caracterizan por usar tecnología avanzada y trabajo calificado, incluyen por ejemplo la creación de videojuegos, software, servicios de logística, diseño, ingeniería, industria audiovisual, servicios profesionales y muchos otros. La exportación mundial de estos servicios se duplicó entre 2010 y 2020, y seguirá creciendo. Nuestro país puede crear miles de nuevas empresas y empleos de calidad si logramos aprovechar este crecimiento. Ya tenemos empresas y talentos excelentes, pero necesitamos acá también eliminar el cepo. Un programador que le vende sus servicios a una empresa norteamericana pierde la mitad de su ingreso en dólares por el cepo. Lo más probable es que busque no declarar la actividad, lo cual puede funcionar para una persona, pero no para una empresa grande, que busca crecer e internacionalizarse. También tenemos que mejorar la calidad de la educación en ciencia, tecnología y matemática en todos los niveles, e invertir más y mejor en ciencia básica.
La pandemia les hizo notar a gobiernos y empresas que tenían una enorme dependencia de China para la provisión de algunos insumos estratégicos, en este caso insumos médicos y de protección personal. Cuando China se cerró por su política restrictiva frente al Covid, hubo faltantes, aumentos de precios e incluso riesgos a la salud. Ese riesgo está llevando a gobiernos y empresas a querer diversificar sus proveedores, y esta tendencia se fortalece por la competencia geopolítica. Estados Unidos, Europa y Japón buscan reducir su dependencia de China, y que sus empresas inviertan en países más cercanos. Además, las crecientes preocupaciones ambientales llevan a buscar fuentes de suministro más cercanas geográficamente, lo cual representa una oportunidad para América Latina en relación a EE.UU. y Europa.
Ahí están las oportunidades, y van a surgir otras. Hay casi 8.000 millones de clientes potenciales en el mundo, pero nosotros nos seguimos mirando el ombligo, peleándonos porque la ropa es muy cara pero si se abre la importación se pierden empleos; porque la Afip persigue al campo con trabas cada día más insólitas, porque en la Aduana te revisan los bolsillos a ver si traés más de un celular. Estamos en "la chiquita", en la mediocridad de pensar que la salvación está en sacarle algo al argentino que tengo al lado en vez de salir juntos a llenar al mundo de productos y talento argentino.
Lo primero que tenemos que entender es no hay un botón de apertura: es un proceso, no un click. Una película, no una foto. Hay que empezar para alguna vez ver los resultados. Empezar y, lo más importante, continuar. Hay dos cosas urgentes que tendríamos que hacer ya, o en los primeros días del próximo gobierno: eliminar el cepo y eliminar el sistema de licencias de importación. El cepo es una calamidad para el exportador. Y las licencias de importación limitan y encarecen los insumos que usan las empresas exportadoras, haciéndoles perder competitividad y confiabilidad en los mercados globales. "No, disculpá, no te puedo mandar el producto porque no me aprobaron la importación de insumos para producir"; así es imposible. Las licencias de importación también le dan poder monopólico en el mercado argentino a pocas empresas (si nadie más puede importar, podés cobrar lo que quieras), lo cual encarece algunos productos clave para los consumidores (celulares, computadoras, ropa, calzado, electrodomésticos, muebles y varios etcétera) y genera incentivos fuertísimos a compartir la renta monopólica con los funcionarios que otorgan los permisos para importar. Un sistema perverso que reduce nuestra capacidad exportadora, beneficia a pocos vivos a costa de todos los argentinos y alimenta la corrupción.
Una vez que hayamos eliminado el cepo y las licencias, arranca la maratón, el trabajo de todos los días para ser más competitivos: firmar y perfeccionar acuerdos comerciales, reducir la burocracia aduanera, mejorar nuestra infraestructura, reducir impuestos, fortalecer nuestro mercado de capitales y promover nuestras exportaciones y las inversiones en nuestro país. Tareas que no terminan nunca, por cierto.
Tenemos que salir a buscar y firmar más acuerdos de libre comercio: tenemos en la mira y al alcance de la mano la firma y ratificación del Acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Este acuerdo, largamente negociado y finalmente concluido en el gobierno del presidente Mauricio Macri, abrirá nuevos mercados, elevará nuestros estándares de calidad y generará nuevas inversiones e integración en cadenas de valor. Paralelamente, tenemos que buscar acuerdos comerciales con países de Asia y Africa, regiones que incrementarán su demanda de alimentos, energía y minerales en los próximos años.
Hay mucho por hacer: si nos decidimos a hacerlo en serio, el trabajo no termina nunca, pero si no tomamos la decisión de salir con todo al mundo a llenarlo de argentinidad, nos vamos a seguir mirando el ombligo mientras creamos cada vez menos empleos y menos oportunidades para nuestros hijos. Ya probamos en los 20 años de kirchnerismo cerrarnos cada vez más: no funcionó. Es hora de animarnos a ser lo que que podemos ser: un gran país exportador, dinámico, que pone productos y talento en cada rincón del mundo. Atrás de eso hay empleos desafiantes, interesantes y bien pagos. En síntesis, una vida mejor para todos.













