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Nadie dijo que acomodar la Argentina sería fácil

27 de julio de 2017 a las 12:00 a. m.

Sigue creciendo el saldo comercial negativo en la Argentina, llegando en junio a 748 millones de dólares, un dato duro y puro ofrecido por el Indec que, como sabemos y desde que asumió el Pro, ya no manipula los índices y ahora podemos darlos por confiables.  

Para aquellos que no están pendientes de los vaivenes de la economía, el saldo de la balanza comercial es la diferencia entre exportaciones e importaciones, es decir, entre el valor de los bienes que un país vende al exterior y el de los que compra a otros países.? 

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Y en el caso que nos ocupa es mucho más lo que estamos comprando al exterior que lo que estamos vendiendo. Lo que supone un desequilibrio entre la salida de divisas y el ingreso. En junio pasado, por ejemplo, vendimos por 5.150 millones de dólares pero compramos por 5.898 millones. Si tomamos el primer trimestre del año el déficit acumula 2.613 millones de dólares.

Nunca estos fenómenos responden a una sola causa, sino que son cuestiones multicausales y en las cuales los economistas en general tienen distintas visiones. Unos hacen hincapié en que el precio del dólar, que consideran bajo, favorece la adquisición de bienes en el exterior. Otros, en cambio, consideran que las exportaciones crecieron apenas 0,8 por ciento interanual por la caída de los productos primarios y de las manufacturas de origen agropecuario y ambas son el 67 por ciento del total de las exportaciones.

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Es claro que si la producción primaria que es tan importante en la exportación argentina baja su precio internacional, los dólares que ingresan son menores, al tiempo que en esta primera mitad del año la liquidación de la producción a la espera de mejores precios.

Por una razón o por otra o por ambas, atravesamos el peor junio desde los años ‘90, en términos de balanza comercial.

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Lo que más arrastró la caída fueron de las exportaciones en junio fueron para combustibles y energía (-44,1 por ciento), manufacturas de origen agropecuario (-8,8) y productos primarios (-3,6). Y, en cambio, crecieron la compra en distintos rubros vehículos (+40 por ciento interanual), combustibles (+18), bienes de capital (+17) y bienes de consumo (+16). 

Cuando hablamos de balanza comercial no podemos dejar de mirar nuestra relación con Brasil, uno de los principales socios del Mercosur y con quién mantenemos fluido comercio casi bilateral.

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Las consultoras privadas consideran que los productos que traccionaron el aumento en las ventas a Brasil fueron nuevamente aquellos relacionados al sector automotriz, por un lado, y los productos agrícolas, por el otro. Por el lado de las importaciones, los informes  privados destacan que siguen impulsadas por la recuperación de la actividad, principalmente del mercado automotor, y en menor medida por la dependencia de la fabricación nacional del componente de origen externo, como de máquinas para construcción y productos de hierro y acero.

Ahora bien, quienes ponen el acento en el precio del dólar para explicar parte de este fenómeno, hacen base en la cuestión de que una divisa baja como consideran que tiene la Argentina, no hace más que favorecer la compra de bienes afuera, antes que en el país, donde en la mayoría de los casos los mismos bienes son más caros.

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Es posible que el dólar esté retrasado como afirma más de un economista, pese a que en los últimos días la divisa fue escalando, aunque sin dar saltos de proporción. Pero hablamos de un dólar que se mueve en una banda que va de poco más de quince pesos a diecisiete, lo que no implica un aumento de gran proporción. Los exportadores desean fervientemente un dólar por encima de los veinte pesos, porque claramente se verían favorecidos para las exportaciones.

El problema en este caso es la economía psicológicamente dolarizada que tenemos en la Argentina, ya que en el plano de la realidad y como sucede en otros países el valor del dólar no es el vértice por el cual se rige el costo del mercado interno. Lo único que debería incrementarse son los artículos que tienen componentes extranjeros que se abonan en dólares. No tiene lógica económica que cada vez que aumenta el dólar suba la leche, el pan, los fideos y ni hablar del rubro de la construcción ya que automáticamente que aumenta la divisa se encarece el metro cuadrado de construcción. En definitiva todo se encarece en la Argentina cuando el dólar se dispara.

Y esta cuestión no es menor porque el Gobierno se ve obligado a sostener el precio de la divisa para que no escale la inflación en pesos. Sobre todo en momentos en los cuales vamos perdiendo la batalla de la suba de precios, la recesión aumenta pero los valores de las mercancías no ceden. Un fenómeno que no es común en el mundo, pero que en la Argentina no es la primera vez que lo atravesamos: la estanflación, que es estancamiento de la economía con inflación.

Ante este panorama el Gobierno se encuentra en la encerrona de dejar que el dólar suba y se favorezca la balanza comercial o mantenerlo frenado para no perjudicar aun más el mercado interno. 

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Nadie dijo que acomodar la Argentina sería fácil…

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