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Los pensamientos radicalizados atentan contra la creación de una buena ley

04 de agosto de 2018 a las 12:00 a. m.

El próximo miércoles, en el Senado, veremos una sesión histórica durante la cual se debatirá la despenalización del aborto, sobre la base de la media sanción de Diputados. La votación es por el sí o por el no. Es un final infartante dado que no se lograron elaborar nuevos despachos para apoyar o rechazar, quedando la iniciativa aprobada por la Cámara de Diputados el 14 de junio como única referencia.

Hasta el momento los que votarán en contra del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo conforman un grupo que consolidó el número. Y así la posición del sector antiabortista ya tendría los números suficientes para rechazar la iniciativa. Es que el rechazo alcanza los 36 votos, la mitad del total de miembros del Senado. Si se toma en cuenta que una senadora se abstendrá y otra estará ausente, el sector antiabortista tendría garantizada la mayoría para imponerse en el recinto. La única posibilidad de prosperar que le queda a la legalización del aborto, que hasta el momento tiene 32 votos, es que al menos se ausenten un par de los legisladores que ya anunciaron su rechazo.

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No es la primera vez que vemos las diferencias profundas que existen entre la mirada política de los diputados y la de los senadores. Los primeros vienen representando a la ciudadanía y surgen por regiones en un número proporcional a la cantidad de habitantes. Por esa razón, la zona central del país, sobre todo provincia de Buenos Aires, se lleva la mayor cantidad de diputados. La cuestión no es solamente demográfica sino también cultural: en los grandes centros urbanos del país, de donde provienen la mayor cantidad de diputados por haber mayor densidad poblacional, hay una mentalidad más abierta a temas como el aborto, la sexualidad, la identidad de género, en comparación con las ciudades del interior profundo, de las provincias más alejadas del centro neurálgico del país. Son regiones donde todo sucede más lento y las costumbres y tradiciones perduran por más generaciones. Como en el Senado la representatividad no es por cantidad de ciudadanos sino territorial (tres senadores por provincia, independientemente de la cantidad de habitantes que tengan) los votos de la gran cantidad de pro legalización del aborto que se concentran en las grandes urbes, se diluyen. El peso de zonas profundamente conservadoras se siente, entonces, en forma muy marcada en este plenario. Ponemos un ejemplo: en la provincia de Buenos Aires las encuestas marcan una preeminencia del sector abortista por sobre el provida; mientras en Salta casi el 70 por ciento de los ciudadanos opina en contra de la despenalización.

No hay que ver en el resultado que se vaticina una intención de Senadores de tumbar la propuesta de Diputados sino que se trata de otra representatividad que, de no existir, dejaría siempre supeditadas las decisiones al voto de los distritos más densamente poblados. Así como funciona nuestro Poder Legislativo está garantizado un corte transversal y amplio de las opiniones en todos los temas.

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No obstante, esta diferencia entre el plenario de diputados y el de senadores ha llevado a que una cámara y la otra se critiquen solapadamente. Los diputados dicen burlonamente que los senadores son “los Padres de la Patria” acusándolos de creerse especiales cuando lo que son es conservadores, y estos opinan que si no revisaran la mayoría de las leyes que salen de la Cámara Baja se aprobaría “cualquier mamarracho”.

En fin que a medida que se van pronunciando las provincias el panorama se complica más para el sector “verde” si se toma en cuenta que los senadores de Salta votan en contra, los de Santa Fe tampoco acompañarán la legalización del aborto. Así, solo quedaría Tucumán sin revelar la posición que adoptará en la sesión del miércoles, aunque algo puede presumirse cuando la Legislatura provincial, en un hecho inédito, declaró a pro vida a todo el distrito.

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Hay también una tercera vía en ciernes; por ejemplo, el PJ de Santa Fe que a través de su senador impulsa un proyecto de despenalización del aborto, que reflejaría el fallo F.A. L. de la Corte Suprema de Justicia, el protocolo de aborto no punible que rige en su provincia y el capítulo tres del proyecto aprobado por Diputados, que contempla los programas de consejería sobre educación sexual y reproductiva.

