Leyes laborales: la reforma, en la grieta
Estancamiento del mundo del trabajo, caída del poder adquisitivo, recesión económica en un contexto inflacionario creciente marcan la temperatura del presente y ponen coto al debate profundo que algunos temas merecen en el país, como el de la reforma laboral. Con un diálogo incipiente y siempre estancado, el tema suele...

Estancamiento del mundo del trabajo, caída del poder adquisitivo, recesión económica en un contexto inflacionario creciente marcan la temperatura del presente y ponen coto al debate profundo que algunos temas merecen en el país, como el de la reforma laboral.
Con un diálogo incipiente y siempre estancado, el tema suele quedar preso de situaciones coyunturales y no avanza en la dirección de lo que necesita el país para encaminarse en una senda de crecimiento sostenido sobre el pilar del empleo genuino. Con una posición de los gremios que es encontrada y que en general se manifiesta contraria a los cambios, las leyes laborales actuales persisten con algunas modificaciones como las que la pandemia impuso a la regulación del teletrabajo, pero por fuera de eso, el establecimiento de una agenda que incluya la inquietud y necesidad de todos los sectores, sigue ausente.
Las mas leidas de Tendencias
Restaino obtiene el primer premio en el V Concurso Nacional de Poesía de México

Las recomendaciones para evitar intoxicaciones alimentarias en la playa y actividades al aire libre

El escándalo en el Senado, el botón de muestra de una dirigencia alejada de la gente

Se estrena "El Jockey", la película argentina que buscará un premio Oscar
Llegó el calor y las comidas al aire libre: cómo cuidar los alimentos para evitar accidentes

Hay quienes aseguran que las leyes no son el problema y que lo que importa es que la economía crezca. La duda que surge es como se promueve el crecimiento en el contexto de exclusión que propone el actual mercado laboral y si no se crean nuevos puestos de trabajo.
En otra posición, los espacios que representan la voz del empresariado plantean la necesidad de generación de nuevas condiciones que además posibiliten reconstruir la confianza en un mercado laboral aquejado por problemas estructurales de vieja data.
En el medio de esta discusión que cobra actualidad por momentos y se disipa en otros, la realidad de quienes están insertos en el mundo del trabajo y la de aquellos que han quedado por fuera del sistema y no encuentran modos de ser incluidos de manera legítima, muestra uno de los problemas de más difícil solución como es el desempleo.
Hace algunos días un estudio de opinión realizado por una consultora privada expuso una fuerte polarización en la opinión de los argentinos respecto de la necesidad de implementar una reforma laboral como pasaporte a la generación de más y nuevos empleos de calidad. Entre la desinformación y la grieta, se debaten posiciones encontradas sobre un tema que resulta central al momento de pensar el futuro porque es cierto que el país hace tiempo que requiere de transformaciones profundas en el plano laboral, pero que a menudo cuando se piensa en la palabra "reforma" surgen controversias porque la palabra se asocia al término precarización y, por consiguiente, al avasallamiento de derechos.
Las dudas no son estériles. El país tiene en su historia reciente discusiones fallidas y bochornosos intentos de modificar leyes laborales en detrimento de los trabajadores. Pero frente a ello, la tarea pareciera ser otra: sortear el obstáculo y asumir con coraje y responsabilidad cívica la necesidad de colocar este tema en la agenda porque la precariedad laboral y las dificultades para acceder al empleo se imponen como realidad.
Con índices de desocupación crecientes y dificultades para el acceso al empleo en ambos extremos de la pirámide poblacional- los jóvenes y los adultos de más de 40 años son quienes más problemas expresan al momento de conseguir o mantener un empleo formal- la cuestión del trabajo requiere de revisiones profundas en materia legislativa y del sinceramiento de realidades que de ningún modo van a contracorriente de los derechos históricamente ganados.
En este punto, se hace necesario atender las nuevas condiciones y contextos del empleo, la irrupción de las nuevas tecnologías, los modelos que planteó e impuso la pandemia, la enorme carga impositiva y el elevado costo que significa para pequeños y medianos empresarios asumir la responsabilidad de crear y sostener puestos de trabajo genuino, y la desigualdad que en materia de empleo aún sufren las mujeres, entre otras cuestiones vitales.
aDe la mano de ello discutir seriamente con actores vinculados a la educación las particularidades de la formación e incluir a los sectores sindicales en un debate profundo, debe ocupar por lo menos la agenda legislativa, sin que esto represente una amenaza para los trabajadores. Por el contrario, este diálogo social debe servir para reconquistar los derechos laborales perdidos.
Es necesario entender que el mundo del trabajo está enfermo y que esto ocurre precisamente por falta de reformas reales y responsables y como consecuencia de haber tomado siempre los atajos para evitar la verdadera discusión para adaptar la normativa a nuevas realidades y contextos.
Para ello es necesaria una intervención estatal y una regulación que limite los abusos de los empleadores y que ponga sobre la mesa las necesidades de todos los sectores para plantear nuevas reglas de juego en un mundo sumamente competitivo y desigual.
La discusión no debe darse entre más o menos protección al trabajador, sino que debería centrarse en cómo proteger mejor a los trabajadores sin hipotecar el futuro de las pequeñas y medianas estructuras que contienen a esa masa productiva. Lo que erróneamente se sintetiza como reforma laboral suele mezclar muchos temas y lo que hace falta es esclarecer, y dar el debate maduro que esté a la altura de lo que se dirime cuando se piensa en crear el empleo y sus condiciones para salir de un presente complejo y enfrentar el futuro.














