Las frases del Papa Francisco: “Quiero curas con olor a ovejas”
El contexto de la frase
Esta frase fue pronunciada el jueves santo 28 de marzo de 2013, durante la celebración de la Santa Misa Crismal, con la presencia de 1.600 sacerdotes. Según la antigua tradición de la Iglesia en esta misa los obispos consagran los santos óleos para la administración de los sacramentos durante el resto del año, y también los sacerdotes renuevan las promesas sacerdotales, al igual que las religiosas renuevan las promesas de su consagración. Este es también el día en que celebrando la última cena, se realiza el lavatorio de los pies. Es el gran día en que Cristo instituyó el sacerdocio cuando, luego de consagrar las especies del pan y el vino, les dijo a los apóstoles: “Hagan esto en conmemoración mía”.
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El olor a oveja
El Santo Padre aprovechó esta oportunidad al inicio de su ministerio pontificio para realizar una fuerte exhortación en el sentido de que los sacerdotes deben entremezclarse con el pueblo. Han de involucrarse de tal manera en los asuntos y situaciones de los fieles, especialmente en los casos de necesidades más urgentes, y llegar a vivir de cerca sus penas y alegrías.
El Buen Pastor
El capítulo 10 del evangelio de Juan contiene el discurso de Jesús sobre el Buen Pastor. El Señor se identifica a sí mismo como el Buen Pastor, y expresa que tal denominación recae sobre todo sobre aquel que “da la vida por sus ovejas”. Allí también se refiere a que el pastor conoce en detalle a cada una de las ovejas, las llama por su nombre, y con silbidos amorosos las conduce, poniéndolas a resguardo del lobo feroz, y orientándolas hacia los pastos fértiles y las aguas puras. También dice el Señor que en algún momento habrá “un solo rebaño y un solo pastor”.
La oveja perdida
El Evangelio expresa que cuando una oveja se desprende del rebaño, el buen pastor deja las 99 y va a buscar la perdida hasta que la encuentra (Mateo 18, 12). Esto muestra un amor de predilección por aquellos que, por las razones que sean, han quedado fuera del redil.
“El Señor es mi pastor”
El salmo 22 es una de las páginas de la Biblia que revela con mayor intensidad la confianza del hombre en Dios. Allí se expresa que siendo Dios el pastor, “nada me puede faltar”, y que, “aunque pase por valles tenebrosos, ningún mal temeré”. También el salmo expresa que el Señor “me conduce a las aguas de quietud y repara mis fuerzas”.
La pastoral de la Iglesia
Toda la Iglesia, comunidad de bautizados, está llamada a ser el buen pastor de los demás a ejemplo de Cristo, el buen pastor. El campo de pastoreo podrá ser el seno de la familia, la escuela, el lugar de trabajo, los lugares de encuentro circunstancial, etc. El alimento que se ha de administrar será el evangelio, y la ocasión propicia, siguiendo la palabra del apóstol Pablo, ha de ser “de manera oportuna o inoportuna”.
El sacerdote, buen pastor
En la medida en que el sacerdote, como compañero de camino de los hombres los ayuda a llevar la carga, va adquiriendo “olor a oveja”. Ese olor puede provenir de las diversas situaciones de dificultad que viven los hombres, y que reclaman la atención del sacerdote, como la pérdida del sentido de la vida, la depresión, las dificultades de la vida matrimonial, la problemática juvenil actualmente muy vinculada al alcohol, la droga y la promiscuidad sexual, la pobreza de los barrios marginales, la muerte de seres queridos, las enfermedades, la incertidumbre sobre el futuro, los cargos de conciencia por hechos del pasado, la dificultad para perdonar.
La fuerza necesaria
¿De dónde provendrá la fuerza necesaria para que, sacerdotes, religiosos y laicos lleguen a ser buenos pastores, cada uno en su circunstancia y condición? La clave está en configurarse con Cristo, el buen pastor universal, camino ascensional que suele comenzar con la conversión, y culmina el día de la muerte. Jesucristo es el modelo perfecto de toda realización humana, y en él está la fuente de agua viva. Toda acción hacia el prójimo tiene como cimiento la oración profunda y la contemplación de Dios. Aunque todos somos rebaño, igualmente hay un rebaño que espera nuestro pastoreo. En el tiempo final, seremos examinados en el amor: “porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve solo o preso y me visitaste…” (Mateo 25, 35).

















