Las dos fotos de nuestra economía
Dos noticias contrastan en este inicio de semana, por un lado las condiciones para la cosecha de soja, que se encuentra frenada, empeoran día tras día y así se acrecientan las posibilidades de que se registren fuertes pérdidas. Según se desprende de informes que lleva el Ministerio de Agroindustria, la recolección del cultivo se encuentra para esta época del año en el mayor nivel de atraso de la última década. En tanto, los muy pocos lotes que se pudieron cosechar en los últimos días ya exhiben recortes del 40 por ciento en su productividad y crece el consenso entre diferentes actores de la cadena del cultivo, que dan por perdidas entre cuatro y cinco millones de toneladas, en torno de un 7 por ciento de la producción total que se esperaba antes de las lluvias.
En nuestra zona entendemos bien el fenómeno que se viene produciendo porque el clima es una de las claves para mejor o peor cosecha, aunque no sea el único. Y cualquiera que tenga un conocido que sea productor, puede advertir en su rostro la preocupación por no haber podido empezar aún con la trilla.
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Seguramente, para las estimaciones de recursos que barajaba el gobierno para su plan económico, este mal momento del campo y el bajo precio de la soja le supondrán un duro golpe. Es que la economía no es una ciencia tan exacta como parece y hay imponderables como los mencionados que pueden echar por la borda cualquier planificación que, a prima facie, pudiera haber sido considerada condena al éxito, parafraseando al expresidente Eduardo Duhalde.
La contracara de esta mala noticia -y de manera oportuna dada la situación planteada- es que tras más de 10 años de ausencia, la Argentina volvió a los mercados internacionales de deuda y superó todos los pronósticos de los especialistas. No sólo consiguió los 15.000 millones de dólares que buscaba para pagarles a los holdouts y financiar gasto público, sino que recibió ofertas por hasta 67.000 millones de dólares, casi cuatro veces y media más de lo que esperaba recaudar. Veremos cuál es la tasa de interés que se pagará por cada uno de acuerdo a los años en que se ha pautado la compra.
En el exterior, el interés de los inversores por la Argentina es cada vez más evidente, sobre todo en un contexto global de tasas aún bajas y en el que países emergentes que antes eran muy elegidos, como Brasil, han perdido todo su atractivo para los inversores, por la enorme crisis política en que está envuelto.
Obviamente que el Gobierno no tomará semejante deuda sino que venderá los bonos que han sido autorizados, por 15 mil millones. Porque el interés de los inversores es importante para la Argentina, pero endeudarse más de lo previsto no es conveniente. Para poner un ejemplo casero: la deuda es como la tarjeta de crédito, tarde o temprano hay que pagarla y si se abona sólo el mínimo, los intereses son enormes. De modo que lo mejor es ser prudentes y tomar la deuda que responsablemente podremos pagar.
Lo interesante es que la emisión abre también las puertas para que provincias y empresas argentinas accedan al mercado internacional de capitales a tasas más bajas y bien sabemos que estaban esperando esta posibilidad, ante la difícil situación que atraviesan las distintas regiones del país, para poner su aparato productivo en marcha.
Con el panorama de la cosecha y la colocación de los bonos, puede decirse que el saldo para la macroeconomía argentina es neutro. Otra hubiese sido la foto si el clima hacía su trabajo y nos encontraba aún en default. Puede decirse, en este sentido, que la cosa va encaminada.
Ahora, la foto de la microeconomía es otra. En el plano doméstico la dureza del ajuste se siente, con especial rigor sobre la clase media. Obviamente que hay arduos detractores de las medidas tomadas, otros que soportan estoicamente el camino por el que votaron y un tercer sector, integrado por el grueso de los argentinos, que vive este trance con una gran dosis de fe. Lo que no implica que no duden, no critiquen, no cuestionen. Se trata de gente que entendía que la que economía que estábamos viviendo no era real sino sostenida de manera ficticia con medidas nocivas a largo plazo que servían para paliar los momentos políticos. Este sector toma este trance como una dura convalecencia, en que se aplican dietas y medicamentos odiosos, pero se aguantan sobre la base de la confianza de que es para mejor, según dice el médico -que vendría a ser el presidente Macri- en quien deciden creer.
