Las paritarias deben ir de la mano de un proceso económico
Mientras atravesamos esta profunda crisis, que las Pymes y los sectores medios sentimos como una aspiradora gigante que nos va erosionando; todos esperan tener más ventas y obvio que para eso hace falta recuperar poder adquisitivo. Ambas cuestiones van de la mano.
Pero todo es un proceso. La tasa de interés que llegó al 71 por ciento fue bajando al 60, mientras el dólar dejó de escalar. Esto puede ayudar pero en el tiempo, cuando se puedan volver, por ejemplo, las ventas en cuotas que ahora son inviables por el porcentual de interés de las tarjetas de crédito.
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En el marco de esta recesión que se mantiene firme y sin expectativas que disminuya en el corto plazo, un sector de la cámara de empresarios firmó un acuerdo paritario para que en los primeros tres meses de 2019 se otorgue un incremento de salario del 20 por ciento. Y si faltaba algo, el gremio especificó que este aumento de sueldo no tiene relación con el bono de 5.000 pesos que obligó a otorgar el Gobierno.
Como la medida no fue consensuada, la mayoría de las empresas se enteró por los medios y se sorprendieron por el porcentual de incremento que es más alto de la inflación que se espera para estos primeros meses del año que viene (la duplica en realidad).
No nos olvidemos que la paritaria de comercio es la más importante en número porque implica un 1.200.000 empleados. Sería regio que se pudieran dar estos aumentos sin consecuencias, pero en momentos de crisis como este, dar ese incremento implica que pasará en forma directa al precio de la mercancía, generando más recesión, sobre todo en comercios que han bajado un 40 por ciento sus ventas y ya no pueden absorber más los aumentos de costos. O de suceder algo peor: que ante la imposibilidad de pagar el aumento haya empresas que suspendan o despidan personal. Todo en el marco de un visible incremento de despidos en muchos sectores industriales y comerciales. Es una ecuación matemática muy clara: de algún lado tiene que salir ese 20 por ciento de aumento más el bono y no será del ya vacío bolsillo de los empresarios Pymes y comerciantes.
Por eso decimos que todo es un proceso que debe acompasarse; lamentablemente entre los sectores que perdieron en esta crisis está el atraso de salarios para los trabajadores pero también hay un padecimiento mayúsculo de las pequeñas y medianas empresas que sufren los rigores de una economía que no repunta. Así como alguna vez planteamos desde esta página que los propietarios de locales comerciales debían establecer prioridades: si aumentar los alquileres y que se le vaya el inquilino o ajustar sus pretensiones pero conservar la renta, el sector asalariado y los sindicatos que lo representan tiene que priorizar el cobrar menos de lo necesario o no cobrar nada.
Estas decisiones de dar aumentos de salarios que no se puedan pagar no ayudan. Porque 2019 podrá ser un año electoral pero las pautas que el Gobierno acordó con el Fondo Monetario Internacional no permitirán una política económica expansiva. Apenas daremos las hurras si mejoran las expectativas, pero todo será parte de un lento proceso de recuperación. A lo sumo en marzo podríamos avizorar alguna mejoría post cosecha. Si es que el mundo no nos da nuevas malas noticias, dicho sea de paso.
No hay mucho incentivo para la inversión y el Gobierno paró la obra pública dentro del recorte brutal del gasto público al que se comprometió con el FMI y las de PPP (Participación Pública Privada) a las que apostó para suplir la falta de obras hechas desde el Estado, no le viene dando resultado. La tasa todavía es alta, no hay casi financiación y la cuestión de la corrupción y los grandes empresarios procesados, no ayuda. La causa de los cuadernos terminó encastrando hasta al empresario, por lejos, más importante de la Argentina, entre ellos el único dueño de una multinacional, Paolo Roca.
Todas estas cuestiones hacen que la percepción del año que viene no sea tan esperanzadora, sobre todo para su votante más clásico (clase media, empresarios, propietarios de comercios y el campo) como el Gobierno pretende para un año electoral en el que se juega la continuidad en el poder, más basado en que sea Cristina Kirchner la contrincante de Mauricio Macri que por peso propio de Cambiemos.
El efecto espejo entre Cristina y Macri, esperan, le vuelva a dar resultado electoral aún con efectos económicos que marcan fracasos. Pero le pondrán enfrente el pasado, la corrupción y el populismo. Y a partir de ahí, esperan que con eso baste, lo que sabremos recién en octubre de 2019, si es que Cristina es la candidata. Si el peronismo logra cierto consenso unificado con otra figura, del Peronismo Federal por ejemplo, puede haber un final abierto.
Mientras tanto, hay que pasar el invierno que sentiremos este verano. Y tal premisa va para todos los actores económicos. Todos debemos bajar las expectativas y transitar con pie de plomo este período. No cabe la posibilidad, al menos en el universo Pyme, que alguna de las partes consiga todo lo que pretende, porque si lo hace sería a costa de su propia destrucción.