Otra provincia que apunta a aprobar una propuesta con cambios son los senadores por Córdoba que introducen cambios al texto que aprobó la Cámara baja. Si tuvieran una chance de lograr aprobar la propuesta con reformas, el expediente con la despenalización volvería a Diputados para su sanción definitiva, pero hoy este es un escenario improbable. La realidad es que se va consolidando el rechazo a la media sanción.

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Por eso nos anticipamos al resultado de la semana próxima, donde el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo sería rechazado y no podrá volver a discutirse hasta después del 1° de marzo de 2019, en un escenario político ya en medio de la campaña electoral. Tal situación, conociendo a nuestros políticos, sin dudas enlodará el tema, al tiempo que el aborto ocupará probablemente gran parte del proselitismo, quitando espacio al anuncio de plataformas generales de gobierno, ideas de cómo salir adelante en otros temas que nos preocupan como la inseguridad o la economía. En fin, que no es positivo, para nada, que el aborto se cuele en las campañas.

Lo que queda claro es que el tema está instalado y se seguirá debatiendo, si no es ahora más adelante se votará alguna ley que contemple como enfrentar estas situaciones. Y tal vez sea mejor, porque el fanatismo en que está envuelto ahora y el manoseo que se le haría en medio de una campaña presidencial, no es para nada saludable.

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Es un tema muy complejo y es seguro que el proyecto que surgió de Diputados no sea el mejor; es el primero que se elabora y no solo que es perfectible sino que además incluye omisiones operativas importantes. Pero el problema es que el pensamiento radicalizado ganó la calle, puso una nueva grieta entre los argentinos y ahora todos, “verdes” y “celestes”, sin pensar demasiado si es bueno o no el proyecto, si es necesario o no legislar el tema, va como River y Boca por un triunfo. 

Todo está tan caliente, con los pro exigiendo una ley este miércoles aunque sea mala, y los contra no contemplando la cuestión sanitaria que subyace detrás de las objeciones de conciencia, que nadie se percata que lo importante es que el debate está abierto, que se va a legislar sobre el tema y que hay que hacerlo de la mejor manera. La esencia ya está desnaturalizada, nada bueno puede salir de la ley tal y como está redactada. Es momento de poner el freno y esperar, valorando lo mucho que se avanzó. Es un paso muy grande el que se daría y es entendible que haga falta más tiempo, tanto para definir cómo encararlo, como para legislar sobre temas conexos como una nueva ley de adopción o la esterilización. También para que la totalidad del país asimile el tema; como decíamos al principio, en el interior todo sucede más lentamente. Pero lo que tiene que suceder, inexorablemente sucede. Pensemos en temas como el divorcio, el matrimonio igualitario, la identidad de género, situaciones antes negadas, ocultadas, que hoy forman parte de nuestro Código Civil.

La apertura del debate sobre el aborto no se clausurará y el tema seguirá en análisis, con lo cual, quién sabe en dos años, se termine aprobando una ley de despenalización trabajada hasta el detalle, solucionando algunas cuestiones que en este caso no se tomaron en cuenta con la seriedad que hace falta.

Y sobre todo tomándonos ese tiempo para resolver cómo encarar una educación sexual que tiene su ley y nunca se cumple y modificando la ley de adopción para lograr que en la Argentina de una vez y por todas se pueda adoptar en forma más rápida, fácil y eficiente. Porque estos asuntos ayudarán a que si se despenaliza el aborto tengamos mejores resultados en una materia tan sensible y difícil como la interrupción voluntaria del embarazo. Un asunto que divide aguas en forma férrea y a veces hasta violenta.

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Al fin, como decimos, quizá no es momento para que se apruebe la ley, pero los pañuelos celestes y verdes seguirán siendo los distintivos de un debate que perdurará hasta resolverse.

 

 

 

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