Lo urgente es que cambiemos
La realidad nos enfrenta una vez más con la problemática del tránsito en Pergamino, tema que retorna en forma recurrente al debate cuando hay accidentes fatales pero que al mismo tiempo es parte de la queja cotidiana. Un matrimonio fallecido a causa de un siniestro en la ruta Nº 8 y dos mujeres que perecieron en sendos episodios con moto son las últimas víctimas que se han incorporado al saldo de muertes de pergaminenses en calles y rutas.
Cuando la muerte es el resultado, la mirada se posa mayormente en el Estado y sus falencias, en la búsqueda de respuestas al drama y en una actitud defensiva de no querer asumirnos los ciudadanos como principales factótums de la desgracia. Es el momento en que comenzamos a hablar de las obras viales, del estado de los caminos, de la falta de señalización e iluminación.
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Claro que todo ello es verdad y es justo el reclamo. Sin embargo los estudios realizados por especialistas en los distritos bonaerenses, demuestran que entre el 50 y el 92 por ciento de los siniestros tienen como responsabilidad las fallas humanas, mal llamadas fallas porque generalmente no son errores involuntarios o circunstanciales sino deliberadas imprudencias las que atentan contra la vida propia y la de terceros.
La negligencia o la temeridad son las causas más comunes para los accidentes fatales y en menor medida, factores climáticos como la niebla o la lluvia cerrada, asuntos que se tratan con mucho respeto a la hora de conducir en otros países y aquí no. Por lo que finalmente la actitud humana pasa a ser la determinante.
Las distracciones al volante son moneda corriente en la Argentina, siendo una de las principales causas de siniestros viales en todo el territorio porque conducir es una acción que necesita de concentración y atención permanente, para tener control del vehículo y para anticiparse a cualquier situación que el otro conductor no haya tenido en cuenta.
Uno de los elementos que llegó para quedarse y todos usan mientras manejan es el celular, el elemento de mayor distracción tanto en conductores como peatones. Si bien está prohibido por la Ley de Tránsito en cualquiera de sus formas, nadie lo tiene en cuenta. Atender una llamada o escribir un mensaje, provoca una absoluta distracción y hace que el foco de atención del conductor esté fuera de la conducción. Y dicen los estudiosos de la accidentología que desde la aparición del celular, aumentaron los accidentes de tránsito en todo el país.
Pero es la imprudencia, impulsada por la temeridad y la desaprensión, la actitud que más incide en los siniestros. Creer que no pasa nada, que es lo mismo si infringimos una norma o ignoramos una señal vial, confiarnos en que todo lo podemos, es el principio de nuestros males en rutas y calles.
La verdad es que no tenemos respeto por el auto que puede transformarse en un arma si no nos abocamos a conducir con la atención puesta en el volante y en el seguimiento estricto de las normas establecidas para nuestra seguridad y la de terceros.
Es curioso cómo los hombres estamos permanentemente buscamos artilugios y recetas para prolongar la vida, cuidamos la alimentación y el físico para no ser alcanzados prematuramente por la muerte pero no seguimos ese mismo criterio de preservación cuando conducimos un auto o una moto.
Un capítulo aparte es el de las motos, que parecen regirse por un cuadro normativo distinto de los otros vehículos: para sus conductores no hay semáforos, no hay líneas dobles de división de calzada ni señales de tránsito, no hay seguro, no hay velocidades permitidas y no hay capacidad máxima de ocupación. No hay en los conductores de motos respeto por nada, ni siquiera por ellos mismos y sus familiares acompañantes. La inconsciencia propia de los jóvenes que no utilizan el casco y van a altas velocidades con el escape libre se replica inexplicablemente en los adultos, que viajan hasta de a cuatro, todos sin casco en la misma moto. No hay excusas para que lo hagan ni para dejarlos pasar sin sancionarlos en una ciudad en que hay transporte público; para ir a la escuela, una simple gestión posibilita el boleto gratuito y para ir a trabajar, habrá que utilizar el dinero de la nafta para pagar el boleto porque la vida vale más que un boleto urbano que, en el caso de los escolares es ínfimo o nulo y pagar la nafta de la moto, tampoco es gratis. Y el resto de los ciudadanos, que miramos estas situaciones a diario pero somos pudorosos de intervenir (tal vez por el temor a una respuesta agresiva) tenemos que dejar de condolernos y mal solidarizarnos con la pobre familia laburante a la que las autoridades le sacan su medio de transporte. Es todo lo contrario, los están cuidando.
Pergamino es además una ciudad con ciertas particularidades, ya que los estudios realizados por Vialidad Nacional indican que en los distritos donde no hay colectivos urbanos sube la venta de motos en lo que hace al uso de menores entre 16 y 18 años. Sin embargo nuestra ciudad rompe el molde y aumentan la cantidad de motos teniendo transporte público.
Volviendo sobre el tema de inicio de este artículo, las últimas víctimas fatales en nuestra ciudad, siguiendo la lógica planteada lo primero a lo que se hizo alusión en el saber popular fue a la falta de la autovía, en el caso del siniestros de la ruta Nº8, y la ausencia de la rotonda en el Segundo Cruce, como motivo de la muerte de la joven en motocicleta, este fin de semana.
Ambas obras son más que necesarias y se han demorado más de la cuenta, acrecentando la fatalidad, pero en sendos casos, según resultados periciales, lo que primaron fueron las fallas humanas, no necesariamente de las víctimas mortales.
Es decir que la mejora de la infraestructura vial no significará per sé una reducción de la mortalidad en las rutas. Lo primero e indispensable es que mejoremos nosotros en cuanto a atender y acatar lo que ya está establecido normas y señales-, y con mayor énfasis en aquellos puntos en que el Estado aún no realiza su trabajo, como es el caso del Segundo Cruce.
En esa línea, cumplir con la VTV, algo que tanto nos duele, es elemental. Y esto significa minimizar los riesgos mecánicos de un accidente, no sacar el auto los fines de semana cuando no hay inspecciones que detecten nuestras faltas porque también tenemos eso: el ningunear las normas que se establecen por y para nuestra seguridad, buscando no la forma de poder cumplirlas sino la manera de eludirlas.
Aunque de tanto escucharlo lo hemos dejado de atender, aquel jingle musical de la Asociación Civil Luchemos por la Vida, define más que bien cuál es el camino que nos va a llevar a estar mejor, tanto en el tránsito cotidiano como en las rutas: El tránsito seguro lo hacemos entre todos.
El Estado es parte importante; tiene que mantener los caminos y hacer las obras necesarias para que la circulación sea segura, pero mucha mayor incidencia tiene nuestro comportamiento.















