Lucido festejo aunque cargado de “patrioterismo”
Ayer culminó la llamada Semana de Mayo, cuando se cumplen fechas históricas para la Patria.
En el 25 se sintetiza la celebración de una serie de acontecimientos ocurridos en mayo de 1810 en la Ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, dependiente del rey de España, que tuvieron como consecuencia la deposición del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y su reemplazo por la Primera Junta de gobierno. No era la libertad definitiva sino el primer grito, el levantamiento que derivó en la caída del coloniaje.
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Matemática, a marzo
El plan es durar y que le explote al que sigue
La ciencia y la tecnología en un país en crisis
Los eventos de la Revolución de Mayo se sucedieron entre el 18, fecha de la confirmación oficial de la caída de la Junta Suprema Central de Sevilla a manos francesas, y el 25, cuando asumió la Primera Junta.
Razones políticas internas e internacionales, motivaciones económicas y la voluntad de cambio llevaron a la Revolución de Mayo, cuya consecuencia más importante es que inició el proceso de surgimiento del Estado argentino. 200 años después y con mucha agua pasada bajo el puente, la Argentina vive el último 25 de Mayo con Cristina Kirchner como presidenta, tras doce años de gobierno del mismo signo entre ella y su marido Néstor.
Por eso, el Gobierno en esta oportunidad tan especial quiso volver a la Basílica de Luján, restaurada por Néstor Kirchner en una de sus primeras medidas de gobierno.
Pero antes del cierre de la Semana de Mayo, la presidenta participó de la ceremonia, que resultó realmente muy interesante, de entrega del histórico sable de San Martín que salió del Regimiento de Granaderos en un desfile por las calles de la ciudad hasta llegar a Parque Lezama, donde está el museo en el que lo recibió Cristina Kirchner. El acto fue transmitido por cadena nacional pero no hubo discursos. La presidenta lo tomó y lo colocó en la vitrina que servirá para exponerlo junto a las armas de Manuel Belgrano, Manuel Dorrego y Juan Manuel de Rosas, todos próceres de la Patria, pero San Martín es la figura indiscutida de la libertad argentina conquistada a España.
En su paso hacia el Museo Histórico Nacional, el sable fue bendecido por Mario Poli, arzobispo de Buenos Aires, en la Catedral. El Gobierno montó en el centro porteño muestras relacionadas con la política del Gobierno en áreas como el campo, la ciencia y la tecnología y la industria.
El paseo muy visitado fue la antesala del gran acto que se realizó ayer, primero con el Tedéum, a las 12:00, comenzó la tradicional celebración religiosa y desde las 16:00, en el escenario montado de espaldas a la Casa Rosada comenzó el espectáculo. El Gobierno logró, en este sentido, una fuerte movilización política de las organizaciones que los acompañan para hacer la última demostración de fuerza antes de las elecciones, amén de todos aquellos que gustan de participar de las fiestas patrias.
El cuestionamiento social sobre si fueron llevados en colectivos, compelidos a asistir o intercambiada su presencia por alguna dádiva, siempre subyace. Pero la multitudinaria ocupación de la Plaza de Mayo habla de una convocatoria exitosa más allá de estas situaciones particulares que pueden haberse dado. Porque el argentino, que últimamente se muestra tan desaprensivo respecto del sentimiento nacional y despreocupado por el otro, suele para estas fechas enfervorizarse y participar de las propuestas que se ofrecen a modo de celebración.
La presidenta habló en cadena nacional pasadas las 18:00. Su mensaje, demasiado autorreferencial y sectorial, con eje en la defensa de su gobierno, merecería un análisis más exhaustivo que el presente artículo. Hubo más patrioterismo que patriotismo en las palabras de Cristina. Por la fecha que se recordaba hubiese sido momento para un tono más conciliador pero esa no sería ella.
Como interesante de lo ocurrido ayer en la Plaza de Mayo es de destacar que, aunque con intencionalidades políticas, se festejó debidamente la fiesta patria. Hemos hablado en más de una oportunidad desde este espacio en lo nocivo que había resultado la movilidad de los feriados con fines turísticos para la recordación de las fechas fundantes de nuestro país, a tal punto que los chicos ni siquiera reconocían por qué motivo no tenían clase.
Es importante recordar estas fechas tan caras al calendario de la Argentina, su inicio como nación independiente y sobre todo recordar el ideario de mayo, de aquellos próceres de la historia cuyo legado es invalorable. Nos dejaron la libertad y el pensamiento de una gran nación en los confines del mundo.
Y vale la pena porque, precisamente, este ideario de progreso y libertad es el que debe guiar nuestros pasos; sobre todo nuestros políticos deberían tener presente este enorme legado, para estar a la altura de estos próceres a la hora de estampar sus nombres en la historia nacional. Antes que ser mal recordados, mejor un digno paso al costado y que solo queden aquellos dispuestos a honran con su accionar el puesto que ocupan.














