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Néstor Kirchner en una visión retrospectiva: las luces y las sombras

30 de octubre de 2016 a las 12:00 a. m.

En un nuevo aniversario de su prematura muerte, Néstor Kirchner no pudo lograr reunir a sus seguidores en un solo acto. Una circunstancia que no hubiese permitido si estuviese entre los vivos. Su desarrollado olfato político, que le permitió en muy poco tiempo construir la autoridad presidencial cuando asumió con una veintena de puntos en la Casa Rosada, habla a las claras de quién era este gobernador venido del sur.

Si bien el interinato de Eduardo Duhalde le allanó en parte el camino para lo que fue un mandato que la historia considerará exitoso, al llegar a la Presidencia el infierno de 2001 aún estaba presente. Había un 25 por ciento de desocupación, apenas frenada con los primeros planes sociales, los “Trabajar”; gran conflictividad social; una Banco Central sin reservas y el aparato productivo frenado, sin olvidar que el mercado interno era inexistente.

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Objetivamente hablando, sus cuatro años de presidencia fueron positivos, si lo divorciamos de los dos mandatos posteriores de su esposa Cristina Kirchner, donde el rumbo comenzó a estrellarse irremediablemente, y de las miradas subjetivas que pueden hacerse sobre lo que pudiera haber hecho en términos institucionales en ese período de bonanza económica.

Uno de sus primeros aciertos fue confirmar al ministro de Economía de Duhalde, Roberto Lavagna y al ministro de Salud, Ginés González García. Pero también nombró a Julio de Vido, uno de sus hombres de mayor confianza desde la Gobernación de Santa Cruz y presumiblemente organizador de un gran espacio de corrupción en la obra pública. En el Ministerio del Interior designó a Aníbal Fernández, quien a su vez sugirió a Daniel Filmus para el Ministerio de Educación, a Rafael Bielsa en Cancillería, José Pampuro en Defensa, Carlos Tomada en Trabajo y Gustavo Béliz en Justicia.

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Un primer gabinete variopinto que le daría grandes satisfacciones pero otros grandes problemas.

La política económica del gobierno de Kirchner continuó los lineamientos establecidos por Lavagna bajo la presidencia de Duhalde, manteniendo la devaluación de la moneda mediante una fuerte participación del Banco Central en la compra de divisas, impulsando mediante las exportaciones, principalmente de una soja en su máxima cotización histórica, un crecimiento económico con tasas del PBI cercanas al 10 por ciento. Las políticas coyunturales implementadas fueron exitosas; respecto de las deficiencias estructurales de nuestro país, las que veníamos (y seguimos) arrastrando de tiempos inmemoriales puede hacerse un análisis más crítico, ya que es en los períodos de crecimiento como lo fue 2003-2007 cuando es oportuno revertirlos, cosa que no sucedió sino todo lo contrario. Pero la coyuntura fue contenida con solvencia y acierto. Por ejemplo, Kirchner sacó al país de la cesación de pagos más grande de su historia: se canjeó la deuda soberana, de valor nulo tras la crisis de 2001, por nuevos bonos indexados por la inflación y el índice de crecimiento económico. Las cifras de pobreza y de desempleo disminuyeron notoriamente. Con Cristina no solo estos datos fueron adversos sino que además se los desdibujó y ocultó con el doble motivo de no pagar lo que correspondía a los tenedores de bonos y de sostener el relato de crecimiento y bienestar que ya no eran tales. 

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Las reservas internacionales pasaron de 14.000 millones de dólares en 2003 a más de 47.000 millones de dólares en 2007, para quedar en menos de la mitad al terminar el segundo mandato de su esposa. 

Desde el principio del gobierno de Néstor Kirchner, el papel del Estado en la economía se amplió en relación al que tenía durante el Gobierno de Carlos Menem. Esto se vio en la estatización de Aerolíneas Argentinas, Correo Argentino, Astillero Río Santiago.

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Desde 2003 a 2007 el país registró una fase de crecimiento económico con tasas que oscilaron en torno al 9 por ciento, las famosas “tasas chinas”. 

Otro acierto fue evitar confrontar con los movimientos sociales que nacieron en la crisis de 2001; paulatinamente los fue moldeando sin reprimir, los organizó en cooperativas de trabajo y a otros los incorporó al Gobierno. Nuevamente, fue bien atendida la coyuntura pero sin visión estratégica, ya que esta misma solución fue uno de los gérmenes del mayor de los problemas que arrastramos: el exacerbado populismo que engrosa día a día el déficit fiscal.

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Durante los años 90, la Corte fue duramente criticada por carecer de la suficiente independencia del Poder Ejecutivo. Durante 2003, año en que asumió la Presidencia Néstor Kirchner, se estableció por decreto que todos los candidatos a integrar la Corte Suprema deben pasar una etapa de exposición pública que tiene que presentar el Poder Ejecutivo en los principales medios de comunicación de todo el país. La renovación de la Corte Suprema de Justicia durante los primeros años del Gobierno de Kirchner, con la designación del doctor Eugenio Zaffaroni en 2003, y de las doctoras Elena Highton de Nolasco y Carmen María Argibay en 2004, fue vista y es usualmente reconocida por la oposición como un paso positivo, que dotó más independencia al Poder Judicial.

