Publicidad
Pergamino
La Opinión Online
LO CampoLO Sports
BuscaLOLO365
Tendencias

La variante Omicron: un espejo que refleja la desigualdad

La variante Omicron del virus Sars-COV 2- causante de la Covid-19- desnuda algo más que la capacidad de este agente de mutar; exhibe ante el mundo uno de los costados más reales de la desigualdad en el acceso a los recursos para controlar la pandemia. Hace algunos días la directora...

09 de diciembre de 2021 a las 12:00 a. m.
La variante Omicron: un espejo que refleja la desigualdad

La variante Omicron del virus Sars-COV 2- causante de la Covid-19- desnuda algo más que la capacidad de este agente de mutar; exhibe ante el mundo uno de los costados más reales de la desigualdad en el acceso a los recursos para controlar la pandemia. Hace algunos días la directora de la Alianza Africana para la Entrega de Vacunas lo señaló con contundencia: "Esta variante es el resultado inevitable de acaparar las vacunas y dejar a Africa afuera de ese esquema". Sus consideraciones que tomaron relevancia pública fueron más allá cuando con una crudeza inusitada expresó: "Si la Covid-19 que apareció inicialmente en China hubiera irrumpido primero en Africa no quedan dudas de que el mundo nos había encerrado y nos hubiera tirado la llave muy lejos de la jaula".

Esta apreciación describe en toda su dimensión una realidad que habla de la inequidad y del desentendimiento global a problemas estructurales. Vale recordar lo que sucedió con los brotes de ébola en el continente africano para confirmar como buena parte del mundo observó con indiferencia esa realidad que resultaba tan alejada como ajena. La pandemia de coronavirus puso a todo el mundo en igualdad de condiciones en términos de riesgo sanitario, pero marcó profundas diferencias en relación a la posibilidad de acceso a las estrategias de mitigación de la emergencia.

Publicidad

Aunque es cierto que la lucha contra la pandemia generó experiencias de cooperación científica internacional sin precedentes en la búsqueda de construir conocimientos y hallar soluciones; también resaltó la mezquindad en la asignación de recursos y fueron muchos los Estados, sobre todo de los países más desarrollados, que ingresaron en la dinámica del "sálvese quien pueda", desconociendo que un problema mundial de tal magnitud requiere de la puesta en marcha de estrategias colectivas. Bajo el argumento de preservar la salud de su propia población, se inició una guerra frenética por los insumos sanitarios, los medicamentos, y las vacunas. Lo que ese mundo desarrollado pareció olvidar es que el virus Sars-COV 2 demostró ser lo suficientemente potente como para atravesar todas las fronteras, sin discriminar ni conocer de pasaportes, causando un daño que va mucho más allá de lo sanitario.

Las consecuencias de ese juego de poder, de esa manía del mundo de hacer geopolítica incluso con los virus, se están pagando en la actualidad. Y si no se cambia el modo de intervenir frente a este problema global, se seguirán pagando en el futuro. Porque ya lo han señalado los principales especialistas del mundo, el virus seguirá mutando y generando nuevas variantes en la medida que toda la población mundial no tenga acceso a la vacuna.

Publicidad

En este aspecto, la irrupción de Omicron en Sudáfrica- aunque el mundo debate si no existía ya en otros sitios antes de ser descubierta por las pruebas de secuenciación genómica- es apenas la punta de un isberg de lo que puede seguir sucediendo en otras geografías del mundo si distintas regiones del mundo siguen sumidas en la postergación y si no se toman medidas urgentes que tengan a la cooperación y a la solidaridad bien entendida como bandera y como instrumento. Algo que no parece estar sucediendo. Alcanza con mirar los indicadores sanitarios en relación a las vacunas para entender cómo se han establecido juegos de poder en diversas regiones del mundo: Europa está intentando vacunar al 80 por ciento de sus ciudadanos. Estados Unidos pretende vacunar a toda su población- lleva inmunizadas alrededor del 70 por ciento-y la vacunación en Africa alcanza apenas el 7 por ciento, habiendo países de ese continente donde los indicadores son todavía mucho menores a ese porcentaje. En América Latina hay lugares que tampoco han tenido un acceso equilibrado a las vacunas y en todas partes se ha notado el afán de "acaparar" bajo el argumento de la previsión. Si bien es cierto que a través del mecanismo Covax se han establecido alianzas de cooperación y se han hecho donaciones orientadas a achicar la brecha entre quienes han contado con las vacunas en tiempo y forma y quienes aún no han podido hacerlo, todos los esfuerzos resultan insuficientes en un contexto en el que el virus parece no dar tregua.

A partir de la detección de esta nueva variante del virus Sars-COV 2 y su rápida propagación y mientras se estudian sus implicancias y riesgos, lo que el mundo desarrollado ha hecho es volver a reforzar sus propias estrategias de vigilancia y en algunos casos imponer restricciones. La mirada se puso sobre Africa. Lo hizo ahora. El interrogante que surge es ¿Por qué? ¿Solo por una cuestión defensiva o con el propósito de por fin asumir una actitud compasiva que amplíe la mirada?

Publicidad

La variante Omicron viene a ratificar lo que desde hace tiempo vienen señalando los expertos de la Organización Mundial de la Salud y los principales especialistas del mundo en relación a la desigualdad en el proceso de vacunación global: "Cada día se ponen seis veces más dosis de refuerzo en los países ricos, que primeras dosis en los países de bajos ingresos". Quizás es momento de invertir la ecuación y sacar a muchas regiones del mundo del lado del "debe" para encarar un proyecto global que incluya a quienes, hasta el momento, la historia les ha dado la espalda.

WhatsAppXFacebook

Comentarios

🔓

Desbloqueá los comentarios

Hacete socio LO365 y sumate a la conversación.

Cargando comentarios...