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Macri y Tinelli, una reunión de empresarios muy inoportuna

29 de julio de 2016 a las 12:00 a. m.

Los políticos en la Argentina y en casi todos los países del mundo recorren los programas de televisión más exitosos en épocas de campaña electoral. Se trate de envíos serios o frívolos, se prestan a todo tipo de juegos mediáticos, aun a costa de pasar algún ridículo, todo en pos de mostrarse simpáticos y sobre todo empáticos con el público. Saben que parte del voto depende de que la imagen traspase la pantalla.

Este es un juego que la sociedad acepta de la clase política y hasta disfruta en épocas preelectorales de las presentaciones de los presidenciables en todos los programas donde los ve en su humanidad, desacartonados y hasta contando alguna intimidad familiar.

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Al programa de Marcelo Tinelli, uno de los envíos de más rating de la televisión abierta y que abarca una considerable franja del electorado, han ido todos, candidatos y presidentes: Carlos Menem, Fernando de la Rúa (un programa al que el exmandatario culpa de haber sido parte de su caída por los papelones que protagonizó), Néstor Kirchner; y candidatos como Francisco de Narváez (el que al contario de De la Rúa se cree que el envío lo ayudó a ganar una legislativa con el sketch de “alica alicate”), Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa. Una larga lista de figuras políticas han participado de este juego mediático. 

No es entonces algo inesperado o sorpresivo que Mauricio Macri se reúna oficialmente con una celebridad. Quedaron para la posteridad aquellas postales de Carlos Menem con Madonna y con los Rolling Stones. Y a Cristina Kirchner también la sedujo mostrarse en la Casa Rosada con Antonio Banderas o con Luis Miguel. Pero las imágenes del jefe de Estado jugando a las aplicaciones de snapchat con Marcelo Tinelli ofrecieron el costado más frívolo de una administración que ganó las elecciones proponiendo el fin de todas aquellas prácticas que están en las antípodas de un país en emergencia.

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La Argentina de Macri está en su primer año, es cierto, y las reformas estructurales en marcha permiten tener una mirada optimista sobre el mediano plazo. Pero la fotografía actual es la de un país que todavía no baja del 40 por ciento de inflación anual; que aún no logra reducir su déficit fiscal; que deberá esperar algún tiempo para reactivar el consumo y volver a generar empleo. Que arrastra el drama del Estado ausente en muchas áreas y que debe sofocar las carencias de 15 millones de pobres. Es a ese universo angustiado al que el presidente le debe garantizar las ofrendas mínimas de la austeridad y de la empatía.

Por eso, las morisquetas que el presidente y el exitoso conductor de la TV ensayaron una hora ante el teléfono celular y su difusión inmediata a través de las redes sociales constituyen un paso atrás que opaca otras políticas acertadas. Una hora del valioso tiempo presidencial merece desafíos de Estado más urgentes. 

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También es cierto que en esa hora ninguna otra cosa que hiciera Macri hubiese cambiado drásticamente el curso de la realidad, pero, como sabiamente se dice, “no solo hay que ser sino parecer”. Mucho más en la política, y más todavía en el caso del funcionario de más jerarquía y representación.
Podemos inferir que la intención de la movida fue mostrar un presidente mundano, humano, cercano a la gente, al exhibirlo haciendo uso de la aplicación con un amigo, como podría suceder en cualquier encuentro. Pero claramente logró el efecto inverso, porque la gente vio frivolidad y banalidad. 

¿Está mal que el presidente “se entretenga” con Snapchat y otras redes sociales? Claro que no, el asunto es la oportunidad. Pongamos un ejemplo cercano, hipotético: ¿es correcto que el intendente Martínez tome de tanto en tanto un café con amigos en la Peatonal? Nadie podría decir que ser intendente lo priva de ese derecho y placer. Ahora, no sería igual la apreciación si se lo ve tomando un café cuando algún barrio de la ciudad está pasando por alguna zozobra, como una inundación.  

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Fue por esto, por la inoportunidad, que la reunión del presidente Macri con Tinelli esta semana en Olivos cayó como un balde de agua fría, fue ampliamente criticado en todos los canales y radios, mientras las redes sociales estallaban con burlas, memes y reproches. 

