Las damas del poder están complicadas
La región se ha complicado en medio de una economía global que no ayuda demasiado. Brasil devaluó la semana pasada, lo que nos perjudica claramente a los argentinos porque nos vuelve menos competitivos a la hora del comercio bilateral permanente que tenemos. Mientras tanto, hace unos días los líderes de la alianza oficialista de Michelle Bachelet advirtieron a los chilenos que el mal momento de la economía podía postergar promesas electorales que hizo la mandataria cuando asumió.
En la Argentina ya sabemos cómo está nuestra economía: el cepo cada vez trae más problemas y obliga a inventar nuevos parches para licuar la fuga y retención de divisas en manos de ahorristas. Con anuncios que son más rimbombantes que efectivos, pretende el Gobierno hacerse de más dólares cuando en realidad estos cercenamientos a la libertad de mercado conllevan a menoscabar la verdadera puerta de salida a esta crisis que no es otra que el ingreso de más dólares por inversiones y por una balanza comercial equilibrada.
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Matemática, a marzo
El plan es durar y que le explote al que sigue
La ciencia y la tecnología en un país en crisis
Todo lo demás es parque que ayuda al día a día pero al mismo tiempo agita el efecto psicológico que tiene en los argentinos el precio de la moneda extranjera. Con estas movidas, el dólar se pone cada vez más sensible y en la gente provoca el efecto contrario al que busca el Gobierno con medidas como el aumento de las tasas de plazos fijos, pensadas para que se opte por el ahorro en pesos. En la semana que dejamos el blue llegó a más de 15 pesos, ahora volvió a 14 y monedas; esto hizo que los productores agrarios se pusieran en pie de guerra y que los controles para el comercio exterior estén firmes como nunca. Entre los ciudadanos de a pie, empezó a rendir sus frutos la nueva bicicleta ahorrista: comprar dólares ahorro con autorización de la Afip, aguantarlos lo más que se pueda, o venderlos durante picos del blue como el de esta semana. Si no hay un fin específico para ese ahorro, se coloca en un plazo fijo para ganarle unos 22 puntos más. Pongamos un ejemplo: con 5.000 pesos se compran dólares autorizados por Afip a cotización oficial más el 20 por ciento, es decir, a 11 pesos a aproximadamente: unos 454 dólares billete. Esta semana se pudieron vender a razón de 14,70 pesos en el mercado paralelo, obteniéndose 6,674 pesos, y al colocarlos en un plazo fijo, en 90 días resultan en 7,052 pesos. Según esta simulación, el ahorrista está ganando con esta práctica un 40 por ciento. Es decir que le gana a la inflación y holgadamente a las nuevas tasas anunciadas esta semana para disuadir del dólar. Difícilmente la estrategia resulte y derivará en alguna nueva restricción a la compra de divisas, una injerencia impropia en el mercado que retrae las inversiones extranjeras en el país, que tanto se necesitan. Mejor dicho, que tanto necesita el Gobierno.
Volviendo al escenario regional, las tres naciones gobernadas por mujeres en el sur de América Latina tienen en estos momentos serios problemas, no sólo económicos sino de corrupción que las han afectado en su imagen y mucho.
Dilma Rouseff no puede salir de la maraña del petrolao, la enorme red de corrupción que incluye a empresarios y legisladores (mayoría oficialistas) en la empresa estatal más importante de Brasil, Petrobras. Y aunque ella ha reaccionado claramente alejando a todos los involucrados, el conflicto no termina. Esta circunstancia, unida a la devaluación y recesión que atraviesan, han llevado a enormes protestas, pedidos de renuncia en las cámaras legislativas, entre otras grandes presiones que viene sufriendo la sucesora de Lula.
El gigante sudamericano, como han llamado al país carioca, no levanta cabeza: la corrupción se amplifica, la economía no da señales de mejoramiento, la popularidad de la mandataria está por los suelos y cada vez más piden su destitución. La indignación popular es el reflejo de un país que ha dejado de crecer luego del espectacular boom económico que vivió en 2010, cuando todo eran aplausos y se lo consideraba como sólida potencia política y financiera. Ya lo hemos vivido los argentinos: los crecimientos extraordinarios, a tasas chinas, son un bleff, un globo de aire que tarde o temprano termina estallando. Si el crecimiento es genuino, no debiera ser exponencial sino gradual.
En Chile, el caso nueragate dañó la imagen de Bachelet. El hijo de la presidenta, Sebastián Dávalos, y su nuera, Natalia Compagnon, quedaron en el ojo de la tormenta por una operación de compraventa de terrenos que incluyó un préstamo de 10 millones de dólares que ayudó a gestionar Dávalos en 2013, cuando aún no tenía un cargo en el gobierno. Se habló de tráfico de influencias y una presidenta impoluta como ella quedó con la mancha.
A esto se suma que la realidad económica es bastante más dura de lo que el gobierno esperaba y los buenos vientos del primer trimestre ya cesaron. El déficit fiscal subió al 3 por ciento, un número muy diferente del 1,9 que esperaba La Moneda. El precio del cobre, combustible de un avance económico envidiado por otros países, se desploma. Y el cobre para Chile es como la soja para la Argentina, si el precio va en caída, el país resiente su economía. Además, la tasa de crecimiento estará lejos de la prevista para este año. La mandataria encabezó una reunión con 19 grandes empresarios chilenos durante una gira a Perú, para recomponer confianzas y puentes obstruidos. La recesión que se viene será como un duro invierno para los chilenos como ya se insinúa. Por otra parte, la producción industrial cayó en mayo un 4,3 por ciento, comparada con el mismo mes de 2014. Es la mayor reducción desde el devastador terremoto de febrero de 2010.
No están bien nuestros vecinos; nosotros tampoco. Hotesur, la empresa que dirige Máximo Kirchner y es de la familia, está envuelta en un escándalo de corrupción y lavado, que no podemos saber cómo terminará porque han alejado de la causa al magistrado Claudio Bonadio para colocar uno más afín, Daniel Rafecas, todo lo que redundó en que la sospecha social de corrupción se reforzara. Situaciones como la Ruta de la Efedrina (con sus muertes) vinculada a aportes a la campaña K de 2007, la valija de Antonini Wilson con mismo fin, los desfavorables acuerdos comerciales con Venezuela, la famosa escala de la presidenta en el paraíso fiscal de Seychelles, el deschave Fariña, Elaskar y compañía a Lázaro Báez, son todos casos que retumban en la sociedad. En otro momento fue Skanska, pero eran tiempos de bonanza económica y el argentino promedio vota con el bolsillo, haciendo la vista gorda a la corrupción. En cambio ahora, frente a una nueva instancia electoral, el escenario es otro. Todas estas fuertes sospechas de corrupción, nunca investigadas a fondo, se suman a un cuadro inflacionario complejo y la sensación de un fin de ciclo tras el cual habrá que pagar el populismo con el que Cristina Kirchner sostuvo su imagen, la cual -es justo decirlo, aunque difícil de entender- sigue siendo mejor que la que ahora tienen sus pares Rousseff y Bachelet.