Kirchner llevó adelante una activa política para promover los derechos humanos. Impulsó el enjuiciamiento a los responsables por crímenes de lesa humanidad ocurridos durante los años 70, realizados por la Triple A y por el gobierno del Proceso de Reorganización Nacional. Este fue otro de los temas que terminó por degradarse en los años posteriores, ya que organizaciones como Madres de Plaza de Mayo quedaron envueltas en un caso de corrupción por los planes de vivienda que manejaron. Es claro que la intermediación económica con entidades para construir unidades habitacionales fue escandalosa y puso al descubierto una de las cajas de la obra pública.

Vistas a la distancia, y sabiendo de las consecuencias de la degeneración en que cayeron muchas de sus iniciativas, sin dudas las acciones más acertadas de Néstor en su mandato fueron las de corte económico. Y así ha quedado registrado en la historia para la posteridad: según el Centro de Estudios para la Producción, el período 2003-2007 fue una etapa de gran avance de la Argentina, registrando tasas de crecimiento promedio del orden del 9 por ciento anual. El desempeño productivo estuvo motorizado por la persistente mejora que presentaron el gasto doméstico privado y las exportaciones. Por otra parte, la generación de mano de obra fue otra característica saliente del período 2003-2007; ello se evidenció en una tasa de desocupación que fue descendiendo sin interrupciones con reducciones importantes, alcanzando niveles de un dígito. 

En términos generales, el volumen de las exportaciones creció casi un 100 por ciento desde 2002 a 2007, pasando de 25.650 millones de dólares a casi 50.000. La balanza comercial siguió siendo positiva, mientras se abrieron nuevos mercados asiáticos y africanos. Los vientos de cola internacionales que mantuvieron los precios nunca vistos para los commodities fueron una enorme ayuda para la gestión.

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Visto así el gobierno de Néstor Kirchner ¿cómo se llegó a la degradación económica en la que caímos en los años posteriores?

Ya en el primer mandato de Cristina y aún en vida de Néstor comenzaron a verse los primeros síntomas de la descomposición. El sistema populista de subsidios generalizados, que alcanzaban de igual modo a la clase baja como a la más alta, se hizo difícil de sostener y obviamente los sectores de menores recursos fueron los primeros en percibirlo. Y cuando este presupuesto es la base de los triunfos electorales, mantener el poder obliga a seguir gastando la chequera haya fondos o no los haya. Y empezó a no haberlos porque se cortó el chorro de la principal fuente de ingresos del Gobierno: el campo. 

Por eso el punto de inflexión entre el éxito y el fracaso del kirchnerismo se ubica en la fallida resolución de las retenciones móviles.

Todo comenzó el 11 de marzo de 2008, cuando en un contexto de fuerte aumento nacional e internacional del precio de los alimentos, el ministro de Economía anunció un nuevo sistema de retenciones móviles a las exportaciones de cuatro productos, soja, girasol, maíz y trigo y sus derivados.

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Dicha resolución, la Nº 125/08, fue rechazada de plano por las cuatro organizaciones que reúnen al sector del campo de la Argentina. El conflicto no hizo más que escalar y por primera vez una mayoría ciudadana se oponía al gobierno kirchnerista ahora en manos de Cristina. Se declaró el paro agropecuario patronal en Argentina de 2008, conflicto que se extendería por 129 días y que consistió en no comercialización y cortes de ruta. La fallida ley 125 fue finalmente rechazada en el Senado en una votación que debió ser desempatada por el vicepresidente de la Nación, Julio Cobos quien votó en contra del proyecto de la presidenta. Esto llevó a una ruptura entre ambos y a un realineamiento político de un sector de los llamados radicales K que se ubicó en la oposición, aún sin dejar de ocupar el cargo de vicepresidente.

A este conflicto le siguió la lucha desatada contra un hasta ese momento aliado, el Grupo Clarín, que llegó hasta la aprobación de la nueva Ley de Medios, que solo faltaba que tuviera nombre y apellido, porque si bien era necesario modificar la norma, se hizo a la medida para perjudicar al grupo y esto le restó autoridad a la ley, hoy suspendida por el macrismo.

Pasados los años de las dos gestiones de Cristina Kirchner,  en los que el populismo se acentuó con cada vez menos recursos y ya no había en economía ni un experto como Lavagna ni un piloto de tormentas como Néstor, los manotazos de ahogado para seguir sosteniendo la distribución de los fondos que ya no había, llevaron al cepo cambiario, a una intromisión del Estado en las exportaciones cada vez más intensa, la pelea con los adversarios políticos y empresarios y los mismos medios críticos al oficialismo se acentuó de manera evidente. Escraches, interminables cadenas nacionales de la presidenta para acusar a unos y otros, el acuerdo con Irán, la muerte sospechosa del fiscal de Amia Alberto Nisman y una economía que, de crecer al 9 por ciento anual, pasó a no crecer, llevaron a la derrota. 

Mal epílogo para una gestión que en sus primeros cuatro años fue destacable y así recordará la historia al matrimonio Kirchner: a Néstor entre los mejores mandatarios y a Cristina como artífice de su ocaso post mortem.

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