Las primarias norteamericanas no dejan de dar sorpresas
Las elecciones internas estadounidenses, tan especiales en su desarrollo y tan amplias que abarcan todo el vasto territorio del país a lo largo de 12 meses, no dejan de dar sorpresas.
El candidato emergente en estos comicios, por el que ni siquiera sus compañeros del Partido Republicano daban un cospel, Donald Trump del Partido Republicano, está a un tris de hacerse con la representación del sector en las generales de noviembre. Todos sus contrincantes se fueron bajando de la competencia o se han quedado pero con mínimas chances de remontar.
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Trump logró otra aplastante victoria en las primarias de Indiana, y le asestó un golpe letal a su principal rival, el senador ultraconservador de Texas Ted Cruz, que había apostado todo a un triunfo en ese distrito, a sabiendas de que era la última oportunidad para revertir resultados. La derrota de Cruz llevó a que, finalmente, se retire de la contienda.
Es un logro histórico para un mega empresario que no tiene historia política y que nació a este metié directamente como candidato a presidente. Así, desde la cima, comenzó su breve carrera y tras los triunfos en las internas de la mayoría de los distritos, siempre en el esquema republicano, en julio en la convención de Cleveland, Trump será el primer candidato presidencial desde Dwight Eisenhower (1890-1969) que nunca ocupó un cargo electivo antes.
En noviembre el polémico candidato conservador deberá ganarle a la demócrata Hillary Clinton que es su conteniente a la Presidencia. Una mujer que proviene de la política, esposa del expresidente Bill Clinton y además la primera mujer que tiene chances de llegar a la Casa Blanca.
Aun con el radicalismo que lleva su postura, es evidente que Trump ha sabido interpretar las demandas de un importante grupo de republicanos, ha sabido decir lo que querían oír, porque incluso ha logrado que el caudal de votantes subiera. Aunque pueda ser repulsivo para unos, se ve que para otros lo que dice es música para los oídos. Probablemente el venir de afuera de la burbuja política, en la que especialmente están metidos los recalcitrantes del Tea Party, le aporta realismo a su mensaje, algo que solo se consigue estando en contacto con la sociedad. Y él, como empresario, tiene más calle que cualquiera de sus contrincantes.
La postulación de Trump fue desde el comienzo resistida por los dirigentes tradicionales del Partido Republicano en las primarias, porque lo veían quizá como un emergente demasiado intenso en su discurso lo que pude generar temor en el enorme voto latino que tiene Estados Unidos y en sectores medios que ven con preocupación a un presidente xenófobo y duro como el que se muestra. Pero a medida que se impuso por márgenes muy amplios en casi todos los estados al resto de sus oponentes los conservadores se vieron obligados a un reacomodamiento del tablero político. Incluso aquellos dirigentes históricos que lo llamaban Lucifer a sus espaldas, debieron ir cambiando de idea.
Ted Cruz es el último que ha tirado la toalla pero no se fue callado y asestó: Este hombre es un mentiroso patológico. No sabe la diferencia entre la verdad y la mentira, y miente prácticamente cada vez que abre la boca, pero Trump es ya el candidato republicano.
Bajo la promesa de un triunfo en noviembre, Trump ha pedido la unidad del Partido Republicano que comenzó con 17 candidatos, de los cuales, tras la zaranda de las primarias, quedó él.
Por su discurso nacionalista extremo, por su forma excéntrica de vivir, y, sobre todo, porque no tiene experiencia en la política internacional como para manejar el país más influyente del mundo, Trump se plantea como una caja de sorpresas para propios y extraños. ¿Si tiene posibilidades de ganar en noviembre? Claro que sí, un 50 por ciento de chances. Pero son tantas las incógnitas sobre su persona y es tan ambiguo lo que genera en el electorado que es muy difícil ajustar esta probabilidad de base.
Por ejemplo, ha arremetido contra los inmigrantes mexicanos: Cuando México envía su gente, no envía a los mejores. Envía gente que tienen muchos problemas. Según Trump, los inmigrantes mexicanos traen drogas, crimen, son violadores y, supongo que algunos, son buenas personas. Declaraciones de este tenor pueden generar todo tipo de réplicas en una ciudadanía que no está obligada a votar. La primera justamente puede ser el sacar del letargo a aquellos que nunca participan y, aunque sin convicciones, se acerquen a votar de modo negativo, solo para restarle chances. No porque prefieran a Hillary, solo porque no quieren a Trump. Este voto por la negativa no forma parte de la idiosincrasia de la sociedad norteamericana, habitualmente solo van a votar quienes fervientemente apoyan a un candidato. Pero este año podría ser el debut de este tipo de voto, al que sí estamos acostumbrados en Latinoamérica. Incluso puede pasar que los propios republicanos que no comparten su radicalismo le pongan un sufragio a Hillary.
Pero no se debe que descartar que, en este país con más de 300 millones de almas, haya gente que comparte las ideas del empresario y aspira a tener un presidente al que no le tiemble el pulso frente a cuestiones que, a decir verdad, son problemáticas en el país del norte. Por ejemplo, no son pocos los que comparten la opinión de Trump respecto de que México se está burlando de los Estados Unidos y que nos están ganando económicamente. En su alocución, no solo se ha referido a la inmigración proveniente de México, sino que ha añadido a toda América Latina y Oriente Medio. Igualmente, Trump ha manifestado su intención de levantar un gran muro en la frontera sur de Estados Unidos y que pagará México.
Este hombre no tiene filtros ni diplomacia, dice llanamente lo que piensa y eso le genera adhesiones y críticas en igual proporción. Ahí está la dificultad de hacer pronósticos electorales camino a noviembre. Especialmente porque no es obligación ir a votar, no hay cosa tal como el clientelismo por lo que es estimable que quien lo haga lo hará motivado por alguna de las propuestas. Lo que genera más dudas es que esta motivación, como decimos más arriba, puede ser negativa, es decir en detrimento de un candidato.
En esta línea, se especula con que muchos norteamericanos de origen latino o de extranjeros en general se volcarán a las urnas, aunque nunca antes hayan votado para frenar la llegada de Trump a la Casa Blanca; pero también hay muchos norteamericanos que sueñan con un presidente como el republicano, aunque tenga un discurso que no suene políticamente correcto. Son los americanos que sienten a los latinos como una invasión, que pretenden una dura reacción frente al mundo árabe por los atentados que vienen realizando y que ellos mismos padecieron.
De allí que no sea sencillo advertir si ganará la demócrata Hillary Clinton o el republicano Donald Trump, más allá que en occidente en general (que no votan en las elecciones norteamericanas) consideran que será perjudicial para la situación internacional un triunfo del conservador.
La realidad es que en los comicios estadounidenses los de afuera son de palo y son los ciudadanos quienes dirán en noviembre su última palabra.
