El Gobierno viene haciendo algunos esfuerzos y gestiones, la clase media de trabajadores y los empresarios Pymes y comerciantes, ni hablemos. Sin embargo, hay sectores de la economía que no terminan de acompañar este modelo. Lo hacen desde lo gestual o por omisión, es decir no poniendo palos en la rueda, pero no han volcado nada de sí a esta gran cruzada por la que atravesamos.
Por este motivo, el presidente Mauricio Macri ha decidido retomar el impulso político y viendo los buenos resultados de la macroeconomía, reunió a los 100 empresarios más importantes de la Argentina. Todos fueron convocados por él a la quinta presidencial de Olivos, para reclamarles que inviertan. Y les pidió que hagan el mayor esfuerzo de cuidar a sus empleados, en momentos en los que la crisis brasileña comienza a afectar la economía local. Macri les reclamó que si con el gobierno anterior estaban mal y no despedían gente, por qué lo hacen ahora, en que su llegada al poder los favoreció con reglas claras. Porque la realidad es que pese a que el oficialismo está haciendo esfuerzos para recrear un clima de negocios en nuestro país, los empresarios miran con beneplácito la cuestión, pero no hacen gestos concretos. Siguen incrementando precios, cuando no están suspendiendo personal o despidiendo.
Es claro que en este difícil momento de transición, así como la clase media está haciendo gran esfuerzo, porque cree que hemos encontrado un camino y sabe que hay que tragar amargo para escupir dulce, es la pequeña y mediana empresa la que está soportando con recesión las pesadas cargas impositivas. Los sectores de menores recursos están siendo asistidos por el Estado, pero los medios son los que quedan a la intemperie. No olvidemos que se anunció 30.000 millones de pesos para invertir en el paquete de ayuda social anunciado el sábado, sin ir más lejos.
Por eso el presidente criticó los aumentos de precios.Reconocemos que la inflación es responsabilidad primaria del Estado, pero hay que pensar en el país a 30, 40, 50 años, dijo Macri. Los invitados se retiraron conformes y aliviados por el tono del discurso presidencial, y se comprometieron a apoyar al Gobierno en los próximos meses. El Gobierno había puesto muchas expectativas en la reunión con los empresarios nacionales, en momentos en los que la inflación no cede, los aumentos de los servicios afectan a una amplia franja de la población y se suceden los despidos en distintas reparticiones estatales.
La realidad es que el empresariado de porte también debe hacer su esfuerzo y esto que les reclama el presidente es justo y lógico, ya que hasta ahora no han querido compartir las cargas. Para tener idea de quién era el auditorio, basta nombrar a Cristiano Ratazzi (Fiat), Eduardo Elsztain (Irsa), Paolo Rocca (Techint), Carlos Miguens (grupo Miguens), Alejandro Bulgheroni (grupo Panamerican), Gabriel Martino (Hsbc), José Luis Manzano y Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio).
El enojo de Macri con muchos empresarios es por la actitud de aprovechar la libertad para remarcar precios de manera descarada, y se los dijo directamente, sin cortapisas porque la realidad está a la vista. Acá hay gente que puso primera y otros que todavía están pensando. La manera que tienen ustedes de luchar es invirtiendo, y eso es lo que la Argentina necesita de ustedes, agregó Macri.
De inmediato, y con los recientes despidos de empresas estatales y privadas en mente, el presidente apuntó a la necesidad de mantener los actuales niveles de empleo. Nos está afectando Brasil, pero se va a recuperar. Hagamos el mayor esfuerzo por cuidar a nuestros empleados.
No sabemos si esta apelación a la responsabilidad de las grandes empresas dará los resultados esperados, pero Macri sabe que si el propio empresariado nacional no repatría parte de sus ganancias que están fuera del país e invierten, la señal a los mercados también es confusa, porque pedimos que vengan empresas extranjeras y no logramos que la nuestras confíen.
Entre los empresarios, la sensación era de optimismo. Por un lado, porque el presidente dejó el tono agresivo de lado y, por otro, porque coinciden con el Gobierno y creen que se verá una mejoría en la situación general durante la segunda parte del año.
Todos los argentinos esperamos lo mismo y ellos deberán hacer parte.
















