Publicidad
Pergamino
La Opinión Online
LO CampoLO Sports
LO365
Opinión

La universidad, la escuela media, los éxitos y los fracasos

24 de mayo de 2016 a las 12:00 a. m.

La enorme marcha universitaria realizada días pasados por alumnos y docentes ha puesto sobre la mesa un tema mucho más profundo que los fondos de estudios superiores. Subyace como problemática descarnada que la universidad argentina ha ido perdiendo en estos últimos años aquel lugar de distinción que la puso al tope de la educación de América Latina. De allí que los extranjeros pudientes de países vecinos estudiaban en nuestras casas de estudios, muy superiores a las de sus países. Lo que aún sigue sucediendo aunque en menor escala y por una motivación más económica que académica.

La baja de nivel en la educación media, entre otros factores que vamos a analizar también, ha ido arrastrando a la universidad de manera evidente, a un plano de menor exigencia, alimentado por una sucesión de fracasos, entre jóvenes que llegan sin hábitos de estudio, con falta de conocimientos generales, con una muy dudosa comprensión de textos, escasez de lectura y mediana voluntad de esfuerzo. No es que sean menos inteligentes que antes, pero hablan mal, escriben peor e ignoran mucho de lo que universalmente se denomina cultura general (historia, geografía, ciencias exactas, etcétera).

Publicidad

Todo nuestro sistema educativo formal, que se inicia en el mismísimo jardín de infantes, ha bajado su nivel en los últimos 50 años, a merced de la política, de los gobiernos democráticos y de los dictatoriales: los gobiernos de facto porque no les interesaba básicamente la educación y los mandatos democráticos porque han errado el camino sistemáticamente respecto de las reformas que se necesitaban pero que fueron más allá de la lógica actualización de contenidos y metodologías. Todos pretendieron dar un salto cualitativo a costa de desterrar lo exitosamente convalidado para dar lugar a modelos importados, que sí funcionaron en otras sociedades pero que no necesariamente se correspondían con la nuestra, con nuestra idiosincrasia, ni compatibilizaban con lo mucho y bueno que se había hecho en nuestro país, todo lo que ubicó a Argentina en la cima de la educación latinoamericana.

Tanto radicales como peronistas han ensayado diversas reformas que no sólo fracasaron, sino que no apuntaban a un aspecto central: los contenidos asociados al esfuerzo. Paulatinamente, aunque no al ritmo deseable ni mucho menos en forma generalizada, se han ido adaptando los contenidos a las nuevas tecnologías pero no se ha logrado mantener la voluntad y el interés de los jóvenes, que se van alejando de lo que implica el esfuerzo en los términos que merece el obtener un título universitario, que es la cúspide de los estudios. En pocas palabras, se fue diluyendo la meritocracia del esfuerzo, la dedicación.

Publicidad

En este esquema la escuela primaria sigue cumpliendo su cometido de integrar, dotar de herramientas elementales y de contención, en muchos casos con alimentación incluida. La educación secundaria se ha transformado más en un espacio para que los adolescentes estén menos en la calle que en un puente que los acerque a la universidad. Es allí donde más se nota la falta de comprensión de textos, la falta de vocabulario y razonamiento. Sin estas cuestiones básicas incorporadas a fuego el estudiante no logra niveles de excelencia. El plano de la abstracción elevado es absolutamente necesario para encarar una carrera universitaria. 

Y es así como dos tercios de los que ingresan a la facultad fracasan y no logran obtener su título. Y el tercio que lo logra tampoco tiene el nivel de exigencia de, para poner una época, la primera mitad del Siglo XX. En estas estadísticas recrudece otra realidad subyacente: los porcentajes de fallidos los integran mayormente quienes provienen de la escuela pública. Claro que el esfuerzo hace la diferencia y las excepciones siempre son parte de la regla. Pero en general, quienes pudieron pagar una escuela secundaria privada llegan a la universidad intelectualmente mejor estimulados; han pasado por colegios bilingües, de doble escolaridad, exigencias importantes y constantes y mucho estímulo. Esto es justamente lo que la educación pública no puede permitir: que el desnivel con la escuela estatal haga que las oportunidades de tener un título universitario no sean las mismas entre ricos y pobres, por simplificar el planteo. Ni que compensar las falencias que se vienen arrastrando en esta instancia superior implique que una formación de cinco años de carrera se vaya a 10, lo que desvirtúa cada presupuesto que reciba la universidad.  

