Lo que nos falta para evolucionar
Si hacemos un diagnóstico, todos, desde el ciudadano a pie, la oposición hasta la actual conducción política del país, coincidimos que es un momento difícil. Frente a esto, hay que convocar a la lucidez, a las propuestas y a nuestra corresponsabilidad. La oposición, los ciudadanos debemos acompañar con propuestas, con promover un clima social donde no se estén haciendo burlas con memes, con helicópteros, sino como encauzando con otra disposición esta situación y en marcos institucionales.
Tiene que haber una apuesta a cuidar la democracia, una apuesta a dejar de echar nafta, leña al fuego y parar. Respetar al pueblo como soberano, que votó, y respetar los caminos y los tiempos de mandatos. Seguramente todos coincidimos en que queremos estar bien, en que queremos que el país mejore; quien no coincida en esto, que se pregunte si tiene deseo de estar y habitar en este suelo.
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Quien no votó a Cambiemos, que respete las instituciones y que respete al que sí lo votó; quien en la diaria no cumple con sus deberes de ciudadano, estudiante, comerciante, trabajador, profesional, que no exija para arriba. El voto es una delegación de la representación pero no suprime la responsabilidad civil de procurar que todo vaya mejor, haciendo cada uno lo que le corresponde, según la ley manda. Si se es comerciante, hay que facturar; si se es profesional, emitir recibos; si se es empresario, tener a los empleados en blanco; si se es trabajador, cumplir con las tareas en tiempo y forma; si se es estudiante, respetar al docente y rendir las asignaturas y así sucesivamente. Y cada mes, todos debemos cumplir con las obligaciones fiscales. Desde ese lugar, de quien hace lo que le corresponde, la queja y la expectativa es atendible. De lo contrario, son diatribas sin sustento.
Es triste escuchar a compatriotas que en medio de este difícil momento esbozan sonrisas de alegría por lo que sucede, por lo que a su entender- les sucede a Macri y su equipo, como si la suerte de un gobierno no fuera la suerte de los gobernados.
En el mundo clásico, en especial Grecia, el ciudadano ejercía una participación política activa. La diferencia con el ciudadano moderno consiste en que este último delega a sus representantes la libertad política y goza de la libertad individual, especialmente en la esfera privada. Los clásicos sacrificaban la libertad civil en aras de la libertad política en la que encontraban deleite en la acción y en la existencia pública. La noción del ciudadano del presente, en cambio, está influida por el posmodernismo que implica una visión individualista y una falta de compromiso con la comunidad.
El ciudadano de 2018 debiera continuar cumpliendo con su obligación civil de votar cada dos años pero además debiera ejercer mayor proporción de derechos, participando en el ámbito de la comunidad. Lo ideal sería la participación en los partidos políticos pero su desprestigio desalienta. No obstante, hay otros ámbitos que les son naturales a los civiles y que han abandonado, cediendo con ello derechos. Hablamos de la comisión de fomento, la escuela, la universidad, los gremios (donde mucho haría falta para democratizarlos evitar mandatos vitalicios y hereditarios), asociaciones civiles, ONG, cooperadoras, cooperativas, clubes.
Para la construcción de ciudadanos ejemplares, con lo mejor de lo clásico y lo moderno, ciudadanos que a su vez luego conformarán o elegirán gobiernos ejemplares, es fundamental el rol de la escuela y la universidad. Además de formar a los alumnos en los aspectos técnicos -incluyendo en ellos el aprendizaje de la Constitución, de los derechos y deberes ciudadanos- también deben fomentar la importancia del compromiso público y el derrame al resto de la sociedad de los conocimientos adquiridos, en especial en el ámbito universitario.
No hay sociedades ideales o perfectas, es imposible que las sociedades evolucionen armónicamente en todos los aspectos. Cada sociedad debe construirse desde su cultura e idiosincrasia, a lo sumo tomando ejemplo de otras comunidades en algunos aspectos para mejorar y evolucionar. En nuestro caso, hay una cuestión que nos frena para iniciar este cambio y es el desapego a la norma y la falta de respeto a los derechos del otro.
Ojalá la oposición política sea lúcida para hacer propuestas y que Cambiemos tenga apertura para dejarse apuntalar, porque no es tan sencillo en solitario, con este contexto. Ojalá el pueblo se activara en las calles, con marchas y manifestaciones, pero no para expresar el descontento (del que todos estamos al tanto) sino para exigir a la dirigencia política, cada uno a los referentes de su ideología, un acuerdo federal para salir adelante y juntos. Ojalá dejemos la queja y pasemos a la acción, ocupando todos los espacios civiles posibles. Ojalá, algún día, comprendamos la importancia de las normas para la vida en sociedad, que no están para complicar sino para convivir en un orden saludable, coherente y previsible. Ojalá las respetáramos, todos, en un 100 por ciento. Algo tan sencillo pero que nos resulta demasiado complejo a los argentinos.