¿Hubo en estos cuestionamientos un doble estándar al no juzgar a otros mandatarios y sí al actual presidente en su juego con el conductor más popular de la TV?

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En realidad no, porque que las imágenes del jefe de Estado jugando a las aplicaciones de Snapchat (una tecnología que deforma las fotografías) con el conductor ofrecieron el costado más frívolo del Gobierno. No se tuvo en cuenta una cuestión clave: la oportunidad. 

Esta cuestión no es menor a la hora de comunicar, porque cuando hablamos de oportunidad nos estamos refiriendo al contexto en el cual se generan los gestos y la verdad es que estamos atravesando una crisis con las complejidades que esto conlleva. 

Y en esta circunstancia difícil que vivimos, el plano gestual de la comunicación es muy importante, tanto que reunirse una hora con Tinelli en Olivos y hacerse los graciosos con el celular enoja más que humaniza la figura presidencial. Es ocioso plantear que hay problemas más urgentes que amigarse con el conductor que a estas horas presenta su imitación interpretada por Freddy Villareal en el programa y Macri se siente ridiculizado.

Los rumores de pasillo de la Casa Rosada dan cuenta de una versión menos idílica de este conflicto; afirman que Macri sentía como una “apretada” de Tinelli las imitaciones, por los problemas que han tenido en dos frentes: la AFA, donde el presidente logró mediante distintos juegos alejar de la presidencia tanto a Hugo Moyano como a Marcelo Tinelli, y el conflicto más serio aun de los socios del conductor en Ideas del Sur, entre ellos Cristóbal López. El dueño de Indalo está investigado por retener 8.000 millones de pesos de la AFIP y Tinelli quiere quedar lejos de ese escándalo.

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Y aquí es donde debemos darnos cuenta que el presidente en realidad se reunió con Tinelli el empresario, con intereses en medios de comunicación y con un dirigente de AFA que estuvo a punto de ser su titular, no con el conductor de Bailando por un Sueño.

Esta es la reunión que se esconde detrás de las fotos en broma que se sacaron y mientras todos analizan si estuvo bien o mal el encuentro, no sabemos en realidad qué se acordó en esa tarde en Olivos entre el presidente y uno de los grandes empresarios de la televisión y el fútbol. Ya que las imitaciones seguirán pero habrá ciertos límites, confió Tinelli, de modo que algo han acordado. Porque como dicen los chinos “no hay almuerzos gratis”, traducido al español: no se plantea bajar el nivel de sátira de un programa sin nada a cambio y siendo el conductor, como decimos, un empresario, lo más probable es que haya habido intercambio de “gentilezas”.

La pelea había comenzado luego de que unos 30.000 usuarios de la red social Twitter criticaron con dureza a Tinelli por las imitaciones satíricas del cómico Freddy Villarreal y lo acusaron de ser kirchnerista.  El conductor respondió por Twitter y denunció a la Casa Rosada de conducir un ejército de “trolls”, nombre que se utiliza para llamar a personalidades ficticias que crean cuentas de Twitter con un fin determinado: el atacar o defender a tal o a cual.

Por supuesto lo que trascendió después del encuentro es que se aclaró que la Casa Rosada no tiene trolls que fustiguen conductores ni opositores, Tinelli dijo que no está enojado por lo sucedido en AFA, donde no pudo ser presidente, y tampoco pudo encabezar la creada Superliga.

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En fin, fotos sonrientes como amigos que alguna vez fueron, los juegos de Snapchat entre ambos con imágenes desfiguradas, y la sociedad que miró el encuentro como un hecho inoportuno, una situación que no cayó bien si quiera a quienes lo votaron y adhieren a su plan, en medio de una crisis económica que sensibiliza a propios y extraños.  Los argentinos estamos acostumbrados a una comunicación directa, llana, donde se expliquen claramente las medidas y se utilicen correctamente los medios de difusión. Este estilo de utilización de redes sociales en profusión y mala praxis en medios masivos no es, al menos por ahora, parte de nuestra idiosincrasia.

 

La comunicación sigue siendo uno de los puntos más flojos del Gobierno, no saben, no pueden o no quieren comunicar.

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