Publicidad

Arancelar la universidad en busca de calidad no fue ni es el camino, porque sería empeorar las cosas: los pobres se verían todavía más excluidos y detrás de ellos sus hijos y nietos. Es precisamente nuestra educación pública la que permite la movilidad social ascendente de la Argentina, aun cuando en estos años otros factores económicos no han logrado que esta movilidad sea tan importante como antes.

Pero ¿cómo enmendar los desaguisados de tantas políticas educativas aplicadas? Y, sobre todo, ¿cómo equiparar las condiciones de quienes llegan a la universidad desde la educación pública con quienes lo hacen desde la privada? Si se arancela la universidad los que menos tienen quedarán automáticamente fuera de la posibilidad de estudiar, pero si no se mejora el nivel educativo de los estamentos inferiores, también se le está privando de la posibilidad de seguir una carrera universitaria, ya no por no poder pagar la cuota, sino porque llega con un nivel de conocimientos que no alcanza para transitar los estudios superiores.

Publicidad

La Facultad de Medicina de la Universidad de La Plata con su examen de ingreso es un parámetro de esto que decimos: el lector recordará los escándalos que se generan cuando se dan a conocer los resultados: la mayoría no cuenta con el mínimo nivel y herramientas para poder cursar la carrera.

La solución, asumidas las fallas de primaria y secundaria pero trabajando en corregirlas, es darles a los jóvenes que llegan a la universidad lo que no traen. ¿La forma? El examen de ingreso, rendido en tantas veces como sea necesario hasta estar en condiciones de sentarse en un aula con iguales sin sentir desventaja y con las bases suficientes para seguir el ritmo al docente y a la carrera en general, para no estar ocupando el espacio por más años que los estipulados en el plan.

Publicidad

Un curso obligatorio de nivelación que atraviese a todas las universidades para que todos los alumnos cuenten con un mínimo de cultura general, una buena capacidad de comunicación oral y escrita, una aptitud para estudiar, comprender textos y que se haga carne en cada uno que los estudios universitarios exigen esfuerzos importantes.

Quienes han incorporado los saberes y estas herramientas a su tiempo, superarán esta instancia de una vez y empezarán su carrera. Otros, reforzarán lo que traen, es decir se preparan para el examen, y también lo lograrán a la primera. Y para los que no, se deberán arbitrar gratuitamente los talleres, tutorías y demás herramientas para pasar con éxito el examen de ingreso. De esta forma, todos los estudiantes de un aula de primer año de cualquier carrera emprenderán el camino en igualdad de condiciones. 

Los exámenes de ingreso no sirven por sí solos ya que expulsan alumnos antes de que ingresen, desnudando las falencias de la escuela media. Pero descorrer el telón es sencillamente reconocer el problema, no solucionarlo.

En las casas de altos estudios se amplían conocimientos sobre una materia específica, que es la de la carrera elegida. No es el ámbito para mejorar una cultura general que no se ha obtenido en estamentos anteriores.

Publicidad

En la medida que la escuela media mejore, los cursos de nivelación universitaria con examen de ingreso posterior, pueden ir desapareciendo. Pero en este momento resultan necesarios, casi diríamos imprescindibles. 

De este modo, cuando los jóvenes efectivamente ingresen a la facultad, habrán pasado el curso de nivelación con éxito y los fracasos en la carrera elegida serán menores. Porque llegado a este punto todo dependerá del esfuerzo y no de las faltas de herramientas para asumir una carrera de altos estudios.

WhatsAppXFacebook

Comentarios

🔓

Desbloqueá los comentarios

Hacete socio LO365 y sumate a la conversación.

Cargando comentarios...