María Isabel Lapolla de Aiello

Su fallecimiento
El pasado martes falleció la doctora María Isabel Lapolla de Aiello (Yiya), reconocida abogada de destacada trayectoria en el ámbito judicial.
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Nacida en Pergamino, hija de inmigrantes italianos, estudió en la escuela Normal Mixta Joaquín V. González donde se recibió de maestra y luego hizo la carrera de Derecho para recibirse de abogada en la Universidad Nacional de La Plata.
Estuvo casada 50 años con Fidel Guillermo Aiello fonoaudiólogo nacido en Buenos Aires y pergaminense por adopción. Matrimonio ejemplar desde 1957 hasta el fallecimiento de Aiello hace siete años.
Del matrimonio nacieron sus dos hijos Claudia y Guillermo (Willy) Aiello y cuatro nietos: María José Sharry y Lucía, Paula y Vittorio Aiello. A ellos les dedicó toda su ternura y afecto incondicional.
Con su marido, quien jamás se separaba, viajaron por el mundo entero llevando a los hijos primero y a su nieta María José después. Esos paseos eran el cable a tierra de Yiya. Así como las grandes amigas que cosechó en su vida, Edna Pozzi, Juanita de la Fuente y Norma Volpi, por nombrar las más presentes.
Comenzó en la Justicia en San Nicolás en 1968, como secretaria del Juzgado de Menores de la vecina ciudad. Luego, ya iniciada la década del 70, fue Defensora de Pobres y Ausentes en Pergamino, para finalmente incorporarse al Tribunal del Trabajo donde estuvo décadas completando cuarenta años de Justicia hasta su retiro en 2008.
Fue presidenta del Colegio de Magistrados y Funcionarios Judiciales del Departamento Judicial Pergamino y ha sido muy apreciada por todo el foro, tantopor los que se desempeñaban en la Justicia como los abogados de la matrícula por ser una mujer trabajadora, honesta y de firmes convicciones en el Derecho.
Ya jubilada, a los 62 años, se dio cuenta que no podía estar sin trabajar porque amaba su profesión y se incorporó al estudio jurídico Funes- Aiello con su hijo y su socio. Allí permaneció hasta que sus fuerzas flaquearon en 2011 y ya todo el tiempo fue para la familia.
Su desaparición deja un dolor que solo el tiempo irá haciendo menguar. Sus seres queridos, mientras llega la resignación por la pérdida irreparable, deberán refugiarse en el consuelo de que Yiya fue una mujer realizada personal, familiar y profesionalmente, que vivió placenteramente y que su existencia se apagó rodeada por sus afectos.
Desde LA OPINION acompañamos especialmente a Claudia, periodista que desde hace décadas está ligada al Diario.
















